'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

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El letargo de la avestruz

20 de julio de 2016

Se dice que la avestruz es un animal que ante el peligro esconde su cabeza en un agujero, afirmación que nunca me he tomado el trabajo de averiguar si es cierta o no, pero como imagen de esquivar aquello que nos resulta difícil o arriesgado abordar, es perfectamente válida.

En el caso de los dirigentes de Europa, no solo esconden la cabeza como el avestruz del cuento,  sino que siguen inmersos en un sueño beatífico de lo que consideran correcto y aceptable, resistiéndose a admitir, ni siquiera a considerar, aquellas realidades que les resultan incómodas o que no coinciden con su visión  ideal del mundo. ¿Es por idealismo o solo un aspecto más de la falta de voluntad y energía para enfrentarse con los problemas reales? ¿Acaso un reconocimiento vergonzante de que nuestra sociedad actual europea sería incapaz de enfrentarse a dichos problemas y por ello es preciso ignorarlos a ver si por un milagro desaparecen…? 

Hay muchos temas que requerirían una atención, un estudio y unas acciones determinadas, que aunque incómodas y duras, sería necesario plantear y ponerse manos a la obra, pero no me voy aquí a alargar con todos, solamente apuntaré unos hechos, algunos muy recientes, relacionados, en que sería urgente plantearse un cambio de rumbo y unas acciones muy serias si es que queremos buscar una solución que nos evite males mucho mayores.

El reciente “golpe de estado” en Turquía , si es que fue tal, y no una maniobra de una facción fundamentalista para arroparse del poder necesario para derrumbar la actual constitución turca, su carácter laico, la libertad y tolerancia vigentes, hasta este momento al menos, y revertir el proceso que en su día comenzó Mustafá Kemal “Ataturk” para modernizar Turquía, habría que ponerlo en su contexto histórico geográfico, demográfico y las consecuencias que a largo plazo pudiera tener tal maniobra respecto a Europa.  

Nadie puede negar que Turquía, de un tiempo a esta parte, ha ido perdiendo muchas de sus características distintivas de estado moderno, frente al resto de países musulmanes,  a medida que el partido Islámico AKP se ha ido instalando en el poder apoderándose de las instituciones. Tal deriva se puede explicar en gran medida porque se ha ido imponiendo el criterio democrático occidental a ese país, coincidiendo con la gran emigración del campo, del interior, donde se encuentra la población más retrógrada y religiosa de la península anatólica,  y las clases rectores de las capitales y las zonas costeras, más avanzadas en todos los sentidos, han ido perdiendo poder y preponderancia en las instituciones del estado.

Frente a esta resurrección islámica, el gran baluarte defensivo siempre ha sido el ejército, heredero del legado de Mustafá Kemal, al menos  ha sido así ha sido hasta hace poco, el que estos hipotéticos golpistas tengan su inspiración, como dice el presidente Erdogan, en las enseñanzas y doctrinas de un clérigo musulmán, su oponente político, pero colega en el celo religioso, es lo que me resulta sorprendente, pues contra quien parece que de verdad se está preparando una purga, al más tradicional estilo de asesinatos en cadena en el serrallo, es contra los que teóricamente representan los sectores más ilustrados y avanzados ideológica y socialmente de la moderna sociedad turca.

¿No será esta la disculpa para barrer los obstáculos institucionales más serios que tendría el propio Erdogan para instalarse en el poder en forma de dictadura islámica?  Si esto fuera así, y es muy probable que por uno u otro motivo esa sea la conclusión a la que vaya a llegarse, sea quien sea el responsable, Europa debe replantearse, pero muy en serio,  toda su estrategia geopolítica en el Este.

Una Turquía revivida en forma de califato es una amenaza mucha más seria que el DAESH o cualquier califato de opereta que monten tres fanáticos en mitad de Irak o Siria, Turquía es una gran potencia regional, solo equilibrada, histórica y militarmente,  en la zona por Irán, desde tiempos inmemoriales, y desde luego esa realidad, haría saltar por los aires todo el equilibrio artificial que hemos montado los europeos en Oriente Medio tras la primera guerra mundial  a raíz del tratado de Skyes-Picot.

Quizá conviniera volver a congraciarse con Rusia, cuyos intereses coinciden con los nuestros bastante más que con los de una Turquía islamizada y que tradicionalmente, y que han contrapesado a Turquía en ese área ejerciendo de tapón frente al avance turco estepario, aunque sea a costa de llegar a algún acuerdo en el tema de Ucrania que satisfaga a todas las partes.

Por otro lado quizá conviniera también, visto la abrumadora presencia de musulmanes en Europa y de activistas islámicos entre ellos, replantearse igualmente las condiciones que a la población musulmana en Europa deben exigírsele para que su presencia no lleve a una confrontación directa con las poblaciones europeas, y a aquellos que no acepten las leyes ni las costumbres europeas y sigan manteniendo su fidelidad a la ley islámica la sharia (contraria a todos los ordenamientos jurídicos occidentales) se les invite amablemente  a abandonar el territorio europeo.

Suena anacrónico, terrible y desagradable intelectualmente, para cualquier persona civilizada de Europa en el siglo XXI el tener que volver a un planteamiento, guardando las distancias, como el que se vivió en el siglo XVI-XVII. Pero como no somos los únicos actores de esta tragedia humana, los demás también nos pueden marcar las reglas del juego, aunque estas nos obliguen a quebrantar algunos de nuestros principios e ideales y enfrentarnos a problemas y actitudes que creíamos superadas hace mucho tiempo.

Lo que nadie puede negar, salvo que lleve su “optimismo antropológico” a extremos demenciales, es que desde hace unos años estamos asistiendo a un resurgir y a una ofensiva del mundo musulmán frente a Occidente y que o se toman medidas muy serias o estamos condenados  a sufrir un acoso cada vez más intenso.

 

Espero que lo de Turquía tenga una evolución constitucionalmente favorable, y el partido islámico no la convierta en un segundo Irán, no hay que olvidar que es de credo suní, lo que les hace más peligrosos que los shíes persas, de lo contrario, a medio plazo, tendremos un problema que hará palidecer a los que hemos tenido hasta este momento. 

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