«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Nació en Madrid en 1975. Es Doctor en Periodismo por la Universidad San Pablo CEU. Ha dedicado casi toda su vida profesional a la radio. Ha publicado los libros "España no se vota" y "Defender la Verdad", "Sin miedo a nada ni a nadie" y "Autopsia al periodismo".

Mari Carmen como excusa

27 de septiembre de 2026

Pocas cosas son tan características en la izquierda política, ya sea la nuestra o la de fuera, como el deseo irrefrenable de practicar la violencia para alterar la celebración de elecciones. Lo podemos simplificar más diciendo «el deseo irrefrenable de liquidar la democracia», ya sea con pucherazos infames (apartado en el que tiene una dilatadísima experiencia), ya sea a mamporro limpio contra aquellos a los que considera enemigos, y no simples rivales políticos. Para una mente izquierdista, toda persona que no es comparte su ideología criminal es un enemigo al que conviene primero señalar, luego rodear y al final, si fuera posible, quitar de la circulación. Ya me entienden ustedes.

Según se acercan los periodos electorales, y ahora parece que se van acercando tanto en las autonomías como a nivel nacional, la izquierda política (en obvia colaboración con la mediática) empieza a elegir los asuntos donde ve que se puede polarizar y tensionar hasta el punto de lograr la movilización de sus lobotomizados seguidores. Una vez elegido el gancho (percha informativa, la llamamos los periodistas), ponen a disposición de los pequeños líderes rojelios todas las televisiones, radios y panfletos impresos para dar la mayor sensación posible de poderío: se trata de acojonar. Con o sin razón, porque nunca le ha importado mucho la razón a la izquierda, sino la conquista del poder «al asalto», que diría aquel. El problema consiste precisamente en acojonarse en vez de plantar cara, que es lo que se debe hacer. 

Mari Carmen, la señora de 87 años que ha sido supuestamente desahuciada en Madrid, ha sido el último casus belli proletario que la izquierda, con su demostrable facilidad para mezclar churras con merinas, ha usado para poder echarse masivamente a las calles para vociferar contra «la derecha», ese ente opaco que no hay forma de concretar lo que es. La derecha, como las meigas, «haberla, hayla«, pero no sabemos muy bien dónde. El caso es que la izquierda necesita siempre una excusa, algo que la levante del sofá donde suele pasar la mayor parte de su tiempo. Y el caso de Mari Carmen es, qué duda cabe, lo suficientemente manipulable y lacrimógeno como para que Ana Belén, con su poema de Alberti en la mano, y Carlos Bardem, con su cara de obrero de la noche, pudieran conducir a los rebaños hacia la Castellana.

La prole podemoide acampó delante del ático de Ayuso, que es ya el símbolo de la ostentación derechista frente a la precarización del pueblo, y allí el mayor de los hermanos Bardem agarró un micrófono y mirando fijamente a los ojos a la mujer que acababa de ser echada de su casa, le dijo tras un breve suspiro: «Paquita, ¡no estás sola!» Parece que Mari Carmen llegó a mirar a su lado, buscando a esa tal Paquita, hasta que comprendió que el orador se refería a ella, y se había equivocado de nombre. Porque, realmente, ni a los Bardem, ni a Ana Belén, ni a ningún mandarín socialista les importan en absoluto ni Mari Carmen, ni ninguna otra persona que lo pase mal. Simplemente, los utilizan, que es lo que siempre ha hecho el socialismo con las personas. Los seres humanos son simples excusas al servicio de la ideología. De la peor ideología posible, la más criminal y la que más ha matado.

No es necesario incidir, porque ya decimos que en este asunto lo de menos son las razones, que si Mari Carmen ha salido de la casa donde llevaba viviendo siete décadas no ha sido precisamente por ser pobre. Tampoco por culpa de «la derecha» (suponiendo que exista), como ella misma reconoció en una entrevista al ser preguntada sobre quién es el mayor culpable de su situación: «Pedro Sánchez», contestó sin dudar. Así de tozuda es la realidad: Mari Carmen ha estado viviendo por un módico precio en un céntrico pisazo de Madrid gracias a los planes de vivienda de Franco (aquel ogro con cuernos y rabo), y ha sido desahuciada por culpa de las leyes del muy demócrata y obrero Pedro Sánchez, como la propia afectada reconoce. Ninguna realidad, sin embargo, es suficiente para detener la espiral de demagogia izquierdista.

Quedan todavía unos meses para la siguiente ronda de elecciones en España, y lo mejor es que se vayan preparando para ver sus calles y plazas llenas de perroflautas, parados de corta y de larga duración, pensionistas con mucho tiempo libre y, en fin, desencantados de la vida que siguen creyendo que la falacia socialista va a ayudarles en algo. Llevan dos siglos engañando a la gente y no parece que la fórmula pueda dejar de funcionarles. La verdad no importa; la realidad, tampoco. Con la imagen de una persona vulnerable, un poco de dramatización y algunos presentadores de TV lacayos, el éxito de la manipulación está prácticamente asegurado. Sólo así se entienden tantos años en el poder sin hacer absolutamente nada a favor de los españoles.

Fondo newsletter