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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

MacrON et NapoleON

30 de junio de 2017

Además de la superlativa terminación en on, hay muchas cosas que une a los dos líderes. Ambos han llegado muy jóvenes, treintañeros, al poder, procedentes de clases acomodadas aunque provincianas,  dejando de ser unos perfectos desconocidos, prácticamente de la noche al día. Ambos son bajitos para la media de su época, lo que quizás les causa un cierto complejo que les obliga a mostrarse grandes e inteligentes. Macron ya lo lleva en su nombre, tan parecido al de unos grandísimos almacenes y a tantos cómicos prefijos. Sobre su nombre, tan magno, podrían hacerse muchos chistes por los parecidos que encuentra en lengua francesa, similares a los que en su día se hacían sobre el “parvenu” Napoleone, pero no es lugar aquí de hacerlo. 

Ambos son gélidos, distantes y desdeñosos con el pueblo, ambos son mundialistas: el General por su vocación conquistadora y de expansión del ideario revolucionario; el Presidente por su vinculación con el gran apóstol de la globalización, el  economista Jacques Attali con el que redactó en 2008 un informe sobre crecimiento económico. Aunque de esto no se habla, las directrices y el primer espaldarazo lo recibieron de fuerzas poco conocidas pero muy organizadas que en el caso de Napoleón deseaban que difundiese las ideas de la revolución y aniquilara el Antiguo Régimen. En el caso del Emperador les salió excesivamente ambicioso y respondón ya que se encaminó a revivir un redivivo Imperio Romano que para los que querían cambiar todo, era anatema. Macron debe buscar la globalización rampante, la robotización, la sumisión a la Merkel y la apertura inmigracionista.

Y,  sobre todo, cherchez la femme, ambos han sido guiados en sus inicios por una mujer mayor que ellos, ya divorciada, y con mucha experiencia de la vida, que les hace un poco de madre y les ha abierto sin duda muchas puertas en los sinuosos corredores de la política. Es sabido que el pequeño gran corso también tenía preferencia por mujeres de mayor edad, pues llegó a proponer matrimonio a una viuda del doble de su edad. Al final, para parecer más francés, se casó con Josefina quien también le sirvió para relacionarse muy bien y conectar con la francmasonería

Hay que reconocer que todavía la equiparación es muy superficial. Hasta ahora Macron no ha hecho nada genial para destacar, ni tampoco ninguna monstruosidad, claro, y, aunque lleva ganadas todas sus batallas, éstas no han durado ni medio año. Esperemos que para triunfar no cause todas las guerras y millonarias matanzas que el llamado «Ogro de Ajaccio». 

Pero sí que tiene algo del aire distante y regio, megalómano y ambicioso que llevó a Napoleone di Buonaparte (que poco tenia de bueno) a coronarse emperador y también, por cierto, a De Gaulle a erguirse como una especie de rey republicano. Como esos célebres predecesores a los que aspira a emular, ya se siente un hombre providencial para la Patria que, además, porta el nombre bíblico, divino y salvífico  de «Emanuel». Otro indicio de su gran ego es que bautizó su movimiento político, “En Marche!” con sus propias iniciales EM.

Nunca antes en la historia de la Republique más vieja y prestigiosa de Europa nadie, excepto Napoleón, había llegado tan joven a tanto poder. Y Macron lo quiere afianzar y conservar tanto, si puede, como le duró al Grand Empereur. ¿Siendo tan joven por qué no habría de llegar a aquella marca de 15 años? Pero hasta ahora, repito, no ha hecho nada de especial, no ha revolucionado genialmente la estrategia militar, ni siquiera aportado, aparte «talante», ni una sola idea política original. Todo su bagaje europeísta, centrista y reformador de la tocada moral republicana se lo ha aportado su bon ami Bayrou quien cuando estaba cuarto en los sondeos, en lugar de presentarse como otras veces e impedir así pasar a Macron que hubiera competido por el mismo electorado, decidió apoyarle y con los refuerzos le ayudó a pasar a segunda vuelta y ganar en fin

Por eso se ha ido deshaciendo de todos sus rivales. Primero, quienes le apoyaron le libraron mediática y judicialmente de Fillon, quien iba claramente a ganar las elecciones, después del grave peligro planteado por Le Pen y ahora no ha pestañeado en “aceptar la dimisión” de su aliado y padrino Bayrou, so capa de una denuncia baladí que ni siquiera le afectaba personalmente, pero que le ha obligado a dimitir por cuestión de coherencia. Asunto más nimio incluso que el de Fillon. Ambos, curiosamente católicos practicantes a diferencia de Monsieur le Président. 

