'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Escritora y artista hispano-francesa. Nacida en La Habana, Cuba, 1959. Caballero de las Artes y Letras en Francia, Medalla Vérmeil de la Ciudad de París. Fundadora de ZoePost.com y de Fundación Libertad de Prensa. Fundadora y Voz Delegada del MRLM. Ha recibido numerosos reconocimientos literarios y por su defensa de los Derechos Humanos.

Ver la biografía

Escritora y artista hispano-francesa. Nacida en La Habana, Cuba, 1959. Caballero de las Artes y Letras en Francia, Medalla Vérmeil de la Ciudad de París. Fundadora de ZoePost.com y de Fundación Libertad de Prensa. Fundadora y Voz Delegada del MRLM. Ha recibido numerosos reconocimientos literarios y por su defensa de los Derechos Humanos.

La traición americana

22 de mayo de 2022

Pudiera comentarles de las diversas traiciones a las que durante más de 63 años la isla de Cuba ha sido sometida. Podría escribirles con número de detalles acerca de la traición europea, la española —si la hubo, en la actualidad sí la hay—, la francesa, en fin, la del mundo en general, porque Cuba ha sido la nación más traicionada desde hace más de un siglo. Sin embargo, hoy les hablaré de la traición americana.

Cuando me refiero a la “traición americana”, no sólo lo hago a la de Estados Unidos, aunque sería la principal, sino también a la traición de cada uno de los países del Caribe y Sudamérica, sin excepción, que contemplaron la destrucción de Cuba sin hacer más que, en el fondo y en la superficie, alegrarse. ¿Por qué se alegraban? Las razones son  varias por distintas y siniestras.

Pero, aunque tocaré algunas de esas razones en este artículo, me referiré en particular a la constante traición norteamericana contra el pueblo de Cuba y su existencia como nación consolidada en la opción republicana.

Nadie se asombre si les afirmo que el régimen de Fidel Castro constituyó también una muy bien pensada jugarreta de Estados Unidos

De modo que a todos convenía la destrucción de la Perla de las Antillas, a unos por ser demasiado ‘perla’, y —¡oh pecado, inclusive hasta ‘llave del Golfo’!—, a otros por situarse precisa y geográficamente en Las Antillas ganándole en concurrencia a las otras islas antillanas y territorios caribeños cuyo mercado turístico se veía afectado dado el interés que despertaba la belleza, y exuberante abundancia, que se notaba en Cuba ya en 1957 cuando pasó a ser el tercer país más desarrollado económicamente de toda Sudamérica, después de Argentina y Venezuela. 

Sí, la envidia, mutada en odio, ha tenido mucho que ver en la desgracia de Cuba.

Desde 1929, durante el período que se ha llamado el machadato, por ser el presidente Gerardo Machado quien gobernaba en la mayor de Las Antillas, Estados Unidos, sintiéndose en gran medida dueño desde el Tratado de París en 1901, que puso a Cuba en las manos de ese país luego de haber sido provincia española de ultramar, decidió que, mediante maniobras diplomáticas, y embajador de intermediario con todo el poder de decisión en su puño, reemplazaría al presidente en funciones en el archipiélago cubano por cualquier otro que se le antojara al Gobierno estadounidense. 

Y, siento decirles que así ha sido hasta entonces. Cada uno de los gobiernos republicanos en mi país debieron contar con la anuencia y aprobación norteamericana. Nadie se asombre si les afirmo que el régimen de Fidel Castro constituyó también una muy bien pensada, aunque mal hallada y maligna jugarreta de Estados Unidos contra los cubanos, traicionándolos una vez más. Pueden verificar esta información en el libro ‘El cuarto piso’ de Earl E. T. Smith, que recomiendo mucho para entender la verdadera desgracia de Cuba.

La auténtica desgracia de Cuba, paradójicamente, fue y es la de hallarse situada a escasas 90 millas de Estados Unidos. Entonces Cuba se había convertido en una amenaza para el turismo norteamericano. Lo vio Meyer Lansky —el agente financiero de la mafia americana— cuando decidió hacer de Cuba unas Vegas con mayor encanto que Las Vegas originaria. Cuba iba a convertirse en la joya de América y del mundo, había que impedirlo como fuera. Por supuesto, lo hicieron sin temblarles el pulso.

Estados Unidos no desea la libertad de Cuba, porque ha querido siempre impedir la prosperidad de la isla.

Lo hicieron entonces, y lo siguen haciendo ahora, como podrán haber visto en esta última traición que se ha venido ultimando contra Cuba desde el Gobierno de Barack Obama y que ha continuado con Joe Biden. Levantar las sanciones impuestas por el presidente Donald Trump resulta otra fechoría del Gobierno demócrata, premiando de tal modo al régimen castrocomunista, que clama por seguir penetrando a Estados Unidos de manera ideológica y económica, inoculando ideología y extrayendo, vampirizándole sus riquezas. Lo que llevaron a cabo cuando la Unión Soviética nos invadió por treinta años y nos alimentaba con sus fermentadas sobras; invasión que ocurrió realmente y contra la que el mundo jamás se dignó a protestar, mientras protestaba contra una supuesta invasión bárbara norteamericana que les susurraba Fidel Castro en sus orejitas, la que jamás ocurrió de manera física y directa, y que a estas alturas no sé, si como en el poema de Cavafis, los “bárbaros” habrían sido “la solución”, siendo ellos mismos y en nuestro caso, el origen y la causa del problema denominado Castro I y Castro II.

Joe Biden vuelve a traicionar a los cubanos como mismo hizo Barack Obama, y toda la lista de presidentes norteamericanos desde 1929 hasta la fecha; desde luego, invariablemente recordaremos las más sonadas: la de JFK cuando abandonó a los gloriosos expedicionarios de la Brigada 2506 en Bahía de Cochinos que fueron a dar sus vidas para liberarnos del comunismo, y la que empezó en el 2007 con Obama, Hillary Clinton como manipuladora, y recién Joe Biden, el monigote de esa Administración que sería en verdad el tercer mandato de Obama en contra del pueblo cubano, y lo que es peor, en contra del pueblo norteamericano. Estados Unidos no desea la libertad de Cuba, porque ha querido siempre impedir la prosperidad de la isla. Entre cumbres, reguetones, y varietés ineficaces de todo tipo, Cuba se hunde más en la miseria, y se extravía en el dolor de las torturas dentro de las cárceles castristas. “Nos ha tocado bailar con la más fea”, que diría el refrán; aunque la culpa la tendrán, cómo no y como es habitual, Cristóbal Colón y España.

Noticias relacionadas

.
Fondo newsletter