Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.
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Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.

La evolución del mundo

Es muy común la reflexión sobre la Tierra como un todo, un organismo. Por lo que sabemos, se trata del único habitáculo de nuestra especie en este rincón de la galaxia. Resulta que, ahora, la Tierra se está calentando, lo que da lugar a no pocas lamentaciones del ecologismo, el gran grupo de presión. Aunque, la verdad, el calentamiento de nuestro planeta se viene detectando, como un proceso lento, desde hace algunos siglos. Si el proceso se acelerara, cabe la esperanza de que se pudieran disponer de grandes extensiones de tierras cultivables y habitables en Canadá y en Rusia.

Un asunto más controvertido es la evolución política del mundo, lo que ahora se llama globalismo. La definición más realista es esta: se trata del enriquecimiento desproporcionado de las grandes empresas mundiales, con cierta prescindencia del bienestar de las sociedades donde operan.

China ofrece una inmensa base fabril, con salarios bajos, para que la utilicen las grandes empresas norteamericanas. En un plazo corto, se irá sustituyendo la hegemonía económica de los Estados Unidos

La vieja etiqueta de “países en desarrollo” resulta bastante cínica. El hecho es que se amplía la brecha entre los países pobres y los ricos, por lo que respecta al bienestar de sus respectivas poblaciones. La actual pandemia del virus chino ha contribuido a ampliar, aún más, esas diferencias. Véase, por ejemplo, la producción y consumo de vacunas en los distintos espacios del mundo.

La idea de una fraternidad universal, a través de un idioma común, como el esperanto, sigue siendo una utopía. Se instala el inglés como lingua franca del mundo. Es el que estudian más personas, las que no lo tienen como idioma familiar. Por esa característica, le sigue el español. El cual aparece más unificado que el inglés y, además, se aprende mejor (solo cinco vocales). La ventaja del inglés es su facilidad para admitir toda suerte de neologismos. Pero, al igual de lo que ocurrió con el latín, ello llevará a que el inglés se disgregue en múltiples dialectos.

Durante la última generación, hemos asistido a un continuo declive, económico y cultural, del llamado Occidente (Europa y América, para simplificar). En cambio, se revitalizan Asia y Oceanía. Casi toda África vuelve a ser colonia de otra forma.

El hecho fundamental es que la hegemonía del mundo se muestra, hoy con la alianza de China (realmente, del Partido Comunista Chino) con el Establisment norteamericano

Oficialmente, continúa la hegemonía de los Estados Unidos de América, pero entra en competencia creciente con China. El nuevo fenómeno, en los Estados Unidos, afecta al llamado Establishment (universidades de prestigio, poderosas fundaciones y gigantescas empresas). Tradicionalmente, era afín al Partido Republicano. Ahora, se alía, decididamente, con el Partido Demócrata. Fruto de tal tremenda oscilación ha sido el sorprendente ascenso de Biden a la Casa Blanca. Lo más notable es que el Establisment se orienta, ahora, a una creciente vinculación política y comercial con China. Pasa por alto la abismal diferencia entre los valores democráticos de la sociedad norteamericana y los principios rectores de la dictadura china. Se trata de una sorprendente alteración del tablero político mundial. De momento, China ofrece una inmensa base fabril, con salarios bajos, para que la utilicen las grandes empresas norteamericanas. En un plazo corto, se irá sustituyendo la hegemonía económica de los Estados Unidos de América por China. Bien es verdad, que ese país es, más bien, un inmenso continente, con enormes diferencias internas, que nunca ha conocido la libertad. Así pues, es de esperar una gran revolución interna en China. Tal expectativa no pasa de ser una especulación, más o menos, informada; realmente un wishful thinking. El hecho fundamental es que la hegemonía del mundo se muestra, hoy con la alianza de China (realmente, del Partido Comunista Chino) con el Establisment norteamericano. Por esa razón, perdió Trump las últimas elecciones.

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