«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
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Abogado franco-argentino, director del Instituto Superior de Sociología, Economía y Política (ISSEP) en Madrid
Abogado franco-argentino, director del Instituto Superior de Sociología, Economía y Política (ISSEP) en Madrid

La Nación contra Milei y Abascal

17 de mayo de 2024

A Javier Milei no parece conmoverle la regla diplomática que recomienda a un presidente no meterse en asuntos interno de otro país, dijo el diario argentino La Nación en uno de sus artículos.

A La Nación no parece importarle que un ministro español injurie al presidente de la Argentina diciendo que consume «algún tipo de sustancias». Excusa a Oscar Puente, el ministro en cuestión, agregando que lo ha dicho «en tono jocoso» lo cual es una mentira, como puede comprobarlo cualquiera viendo el video del ministro.

Es interesante el artículo de La Nación. Plantea una realidad maniquea a la que se somete gran parte del periodismo. Como los westerns espagueti de Sergio Leone. Existen los «buenos» y los «malos». 

En el caso presente, los «buenos» son Pedro Sánchez y su (des)gobierno. En su concepción del mundo, poco le importa al periodista de La Nación que Sánchez haya empobrecido a España, —la deuda pública se disparó bajo sus gobiernos alcanzando al cierre de 2023 una cantidad equivalente al 107,7% del PIB nacional—, ni que la política «migratoria humanista» practicada haya conducido a aumentar de 82,1% la llegada de inmigrantes ilegales, poniendo en riesgo, como indica Javier Milei, la integridad física de las mujeres españolas. Ni que su ley de Garantía de la Libertad sexual (ley del «sólo sí es sí») haya beneficiado a numerosos depredadores sexuales que quedaron en libertad. Ni que Sánchez tenga récord de asesores de Presidencia, ni que se haya multiplicado el gasto público de 35.000 millones de euros al ritmo del aumento de ministerios. Ni tampoco que Sánchez haya financiado con miles de millones de euros, del erario público, la implementación de la Agenda 2030 ni que el número de pobres haya también aumentado al 9% en 2023.

Poco le importa también que Sánchez, por su afán de quedarse en el poder, haya atentado contra la unidad de España pactando con partidos separatistas de terroristas que tienen sangre en sus manos. O que el movimiento terrorista Hamas le agradezca públicamente su «postura clara y audaz».

Sánchez es de los «buenos». Sin importar lo que haga, ni hacia donde lleve a España en su galope progresista, siempre estará, para el diario La Nación, en el bando del «bien» porque ha rendido pleitesía a la Agenda 2030, al Grupo de Puebla y al socialismo universal.

Enfrente de Sánchez están los «malos», los ultras, los extremos, como Javier Milei y Santiago Abascal. Frente a la Agenda globalista 2030, levantan las banderas de la Agenda España y de la Agenda Argentina. Dicen verdades tan simples como que sus naciones son libres y sobernas y que no deben ser sometidas a ningún poder otro que él de sus habitantes y a ninguna otra agenda que no sea la agenda de la tradición de sus costumbres.

Son ultras por defender, sin importarles el precio que por ello deban pagar, la libertad de cada vida. Son atacados por preferir la iniciativa privada al poder arrasador del Estado centralizador. Por decir verdades tan evidentes como: la vida debe ser defendida; el Estado debe achicarse; la corrupción, en especial la de los secuaces del Grupo de Puebla, debe ser combatida; la propiedad privada debe ser protegida; el orden debe ser restablecido.

No es extremo afirmar que la invasión migratoria ilegal pone en peligro el equilibrio nacional. No es egoísta ocuparse primero de los suyos antes de querer ayudar a los demás. No es de fachos que un presidente diga he venido para servir y no para ser servido. Al contrario. Todo lo que el diario La Nación le atribuye de ultra a Javier Milei y a Santiago Abascal son, ni más ni menos, las virtudes que otrora hicieron grande a Occidente y llevaron la cultura europea y cristiana hasta los confines del mundo.

Es importante remarcar que el evento de VOX al que asistirá este fin de semana Javier Milei en Madrid se llama VIVA. Viva, como la generación de europeos que no quiere morir asfixiada por el socialismo de Sánchez. Viva como la libertad que no conoce otro límite que la libertad ajena. Viva como una fuerza vital que no busca someter, si no expandirse. Que no busca contraer, si no multiplicarse. Viva como vivos están los hombres de buena voluntad que eligen la vida y no la muerte. El nacido y no el aborto. El respeto de la vida de los ancianos y no su suicidio asistido y la libertad de emprender y no el dirigismo del Estado.

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