Hace un par de años una orden religiosa decidió encargar la dirección de uno de sus colegios en Cataluña a alguien que pusiera el Evangelio en el centro, cosa por otra parte esperable de cualquier colegio católico que se precie. Es algo desgraciadamente novedoso, pues la mayoría de órdenes religiosas parecen conformarse con mantener sus colegios en funcionamiento sin más, desvinculados de cualquier arraigo con sus principios fundacionales.
Y, aunque no sea la única razón, ello explicaría en parte la drástica disminución de vocaciones y por qué tantos alumnos de esos colegios parecen salidos de un colegio fundado por los Hermanos Menores de la Orden del Yoga Astral.
Los cambios son lentos, a veces imperceptibles, más aún cuando el colegio, en teoría católico, lleva décadas funcionando como si fuera pagano. Pero esos pequeños cambios que han redundado en un bien evidente para los alumnos, han incomodado a algunas familias que, hasta la fecha, estaban tranquilas porque el colegio católico al que llevaban sus hijos de católico no tenía nada, a veces ni el nombre y, molestas por los escasos cambios que empezaron a darse con la nueva dirección, se pusieron en pie de guerra, como si el colegio fuera de su propiedad, y no de la orden religiosa que ostenta la titularidad.
Así que empezaron a atrincherarse, a poner las cosas difíciles, a generar mal ambiente (incluso utilizando a los niños) sin preguntarse siquiera si esos cambios eran un bien para sus hijos, llegando a denunciar al colegio. Los argumentos para atacar a la nueva dirección han sido rocambolescos, las declaraciones en medios, vergonzosas, y el papel de la mayoría de medios, el esperable.
Pero después de un largo proceso judicial han ganado los buenos y, puesto que el bien es difusivo, estos han decidido donar el dinero de la indemnización al Cottolengo. Los malos, sin quererlo y muy a su pesar, han colaborado con el bien. Gracias a ellos, otra orden religiosa podrá seguir cuidando a Cristo en el hermano enfermo y desvalido. Y la orden del colegio podrá seguir cuidando a Cristo en los alumnos que podrán responder a las preguntas importantes que hay que hacerse en esta vida y que tienen consecuencias eternas. Misión, por otra parte, obligada de todo colegio digno de dicho nombre.