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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

#LiberenaLedezma

23 de febrero de 2015

 

Teresa Rodríguez, eurodiputada de Podemos y candidata a las próximas elecciones andaluzas, se ha negado en televisión, en uno de esos programas que sirven de propaganda al populismo, a condenar el secuestro del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, uno de los líderes de la oposición democrática. Ledezma, acusado por Maduro de haber formado parte de una conspiración, se encontraba trabajando en su despacho cuando entraron en su sede violentamente decenas de miembros del SEBIN, la policía política del régimen criminal de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello cuya sede, en donde se encuentran retenidos en huelga de hambre y grave estado de saludo varios estudiantes, se conoce como “La Tumba”. De ahí a Ramo Verde, la prisión militar en que se encuentran también retenidos el alcalde Ceballos y el opositor Leopoldo López a quien aconsejaban acallar desde la Fundación CESP, la de Pablo Iglesias, en 2010, poco más de 24 horas. Delante de la cárcel, las mujeres de blanco, que son las esposas de los presos políticos, encabezadas por Lilian Tintori. Ellas son ya el símbolo de la esperanza. De la esperanza de la libertad, tan secuestrada como Ledezma en nuestro país hermano.  

“No somos cubanos”, proclamaban lustros atrás los buenistas venezolanos, de COPEI a Acción Democrática, las dos grandes formaciones políticas del país, pasando por los creadores de opinión y los llamados intelectuales. El giro hacia la socialdemocracia fue incrementándose al mismo tiempo que la corrupción de las oligarquías. “No somos cubanos”. Y, sin embargo, la situación de su país hoy no es mejor que la de la isla caribeña, 50 años de sufrimiento. El Podemos venezolano, es decir, Hugo Chávez,  ascendía al poder gracias al voto de las clases medias y altas, entérate Carmen Lomana, y la complicidad de los medios de comunicación, cuyos propietarios hoy, se encuentran mayoritariamente en el exilio.  Infinita su responsabilidad por las muertes, las torturas, el hambre, la destrucción.

“No somos venezolanos”, te recriminan aquí los buenistas cuando denuncias la satrapía de allá.  Creen que exageras. No son pocos los políticos que tratan a los Monedero, Iglesias, Alegre, Bescansa y Errejón como si de uno más de ellos se tratase.  No, no son lo mismo. Numerosos periodistas se licúan ante “la nueva política”, que es el totalitarismo de siempre.

Efectivamente, los españoles no somos cubanos. Tampoco venezolanos. Somos españoles.  Con nuestra propia historia, problemas y manera de ser. Pero la naturaleza humana es la misma en todas partes y el camino que estamos siguiendo, de desafección hacia la clase política y ascenso de populismos, la sentimentalización de la política y la sustitución de la misma por el marketing, se parecen demasiado al seguido Venezuela. Más aún estamos a tiempo. Podemos pararlos.

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