«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La Gaceta de la Iberosfera
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Iván Vélez (Cuenca, España, 1972). Arquitecto e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno. Autor, entre otros, de los libros: Sobre la Leyenda Negra, El mito de Cortés, La conquista de México, Nuestro hombre en la CIA y Torquemada. El gran inquisidor. Además de publicar artículos en la prensa española y en revistas especializadas, ha participado en congresos de Filosofía e Historia.
Iván Vélez (Cuenca, España, 1972). Arquitecto e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno. Autor, entre otros, de los libros: Sobre la Leyenda Negra, El mito de Cortés, La conquista de México, Nuestro hombre en la CIA y Torquemada. El gran inquisidor. Además de publicar artículos en la prensa española y en revistas especializadas, ha participado en congresos de Filosofía e Historia.

La manada de la Plaza de la Navarrería

17 de octubre de 2022

Con la bandera española anudada al cuello, Lázaro Luis Pons esquivó los puñetazos lanzados por los miembros de la manada abertzale o proetarra, valga la redundancia, que trató de despojarle de la enseña nacional después de cubrirle de salivazos y gritarle ¡Beltza!, es decir, «negro», mientras le exhortaban a que volviera a su país, al tiempo que trataban de impedir que las cámaras grabaran tan inaceptable como cobarde comportamiento. El gesto del español nacido en Cuba evocó por un momento la guardia baja de Cassius Clay, luego Muhammad Ali, cuyo juego de piernas sobre el ring recordaba al de otro púgil cubano naturalizado español: José Legrá.

El gesto del español nacido en Cuba evocó por un momento la guardia baja de Cassius Clay

Los hechos ocurrieron en la Plaza de la Navarrería, en cuyo centro se alza una fuente desde la que los guiris, a falta de balcones propicios para una de sus prácticas turísticas preferidas, practican el fuenting con desigual resultado en sus aterrizajes. Fue en tal espacio donde, el pasado 12 de octubre, fiesta nacional de España y de la Hispanidad que, en su día, también durante la mitificada II República española, la de la ley de vagos y maleantes, se llamó «de la Raza», en relación no al color más o menos beltza de los hispanos, sino a un particular carácter o, por mejor decir, cultura, se produjo un incidente que sirve para recordar los motivos más profundos que mueven a una serie colectivos de facciosos consentidos como los que, durante los últimos sanfermines, trataron de sabotear la procesión en honor al santo patrón de Navarra.

Lo que desató la furia de la manada navarra fue la presencia de la bandera española

La presencia de un negro con una bandera cubana al cuello hubiera suscitado, a buen seguro, la simpatía de la referida manada. Fieles a su habitual simplicidad, los abertzales hubieran visto en el cubano a un símbolo de la opresión genocida de una España que se empeña en conmemorar algo por lo que muchos de sus hijos sienten vergüenza hasta el punto de afirmar que no hay nada que celebrar. Quizá alguno más concienciado hubiera evocado los días en los que, en medio de un laberinto de escisiones, los ideólogos etarras se debatían entre la conservación de las esencias aranianas y la actualización marxista surgida en los días en los que se desató la crisis de los misiles que tuvo lugar en la sovietizada Cuba.

Navarra es un terreno abonado para EHBildu, formación que amenaza la hegemonía de sus viejos padres

Todo parece, no obstante, indicar, que lo que desató la furia de la manada navarra fue la presencia de la bandera española. Las décadas de propaganda hispanófoba han dado sus frutos. Hoy, Navarra es un terreno abonado para EHBildu, formación que amenaza la hegemonía de sus viejos padres, los bizkaitarras que siguen homenajeando al racista Sabino Arana que perfeccionó su odio a España en aquella Cataluña en la que, hasta hace dos décadas, se exhibía el cuerpo momificado de así llamado «Negro de Bañolas». Durante su académicamente poco provechosa estancia en Barcelona, Arana se imbuyó de las tesis racialistas y se reafirmó en su fobia a su nación hasta el punto de dejar escritas estas palabras, llenas de resentimiento y victimismo, plenamente asumidas por los cachorros de la Plaza de la Navarrería: Nosotros odiamos a España con nuestra alma, mientras tenga oprimida a nuestra Patria con las cadenas de la esclavitud.

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