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Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Mechas californianas

1 de diciembre de 2023

Los presidentes autonómicos están a todo: a lo local, lo regional, lo nacional y lo internacional. En el caso del Madrid Federal, en lugar de hablar de Algete y Torrelodones, que se supone sería lo suyo, Ayuso habla de cualquier cosa que pase en el mundo. Ayer le tocaba presentar la navidad. Adiós Mariah Carey, tu tiempo pasó.

Cualquier tema es bueno para ella.  Igual arregla Oriente Medio que habla de la civilización occidental. Menos de Parla, de cualquier cosa.

Salió Ayuso vestida con un jersey como de renos y dio un discurso completamente enloquecedor. Alguien debería pedir a Ayuso y a sus speechwriters, estimados amigos, que por favor, por caridad, respeten algunos temas. Por lo menos la navidad.

El discurso fue la habitual baticao postaznarista con toppings de populismo y cristianismo y mezcló al Niño Dios con, cómo no, la libertad y Occidente. Habló de Herodes y estuvo a nada de llamarle «socio de Sánchez». Ayuso patina por el hielo de sus discursos, se desliza por ellos convirtiendo todos los signos de puntuación, la coma, el punto, el punto y coma, los dos puntos, el punto y seguido y el punto final en lo mismo, en algo único: la pausa ayusa. Una parada castiza, un stop personalísimo que aplica a todo. Va hablando y de repente ¡pausa ayusa! y las frases se le quedan misteriosas.

Ayer le dio por «el niño Dios» y por hablar de «nuestras raíces cristianas». Esto ya es un clásico. Siempre son las raíces. Solo tenemos las raíces. Las raíces son cristianas y las puntas… ¿mahometanas? Son las mechas californianas de lo civilizacional.

Así que Ayuso mezcló al niño Dios con el terrorismo y por supuesto con la libertad. «El hombre es libre». Libre de tomar cañitas, libre de pagar impuestos, libre de pedir una de chopitos a 25 euros, libre de que le multe el delegado del gobierno, libre de… dijo que libre hasta para decirle no a Dios, que eso debe de ser el non serviam de Savater.

Cuando estas Navidades veamos el Belén debemos tener claro que el niño Jesús es la clave de nuestra «democracia liberal» y de nuestro «Estado de Derecho» que no puede con Bolaños pero «nace de Grecia y Roma y la cultura judeocristiana». Porque «en cada niño Jesús recordamos el origen de Occidente». Quizás por eso nos pide que «volvamos a ser niños». ¡Niños antiterroristas, demoliberales, occidentales, anticomunistas, cristianos-de-raíz y estadoderechiles!

La misma Ayuso que parecía una pastorcilla de Belén, horas más tarde atacaba a «los socios de los socios» de Sánchez por una cosa de Putin y el LTGBI.

Ayuso es del niño Jesús por la mañana y LGTBI por la tarde, pero así son las mechas californianas: las raíces empiezan cristianas y las puntas acaban LGTBI… Habla de judeocristianismo pero yo creo que es chelicristianismo para incautos.

El PP de Ayuso es LGTBI y GLJC (grecolatinojudeocristiano).

Sánchez dio hace unos días un discurso atroz dibujando dos bloques mundiales y españoles, y Ayuso responde con lo mismo pero al revés: él es Darth Vader, ella la Princesa Leia; ella está con el Niño Jesús y él con Herodes. Aunque luego, en el aborto no estén tan lejos. Uno ofrece melón con jamón y la otra jamón con melón, cuestión de énfasis. Son dos discursos grotescos que envuelven algo muy parecido. Ayuso, en cierto modo, le valida la cosmovisión. La teatralización de ese antagonismo, y no digamos su impostado estiramiento transcendente (el Diosito de Sol, ¡la cristopuntita nada más!), forma parte de la gran engañifa que vivimos.

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