«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Montoya frente al lache

4 de marzo de 2025

Cuando Montoya, gran sensación de la televisión, comienza a hablar, la ira o la pena de llevar los cuernos se le convierten en velocidad, como los trabalenguas de Lola Flores.

Su duelo con Manué fue el duelo invertido de la guasa contra la gracia:

–Yo soy de Cádi, tú no

–Y yo soy de Utrera, cuna del toro bravo

El pique nació así. Un duelo de gracejos en el que se tuvo que meter Anita.

Manué no es cualquier cosa (Manué podría ganar también el Premio Andalusí de Moreno Bonilla) y al impávido Eros, que tiene las cejas de Fu Manchú, le espetó: «Tú cállate, Bruce Lee, que tienes más cuernos que la peña Los Cazadores».

«Montoya solo pasa una vez en la vida», dijo de sí mismo el susodicho, mientras que a Manué el amor «le dura menos que el cercanías de Utrera a Cantalgallo». Comparaciones ferroviarias y automovilísticas: «Anita está cambiando un Ferrari por un Twingo».

La justa creció hasta llegar a las pullas imperdonables:

–Eres cornudo desde el primer día

–Pues tú tienes una gambita

Pero el talento de Montoya va más allá. Montoya es un creador verbal. De Bayán, la que lleva tatuada en la espalda la palabra «intensa» (confesado por ella), dijo «ahí viene la metemerdé» y de ahí derivo la palabra metemerdura, que la metemerdura es a lo que se dedican realmente las chicas en la villa tras tropezar con la tentación; a que caigan todas y no quede íntegro ni el Tato.  

Otro día Montoya la vio haciendo perreo sobre el tentador, como Aitana contra el suelo, como si quisiera clavar un clavo con la pelvis, y con cara de mucho disgusto dijo: «Qué lache, qué lache…».

Quería decir qué vergüencita, pero dijo lache que es mejor que alipori, el cultismo de D’Ors y muchísimo mejor que el cringe extranjero de Internet.

Lache viene del caló y en una canción La Húngara canta «me da lache cuando sus sacai miro». Aunque eso es rubor de enamorado, lacha, y no el rubor bochornoso de La Isla de las tentaciones.

¿No tenía el español, con el habitante que hay aquí, una palabra para la vergüenza ajena que la tenemos que ir a buscar al romaní, al inglés o al italiano?

Incluso mejor que la creación verbal de Montoya ha sido su resignificación de los cuernos.

–¡Que no son cuernos, que es aprendizaje!

Los asumía con «orgullo de saberlo ya», y animaba a sus córneos compañeros: «No vamos a dejarnos perder la batalla, hombres de España, la dignidad tenemos que tenerla». «Montoya tiene esencia» y al repetirlo nos invitaba a todos a encontrar la nuestra, esa que no nos pueden quitar.

Frente a Eros, traumatizado por el engaño, Montoya se agarró a la esencia y fue saliendo alegre de la experiencia. «A mí estas cosas ya lo que me dan es alegría, Sandra». ¡Encontró alegría en el cuerno!, mientras su novia lograba el pleno de conexiones con Manué: «Tengo la conexión física, la mental y la sentimental». Pero cuando un día ella besó a otra mujer (todos pensamos en el folclórico pipazo) le faltó tiempo a Montoya, chismoso genial, comentarista metacornudo de la infidelidad: «Eso es que Manué no le está dando lo que necesita…».

Anita habló muy mal de Montoya: Es vengativo, rencoroso y asqueroso». Él se defendió: «Soy picaresco». Y lo más fuerte que le dijo a la adúltera fue «eres una tabla del uno» porque decirle fácil hubiera sido feo además de poco conceptista.

En esta edición cayeron todos y todas en la tentación. El programa ha certificado el acabose moral. Pero Montoya ahí es donde se planta. No acepta que le metan en eso. Cornudo sí, y «tengo mi derecho de hombre dolorido», pero engañador no. Porque él se llevó los cuernos y luego, una vez llorados, fluyó. «Yo he caído en mí». Dónde si no iba a caer Montoya.

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