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Madrileña, licenciada en Derecho por la UCM. Colabora en Ataraxia Magazine, El Toro TV y en la Fundación Denaes. Española por la gracia de Dios.
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Madrileña, licenciada en Derecho por la UCM. Colabora en Ataraxia Magazine, El Toro TV y en la Fundación Denaes. Española por la gracia de Dios.

Esta semana, el grupo JxCAT ha presentado en el Senado una iniciativa para que las lenguas cooficiales sean de uso común en todas las sesiones de la Cámara Alta y no sólo en los debates de moción en el pleno. Ni que decir tiene que todos los partidos nacionalistas lo han apoyado como un solo hombre -y mujer- con el concurso del Partido Socialista. Faltaría más.

Nada nuevo. El separatismo lleva años dando la brasa con esta, en principio y por ser amables, farragosa pretensión. Lo importante no es tanto usar las lenguas cooficiales sino evitar a toda costa que se hable el idioma común, el español. Abierta la vía en el Senado, ahora quieren llevarlo al Congreso, donde les apoyan Unidas Podemos y donde el PSOE está en un sí es no es pelando la pava. O sea, que sí. ¿Acaso hay dudas de que Sánchez le va a negar algo a sus socios? ¡Que hay aprobar los presupuestos de este estado plurinacional y nación de naciones!

El gran Vizcaíno Casas -que hoy estaría censurado, por supuesto- jamás creyó que “Las autonosuyas” se harían realidad y que se quedó corto incluso. Nos falta el farfullo. La imagen que proponen los consentidos de Sánchez es de traca: todos los diputados del Congreso con pinganillo para entenderse unos a otros cuando comparten el idioma que habla medio mundo. 

Quieren las criaturas incorporar en el día a día del Congreso -como si no fuera ya lo bastante rocambolesco- el gallego, que está mutando a portugués para hacerlo un poco más difícil de entender -que me digan los que han veraneado en Galicia durante años si han escuchado a alguien del común emplear la palabra ‘obrigado’-; el catalán, que engulle al valenciano, al mallorquín, al ibicenco y al menorquín por mor del pancatalanismo que viene a ser una especie de imperialismo de la butifarra, y el euskera. 

El euskera. Leo que el PNV no tiene propuesta en este sentido. Qué cosa más extraña. Lo mismo es porque algunos de sus diputados necesitarían pinganillo para entender a sus compañeros de grupo porque ni lo entienden ni lo hablan. ¡Qué bajón! ¡Qué caída de imagen! Los diputados de BILDU sí lo hablan porque han tenido otro tipo de adiestramiento ‘más amplio’.

Vox, PP y Cs se han opuesto y aunque no son suficientes votos contra toda la morralla parlamentaria que allí habita

Pues bien, como aquí el que no corre, vuela, la senadora de Adelante Andalucía ha reivindicado -no seré yo quién lo critique, que todos tenemos derecho a hacer el ridículo al menos una vez al día- el uso del andaluz. Perdón, del «andalûh». Además de su encendida reivindicación en el Senado, lo remató con un tuit que reproduzco, pero que me es imposible traducir por razones obvias:

Creía que ya se había agotado el presupuesto para tanto tonto, pero cuidado que todavía quedan los del bable, el panocho, el castúo y la fabla aragonesa en cada una de sus vertientes: occidental, oriental o central. Me disculpo de antemano si no he nombrado algún otro idioma del estadoespañol. No me parece justo que los catalanes hablen por los codos y los murcianos no puedan expresarse en el Parlamento en todo su ser.

El secesionismo quiere que se visualice un Congreso antiespañol; pretende transmitir la idea de que España es una invención

Por fortuna, Vox, PP y Cs se han opuesto y aunque no son suficientes votos contra toda la morralla parlamentaria que allí habita, indica que algo de cerebro queda. Sin embargo, he de reconocer que me ha causado cierta perturbación -más, si cabe- que Edmundo Bal haya aludido al excesivo coste económico de la estupidez -lo de la estupidez es cosa mía-. ¡No, don Edmundo, no! La razón para no aprobar semejante memez no es que sea cara o barata. Vaya usted al motivo por el cual quieren aprobar semejante esperpento, analícelo y haga usted pedagogía, que ahora está muy de moda. Aunque fuera gratis, hay cosas inaceptables. 

El secesionismo quiere que se visualice un Congreso antiespañol; pretende transmitir la idea de que España es una invención, que en sus respectivas regiones el único idioma propio es el gallego, el catalán o el euskera -de fabricación reciente- y que el español fue una imposición de Franco, no el idioma que hemos construido entre todos durante siglos, con sus diferentes y maravillosos matices y acentos.

No se trata de una astracanada de tantas. La utilización torticera de las lenguas cooficiales es un medio de extraordinaria eficacia para dividir y excluir. Al nacionalismo no le importa nada la pluralidad ni la libertad. Es más, las detesta y las combate. Su único interés es lograr la perfecta uniformidad en su región y para ello necesita desterrar el español por todos los medios. Su máxima aspiración es construir una España de Babel donde reine la confusión y el desorden y lleve, por tanto, a su separación.

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