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Nahem Reyes (venezolano, 1979). Doctor en Historia de la Universidad Católica Andrés Bello, Certificate of Strategy and Defense Policy of William J. Perry Center for Hemispheric Defense Studies of National Defense University (Washington, D.C.). Analista y Consultor político, especialista en Relaciones Internacionales y, actualmente es Miembro Asociado del Centro de Estudios de América de la Universidad Central de Venezuela.
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Nahem Reyes (venezolano, 1979). Doctor en Historia de la Universidad Católica Andrés Bello, Certificate of Strategy and Defense Policy of William J. Perry Center for Hemispheric Defense Studies of National Defense University (Washington, D.C.). Analista y Consultor político, especialista en Relaciones Internacionales y, actualmente es Miembro Asociado del Centro de Estudios de América de la Universidad Central de Venezuela.

Crisis en la Casa Rosada tras el hundimiento en las PASO

Las primarias legislativas que tuvieron lugar el pasado domingo en Argentina bajo la denominación «Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias» (PASO) terminaron convirtiéndose en un verdadero terremoto que sacudió la Casa Rosada, una verdadera crisis de gobierno luego que al menos cinco ministros fieles a Cristina Fernández de Kirchner presentaron sus renuncias al presidente Alberto Fernández. Lo indudable es que ya es evidente una fractura en la coalición de gobierno y esto podría abrir la puerta para una crisis institucional en el siempre agitado devenir político argentino.

La ruptura entre los Fernández tuvo lugar luego de la demoledora derrota la colación oficialista “Frente de Todos”, resultados que, sin duda, permitieron cuantificar de modo fehaciente el alto nivel de rechazo de la ciudadanía a la actual gestión de la dupla de los Fernández. Como vaticinamos la semana pasada, en la provincia de Buenos Aires la oposición nucleada en la fórmula “Juntos por El Cambio” se quedó con la victoria y en Buenos Aires Capital fue vapuleado el oficialismo con números más desfavorables de lo proyectado, donde Juntos Por El Cambio obtuvo 48,35%; Frente de Todos con 24,57% y Javier Milei con 13,64%, es decir, el macrismo casi alcanzó el 50% y el antioficialismo logró un histórico 61,99%, casi dos tercios, reduciendo al oficialismo kirchnerista a apenas un cuarto de preferencia del electorado.

Lo que resulta más risible fue el absurdo análisis del presidente Alberto Fernández tras conocer los resultados, quien sostuvo: «algo no habremos hecho bien». Pero peor aún la prensa internacional progresista como CNN, que en horas de la mañana del lunes trató de construir una narrativa en la que señalaba la mala gestión de la pandémica como causa principal de la derrota de la izquierda. Pero tanto Fernández como la CNN fracasaron con su burdo esfuerzo por tratar de faltar a la verdad.

La brutal derrota de la izquierda argentina no sólo se debe a la pésima gestión de la pandemia, con los absurdos e inútiles encierros y cuarentenas medievales, o a la tardía compra de vacunas junto a la lentísima distribución de éstas. Sino a lo que vino asociado a las severísimas medidas sanitarias, como las fiestas privadas en edificios del gobierno, los vacunatorios VIP, la quiebra de pequeños comercios, aunque todo ello sólo sea un tema complementario a la gran insatisfacción de la ciudadanía frente al gobierno de la dupla Fernández.

La fuente medular del gran malestar de la ciudadanía argentina estriba fundamentalmente en el rechazo al modelo socialista, modelo que a toda costa desde la Casa Rosada se han empeñado implementar en el país como parte de la agenda regional que posee el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla, carteles en los que hace vida muy activa el gobierno central argentino.

La izquierda trasnochada se empeña en imponer en Argentina el fracasado socialismo, un modelo económico marcado por el estatismo, y por la hipertrófica participación del Estado en la economía y en la vida en general del ciudadano, traducido en una enorme e ineficaz burocracia pública con costosos planes sociales que desestimulan el trabajo, pero que para la clase trabajadora y empresarial constituye un monumental peso expresado vía impuestos. La conjugación de todos esos factores dan como resultado de siempre: desacelerando la economía y crecimiento exponencial de la pobreza.

La respuesta del gobierno a los males que su propio gobierno ha engendrado fue aún peor: inflar irresponsablemente el gasto público y oxigenar artificialmente la economía vía emisión de dinero inorgánico. Ambas acciones disparan la inflación y a la vez devalúan la moneda frente al mercado cambiario internacional. En crudo, todo el modelo socialista ene veces fracasado por las mismas razones de siempre ha sido la política del gobierno de Fernández, generando dos productos fatales: incremento de la pobreza y dependencia del Estado.

A todo esto, la ciudadanía dijo no, los argentinos exigen LIBERTAD –así en mayúsculas- como lectura de este ejercicio electoral. Lo que vimos ahora es sólo la previa de lo que finalmente terminará ocurriendo en las elecciones legislativas definitivas en noviembre de este año, cuando el peronismo-kirchnerista pierda el control de ambas Cámaras, dado que de la veintena de provincias apenas ganaron en 6, las restantes (75%) quedarán en manos de sectores opositores.

La respuesta de Cristina Fernández de Kirchner no ha podido ser diferente a su habitual estilo hipócrita, en franco desprecio a la ciudadanía en lugar de avocarse a los grandes problemas de la gente como reactivar la economía y generar condiciones para que los argentinos por sus propios medios puedan llegar a fin de mes. Nada de ello ocurrió.

La líder izquierdista se enfrascó en su verdadero interés, el poder, por lo que ordenó a sus ministros salir del gabinete de gobierno. Me atrevo a señalar que la pérfida de Cristina Fernández al encontrarse con el enorme rechazo popular optará por la receta clásica: convulsionar el país. Estrategia siempre exitosa para la izquierda radical, tal como hicieron recientemente en Chile y Colombia. Porque de no hacerlo se confirmará este resultado en noviembre y la oposición ya con el control de ambas Cámaras en el Congreso se traducirá en la paralización de los inútiles o nocivos proyectos socialistas del Ejecutivo, lo que se traducirá en el fin de la hegemonía kirchnerista en la liza política argentina, esto es lo que a toda costa Cristina Fernández desea evitar, para lo que opta por patear la mesa. Infelizmente, el personalismo y la soberbia exacerbada copa las mentes de los políticos, del radicalismo a la violencia hay una brecha muy pequeña, por lo que me temo que a Argentina le vendrán en el corto plazo días muy convulsos.

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