«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Nació en Madrid en 1975. Es Doctor en Periodismo por la Universidad San Pablo CEU. Ha dedicado casi toda su vida profesional a la radio. Ha publicado los libros "España no se vota" y "Defender la Verdad", "Sin miedo a nada ni a nadie" y "Autopsia al periodismo".

León XIV: su primer año

10 de mayo de 2026

Ser Papa (permítanme que lo siga escribiendo con mayúscula) probablemente nunca haya sido fácil. El primero de todos, Pedro, además del celebérrimo «Tu es Petrus, et super hanc petram aedificabo ecclesiam meam«, también escuchó, en boca de Nuestro Señor, nada menos que aquel «¡Apártate de mí, Satanás!», que no es poca cosa viniendo de Dios. La máxima autoridad de la Iglesia Católica tiene siempre necesariamente algo de martirial, porque también Cristo sufrió el martirio del calvario y de la muerte más atroz que existe. Ningún Papa, pues, se ha sentado en la silla de Pedro sin antes asumir que su cruz particular tiene, en cierto modo, el peso de todos los pecados del mundo.

Robert Prevost, que recibió el nombre de León XIV en el cónclave donde fue elegido Sumo Pontífice, acaba de cumplir un año al frente de la Iglesia. Su pontificado se caracteriza por su personalidad, que es bonancible y acogedora, discreta, siempre dispuesta al encuentro con los más alejados de la Fe, pero a la vez lo bastante firme en asuntos morales como para tranquilizar a la mayoría. Como ocurrió con sus predecesores, las primeras palabras que pronunció desde el balcón de la Logia Central de la Basílica de San Pedro, minutos después de su elección, ya anticiparon tanto su estilo personal como las líneas generales que iban a definir su mandato. Esa tarde supimos que el decimocuarto León es un devoto apasionado de la Virgen María, lo que es también una prueba inequívoca de que hay un anhelo de santidad en su corazón.

Decía que ser Papa nunca ha sido fácil, y la enloquecida situación que vive hoy la Humanidad nos obliga a rezar por sus intenciones a diario. El mundo mira de reojo a un barco que, si antaño no hubiera representado amenaza alguna, hoy podría ser el origen de una nueva pandemia global. Las guerras, que jamás pensamos que pudieran seguir existiendo en el siglo XXI, se multiplican y alargan como nunca, convirtiendo el planeta en un polvorín. Las nuevas tecnologías vinculadas a internet, si bien suponen una cierta forma de progreso, también desnaturalizan las relaciones humanas y abren nuevos conflictos morales de muy difícil resolución. En este contexto, la Iglesia Católica también vive su propio vía crucis por distintas razones, que sería prolijo desarrollar.

Acierta Prevost en algo que, no tengo duda, supondrá un importante punto de inflexión en su pontificado: la decisión de visitar España, durante varios días, en el mes de junio. España no es «cualquier país» para la Iglesia Católica. Hay razones de sobra para sostener la afirmación de que Europa jamás hubiese podido tener su raíz cristiana de no haber sido por la participación española, tanto en la labor de evangelización como en su lucha trascendental contra el islam, derrotado providencialmente en Covadonga, en Lepanto o en las Navas de Tolosa. Para alguien, además, nacido en Perú, la visita a España tiene un profundo significado misionero que, con toda seguridad, ha tenido un peso destacado en su decisión de estar en esta «tierra de María«.

De todos los asuntos que probablemente preocupen a León XIV, el conflicto con la iglesia alemana (históricamente levantisca, y desde hace unos años, en abierta actitud de provocación hacia Roma) puede ser el que más esfuerzos le cueste solucionar. Sobre la mesa hay asuntos tan comprometidos como la bendición de parejas homosexuales, la aceptación del diaconado femenino o la modernización de la liturgia, peticiones todas con las que los obispos alemanes buscan la definitiva «protestantización» de la Iglesia Católica. Es bueno recordar aquí que, en muchas parroquias alemanas, ya son simples feligreses pertenecientes a las parroquias quienes deciden el contenido de las homilías dominicales, sin que los sacerdotes puedan intervenir en su contenido. 

Es verdad que la barca de Pedro ha pasado por muchos momentos dramáticos a lo largo de los siglos. Y que grandes filósofos, pensadores y gobernantes dieron por muerta y enterrada la Iglesia Católica, sin que nada parecido a eso haya ocurrido. Sin duda, es el mismo Cristo quien sostiene su Cuerpo Místico, como Él mismo prometió (Mateo 28, 20). Al Papa León le quedan, si la salud se lo permite, bastantes años aún para manejar el timón, ojalá que con el carisma  y la inteligencia de Juan Pablo II, la envergadura moral y espiritual de Benedicto XVI, y la cercanía y sencillez de Francisco. Rezamos por ello.

Fondo newsletter