'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Licenciado en Derecho, pronto decidió que los bufetes, las leyes y los pleitos no eran lo suyo y se entregó de lleno al periodismo. Trabajó durante 15 años en el diario Expansión. Fue uno de los fundadores del periódico de información católica Alba, del que fue director adjunto. Después fue responsable de Lanacion.es y de ahí pasó a ser el redactor jefe de Internacional y más tarde de Civilización de LA GACETA. Actualmente es jefe de edición y cierre de fin de semana en la misma publicación.

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Licenciado en Derecho, pronto decidió que los bufetes, las leyes y los pleitos no eran lo suyo y se entregó de lleno al periodismo. Trabajó durante 15 años en el diario Expansión. Fue uno de los fundadores del periódico de información católica Alba, del que fue director adjunto. Después fue responsable de Lanacion.es y de ahí pasó a ser el redactor jefe de Internacional y más tarde de Civilización de LA GACETA. Actualmente es jefe de edición y cierre de fin de semana en la misma publicación.

Las consecuencias para el dólar

21 de marzo de 2022

Como alternativa a la Tercera Guerra Mundial parece que aplicar sanciones económicas sin precedentes a Rusia es una buena idea, y eso es exactamente lo que Occidente está haciendo bajo la égida de Estados Unidos. Pero en la aldea global, donde todo está conectado, castigar a tu enemigo suele ser hacerte daño a ti mismo y, sobre todo, poner en peligro precisamente lo que es verdadera base de poder de Washington, su irresistible ‘soft power’: la estructura comercial mundial. Es lo que se llama «ley de consecuencias no deseadas».

Aislar a Rusia indudablemente la debilita, pero, al mismo tiempo, la pone fuera de nuestra zona de influencia, y las consecuencias a medio y largo plazo podrían ser fatales para el dólar

Aislar a Rusia indudablemente la debilita, pero, al mismo tiempo, la pone fuera de nuestra zona de influencia, y las consecuencias a medio y largo plazo podrían ser fatales para el dólar como moneda de referencia internacional, e incluso para el proyecto globalista en su conjunto.

Lo resumía el estratega de Credit Suisse Zoltan Pozsar, que ha trabajado en la Reserva Federal de Nueva York, en el Fondo Monetario Internacional y en el Departamento del Tesoro norteamericano: «Si crees que Occidente puede imponer sanciones que maximicen el perjuicio para Rusia minimizando al mismo tiempo el riesgo de inestabilidad financiera y de precios para Occidente, entonces es bastante probable que creas también en unicornios».

Botones de muestra no han faltado en los últimos días. Ya sabíamos de antes que la Unión Económica de Eurasia (EAEU) y China están comenzando a diseñar un nuevo sistema monetario y financiero que eluda el dólar, supervisado por Sergei Glazyev y pensado para sustituir al sistema mundial pergeñado en la conferencia de Bretton Woods a finales de la Segunda Guerra Mundial.

Es como si Estados Unidos hubiera podido caer en una trampa, porque al aislar a Rusia está en realidad renunciando a su formidable influencia

Pero, además, Arabia Saudí, aliado fiel de Estados Unidos para todo lo demás, ha cerrado con China una compraventa gigantesca de petróleo sobre la base del ‘petroyuan’, que podría ser el precedente para cada vez más acuerdos comerciales que ignoren la condición del dólares como divisa de referencia. Las exportaciones de petróleo de Riyadh ascienden a aproximadamente 170.000 millones de dólares al año. China compra el 17 por ciento, en comparación con el 21 por ciento de Japón, el 15 por ciento de EEUU., el 12 por ciento de India y aproximadamente el 10 por ciento de la UE.

Además, India, tercer mayor importador de petróleo del mundo, está a punto de firmar un megacontrato de compra de petróleo a Rusia con un gran descuento y utilizando un mecanismo rublo-rupia. En definitiva, Estados Unidos y sus más estrechos aliados (Japón, Corea del Sur, la Unión Europea) seguirán sirviéndose de los petrodólares. Pero India, como China, quizá no. Occidente, es lo que vamos a aprender por las malas y muy deprisa, ha dejado de ser “el mundo”.

En definitiva, es como si Estados Unidos hubiera podido caer en una trampa, porque al aislar a Rusia está en realidad renunciando a su formidable influencia, no solo sobre ella, sino sobre una porción enorme y creciente del planeta. Por ejemplo: McDonald’s sale de Rusia. Pero la cadena norteamericana no puede sacar del país sus locales, su personal ruso ni su forma de hacer hamburguesas, así que el resultado probable es que le sustituya inmediatamente una o varias cadenas rusas dedicadas exactamente a lo mismo y con idénticos recursos, solo que no dependientes de capital extranjeros, el sueño de un aislacionista ruso como Putin.

O Netflix. Deja de servir en Rusia, pero eso significa también dejar de influir sobre la mentalidad de los rusos. Las series y películas de la plataforma americana se pueden reemplazar, siquiera torpemente, por un equivalente ruso. ¿Resultado? Es poco probable que los nuevos productos transmitan los mismos valores que la empresa americana. Aunque suene frívolo, en realidad eso significa que Estados Unidos y, por extensión, Occidente, renuncian a un arma poderosísima de su arsenal de ‘soft power’.

Al final, es remotamente posible que las sanciones arruinen Rusia y, de alguna forma aún difícil de precisar, precipiten su derrota en Ucrania. Pero el panorama después de la batalla podría no tener nada de triunfal. Muchos países han tomado nota de lo fácil que es ‘desconectar’ a un país revoltoso del sistema, y la reacción puede no ser aprender a ser dóciles, sino estudiar fórmulas para salir de un sistema que pende sobre sus economías como una implacable espada de Damocles. La consecuencia de un efecto dominó de este tipo para Estados Unidos podría ser desastrosa.

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