«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Itxu Díaz (La Coruña, 1981) es periodista y escritor. En España ha trabajado en prensa, radio y televisión. Inició su andadura periodística fundando la revista Popes80 y la agencia de noticias Dicax Press. Más tarde fue director adjunto de La Gaceta y director de The Objective y Neupic. En Estados Unidos es autor en la legendaria revista conservadora National Review, firma semalmente una columna satírica en The American Spectator, The Western Journal y en Diario Las Américas, y es colaborador habitual de The Daily Beast, The Washington Times, The Federalist, The Daily Caller, o The American Conservative. Licenciado en Sociología, ha sido también asesor del Ministro de Cultura Íñigo Méndez de Vigo, y ha publicado anteriormente nueve libros: desde obras de humor como Yo maté a un gurú de Internet o Aprende a cocinar lo suficientemente mal como para que otro lo haga por ti, hasta antologías de columnas como El siglo no ha empezado aún, la crónica de almas Dios siempre llama mil veces, o la historia sentimental del pop español Nos vimos en los bares. Todo iba bien, un ensayo sobre la tristeza, la nostalgia y la felicidad, es su nuevo libro.

La lectura equivocada

5 de noviembre de 2026

Los «analistas AliExpress» del sanchismo sociológico tienen un nuevo mensaje electoral: los resultados de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos significan que la derecha está en retroceso en Europa. Ni los propios americanos saben qué demonios significa el resultado de las «midterms», ni esta vez ni nunca, pero ya hay un tipo acodado en una barra de un club de alterne de la N-301 desentrañando en las redes los grandes secretos demoscópicos con ayuda de tres wiskis y un carnet de La PSOE. España en precampaña es un inmenso lienzo garabateado por el gran Mingote.

Incluso si la derrota republicana, fruto de su propio carajal en el partido, pudiera significar algo sobre el auge de la derecha en Europa, tal vez deberíamos recordar a los tertulianos ungidos por Redondo que aquí la izquierda sigue en el Gobierno, que es el que se somete a examen. Pero aún hay algo más importante: las razones por las que la izquierda está en caída libre en Francia, España o Alemania siguen exactamente igual de presentes que el martes antes de que se iniciara el proceso electoral en Estados Unidos. Que para estos parece que el revés republicano en Texas reparara por arte de magia vías de tren en Toledo.

Es decir, la inmigración ilegal, el problema de la vivienda, la siniestra cesta de la compra, la corrupción, la inseguridad en las calles, el desastre de las infraestructuras en España, el inmenso trasero del Gobierno, y las soberanías cercenadas por el globalismo, permanecen exactamente en el mismo sitio, igual que sus efectos en el estado de ánimo del votante europeo, por más que los votantes americanos hayan enloquecido de tal manera que prefieran respaldar a un radical islámico —valga la redundancia— que a un candidato republicano sólo porque han interiorizado el odio a Trump del universo mainstream. En el pecado, supongo, llevarán la penitencia, o como se diga eso de la expiación en el idioma de la religión de Abdul El-Sayed.

Es gracioso. De pronto, para la prensa progre, Estados Unidos ha dejado de ser un lugar apestoso, lleno de imperialistas fascistas y analfabetos, y vuelve a ser el faro de la democracia. Supongo que lo ven así para no tener decir que, con la inestimable ayuda del globalismo, se está convirtiendo en tierra fértil para las cosas que divierten a los Hermanos Musulmanes. 

Por supuesto, el resultado electoral de Estados Unidos es un problema para los conservadores… americanos. No se han cuestionado las ideas que llevaron a Trump al poder, en todo caso, buena parte de los votantes ha considerado que el plan de Gobierno no cumple con las expectativas creadas, especialmente en asuntos muy sensibles como la inflación o el precio de la gasolina. En todo caso, el desastre republicano no tiene tanto que ver con políticas concretas —guerra de Irán, al margen— sino con el modo en que el propio partido ha decidido suicidarse, alcanzado cotas asombrosas de división, delirio e incoherencia entre sus candidatos, y sin saber poner en evidencia el inmenso manicomio del que los demócratas parecen haber sacado a los suyos.

Los europeos siguen demandando soberanía nacional, freno inmediato a la inmigración ilegal, y que alguien le ate las manos a los dinosaurios de Bruselas para que dejen de hacernos pagar el dinero que no tenemos en el inmenso unicornio de salvar un planeta que no podemos salvar. Nada de eso se ha movido. 

El relato de los «analistas AliExpress» incidirá estos días en las bondades de la democracia, en la grandeza del pueblo americano, y proclamarán, un par de botellas de vino después, que Estados Unidos ha marcado el camino al frenar el fascismo, y esas gansadas que dicen, y aún no me explico bien cómo son capaces de decirlas sin descojonarse después. Pero lo cierto es que las cosas siguen donde estaban. Que Pedro Sánchez ya no tiene a Óscar Puente de parapeto y que es el único culpable del caos en las infraestructuras y las tragedias que provoca. Que la izquierda wokista es una locura en la que ya no cree ni la izquierda wokista. Y que la derecha tiene una oportunidad histórica en Europa para deshacerse de una vez de la costra progresista que ha arruinado nuestras naciones, que una vez fueron grandes, y también, como Estados Unidos, libres.

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