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La Gaceta de la Iberosfera
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Ilicitana. Columnista en La gaceta de la Iberosfera y El País de Uruguay. Reseñas y entrevistas en Libro sobre libro. Artículos en La Iberia. Autora del libro 'Whiskas, Satisfyer y Lexatin' de Ediciones Monóculo.
Ilicitana. Columnista en La gaceta de la Iberosfera y El País de Uruguay. Reseñas y entrevistas en Libro sobre libro. Artículos en La Iberia. Autora del libro 'Whiskas, Satisfyer y Lexatin' de Ediciones Monóculo.

La UE, Hardy y un par de jeans

18 de junio de 2024

Se ha ido Françoise Hardy y no hay boomer que no le haya dedicado una columna recordando los guateques donde sonaba el Tous les garçons et les filles. Yo lo entiendo porque a nosotras se nos murió Albert Delègue a mediados de los noventa. Su foto no solía faltar en las carpetas de las adolescentes de hace casi treinta años. No era cantante, ni falta que le hizo, sino modelo en una época donde los tatuajes y la fuckin hipertrofia no eran habituales. Delègue fue un exquisito símbolo sexual para esa generación a la que Levi’s vendió pantalones con música de las Ronettes. ¡Cuántos discos del trío femenino y cuántos vaqueros no se comprarían gracias al anuncio para el que se eligió el Be my baby como banda sonora! Las imágenes eran puro imperial way of life prewoke: cuerpos hipernormativos, exuberancia caucásica y libertad con su muchito de testosterona y su poquito de ley de la jungla. El tema: un éxito de 1963, al igual que Tous les garçons et les filles.

Con la francesa muere otro embajador cultural de la grandeur; irónicamente, en el momento que Europa tiende hacía un soberanismo más o menos discreto. Por suerte, todavía nos quedan Alain Delon y Brigitte Bardot (initials B.B.) que, de haber votado el 9 de junio, lo habrán hecho de cualquier manera. No como nuestra derecha culta, liberal, institucional, antinacionalista y abierta —de piernas— a la que la Comisión ha conminado a esperar. Úrsula tiene que renovar su mandato y ya si eso, después, hablaremos de la amnistía —¡Viva Europa!—. El problema es que Sánchez participa de la elección de von der Leyen y no es plan de ponerse a malas con el chouchou ibéricoPobrecitoEl sóviet supremo de Estrasburgo mantiene una relación epistolar con el Gobierno de España y ya ha manifestado estar muy concerned con el contenido de la ley que anula la responsabilidad jurídica de Puigdemont y los demás. 

La Comisión, según nos cuenta el abecé: «Continúa siguiendo muy de cerca la evolución de la situación», está «analizando la ley en términos de relevancia para el Derecho de la UE» y «continuará siguiendo estos desarrollos también en el contexto de la preparación del informe sobre el Estado de Derecho». Utilizando las lenguas de la Unión, esto hiede a puro bullshit, foutaise scheisse, para consumo del europeísmo beato en el que están, por ejemplo, nuestros intelectuales orgánicos.

No es descartable ver algún tipo de aspaviento europeo respecto de la Amnistía. Cualquier reacción, por mínima que sea, será vendida como una respuesta firme de la UE frente al sanchismo. Sin embargo, la cosa jamás irá muy lejos. El verdadero puteo de nuestros mandarines está reservado para aquellos que todavía se resisten, por poco que sea, a la doxa mundialista, nunca para el gobierno de un alumno aventajado como Sánchez.

Dejando a un lado la excepción ibérica, las opciones discretamente soberanistas —neogaullistas en el caso de Francia— han experimentado en la pasadas elecciones un auge que está lejos de ser puntual. Es cierto que, superficialmente, nada va a cambiar mucho. Marine Le Pen tiene por delante la ardua tarea de salir de la ratonera en la que le ha atrapado el movimiento de disolución de la Asamblea de Macron, quien pretende arrastrar al RN en su deriva y quemar así a la formación derechista, según él mismo ha confesado a von der Leyen. En efecto, si los resultados de las legislativas llevaran a Jordan Bardella (RN) a Matignon, éste heredaría un escenario de caos social importante y desde Bruselas enseñarían los dientes con respecto del control de la deuda, olvidando la manga ancha que han tenido con Macron.

El anuncio noventero de vaqueros aseguraba que éstos diferenciaban a los hombres de los chicos; Françoise Hardy, que cantó aquello de Si me voy antes que tú, acabó abogando por la ley de la eutanasia, y, la Unión Europea, «no era esto, no era esto». Todo son melancolías.

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