Las razones de estas purgas son muy complejas. Hay luchas cainitas e intestinas, otras causadas por el pretender que todo vale en política: al denunciarse a Le Pen por la misma falta de emplear asistentes de europarlamentarios para su partido y levantarle la inmunidad parlamentaria para hundir su campaña, el problema ha acabado por salpicar a los demás y una eurodiputada del Frente Nacional ha denunciado a 20 colegas por hacer lo mismo, entre ellos los 3 del partido de Bayrou… Y una última razón puede ser, aunque todos lo nieguen, que EM no desea que nadie experimentado pueda hacerle sombra, máxime porque el ex Ministro de Justicia y aún alcalde de Pau (tuvo la intuición prudente de mantenerse en el cargo) estaba elaborando y presentó  este mismo mes al público y al Consejo de Ministros, la primera ley del quinquenito,  la más importante del momento y quizás de toda la legislatura, la de moralización de la vida pública , que con el bello nombre de «loi pour la confiance dans notre vie démocratique«,  podría haberle dado inmenso prestigio y ahora no sabemos en qué quedará . En todo caso, un político con gran prestigio de honestidad como el bearnés ha quedado tocado del ala y ha caído en barrena ante la opinión. Difícilmente podrá recuperarse salvo que la justicia le exonere por completo o se hunda Macron.

También habrá que contar con el deseo macroniano de que nadie pudiese controlarle desde dentro, pues el Presidente está muy sobrado y ya ha creado hace solo dos meses un partido que, en un inaudito tiempo récord , tiene la mayoría absoluta en la Cámara. Y de paso ha fagocitado a amplios sectores de los socialistas reducidos a valor testimonial y de los republicanos de derechas y lleva de la nariz a los ingenuos centristas del MoDem que aún creen que todo esto ha sido un error o un accidente y que van a poder remontar. EM no necesita coaliciones , necesita fragmentos para modelar una nueva realidad a su imagen y ajena a todo tipo de ideología sólida de las que guiaban los espíritus de los hombres del siglo XX. Ahora ya solo quedan pequeñas causas ad hoc que cambian líquidamente.

Las campañas de marketing pro macronistas son descaradas aun antes de que se presentará e, incluso aquí, ya muy  difundidas revistas como XL Semanal, hace cosa de un año que sacaban artículos muy laudatorios sobre su gestión como ministro de Economía, francamente magra, y sobre su relación conyugal, trocada de edipica y escandalosa en simpática y romántica. Esas campañas continuarán mientras M. Macron siga siendo útil.

Nadie podrá hacerle sombra. O , mejor dicho, casi nadie, porque los mismos que le pusieron para frenar al católico Fillon o a la nacionalista Le Pen, en aras del mundialismo, del liberalismo más descarado, del laicismo y del inmigracionismo, si se sale del guion marcado, le pueden fácilmente quitar. 

Sin embargo, hay algo aún más importante que puede aguarle la carrera, salvo que sea un genio que pueda engañar siempre a todo el mundo: los que le han puesto desean que siga frenando a Le Pen, neutralice la identidad nacional tradicional francesa y siga auspiciado la llegada masiva de inmigrantes y refugiados, a la vez que desmantela el estado de bienestar francés que hoy ya resulta insostenible. Y que haga desaparecer el papel preponderante cuantitativa y cualitativamente de sus compañeros funcionarios galos. Y eso no se puede. Ahora está muy de moda y todo el mundo quiere seguirle pero si se sale del plan será flor de un día y, si lo ejecuta fielmente, causará tanto descontento, que, una vez amortizado, durará poco y se retirará a una Elba dorada con su belle dame.

Por ello, y contra todos los pronósticos cortoplacistas y, pese a que sin duda, tendrá muchos momentos de gloria en el Paris Match, me atrevo a pronosticarle una vida política democrática corta que durará tan solo hasta que cumpla su «función liquidatoria”. Salvo que advenga una gran catástrofe que le haga aparecer como «salvador», claro. 

O esa carrera meteórica, o desaira a sus antiguos jefes los Rothschild. Y eso, además de que no se puede, es imposible. 

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