«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
Enrique García-Máiquez (Murcia, pero Puerto de Santa María, 1969). Estudió Derecho en la Universidad Navarra y lo enseña en un instituto de secundaria de Puerto Real. Ha publicado seis libros de poesía, recogidos en 'Verbigracia' (2022), tres dietarios (el más reciente, 'Un largo etcétera', 2017), tres colecciones de sus columnas periodísticas (la última, 'El burro flautista', 2019), dos libros de aforismos, 'Palomas y serpientes' (2016) y 'El vaso medio lleno' (2021). Ha traducido a Mario Quintana, a G. K. Chesterton, en prosa y en verso, y el Tomás Moro, de William Shakespeare, nada menos, y de otros. Codirigió la revista literaria “Nadie parecía”.

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Enrique García-Máiquez (Murcia, pero Puerto de Santa María, 1969). Estudió Derecho en la Universidad Navarra y lo enseña en un instituto de secundaria de Puerto Real. Ha publicado seis libros de poesía, recogidos en 'Verbigracia' (2022), tres dietarios (el más reciente, 'Un largo etcétera', 2017), tres colecciones de sus columnas periodísticas (la última, 'El burro flautista', 2019), dos libros de aforismos, 'Palomas y serpientes' (2016) y 'El vaso medio lleno' (2021). Ha traducido a Mario Quintana, a G. K. Chesterton, en prosa y en verso, y el Tomás Moro, de William Shakespeare, nada menos, y de otros. Codirigió la revista literaria “Nadie parecía”.

Necesarias manifestaciones inútiles

16 de noviembre de 2022

Las manifestaciones convocadas contra la pirula normativa de Pedro Sánchez no lograrán torcer su retorcida intención de tergiversar el ordenamiento jurídico. El juego de las mayorías, cuando se aplica como la única garantía de verdad —como reconoció hace nada Felipe González—, deja fuera de fuego a la razón, a la lógica jurídica y al sentido común. Si el que tiene la mitad más uno de los votos del Parlamento decide que las vacas vuelan, resultará ilegal decir que uno las ve bastante pegadas al pasto. Ilegal y, además, aerofóbico.

¿Quiere decir esto que desaconsejo unirse a las manifestaciones en defensa del Código Penal? En absoluto, sólo que pienso que la motivación debe ser otra, más importante aún. Hay que manifestarse contra la modificación a la carta no con la esperanza de que Sánchez rectifique, sino porque uno, como ciudadano, no puede avalar ni siquiera con un silencio disgustado el desmán jurídico y político que implica.

Lo han explicado otros muy bien. Anular el delito de sedición significa vulnerar la sentencia del Tribunal Supremo por la espalda, aprovechando además el mecanismo de la retroactividad de la norma favorable para dar un indulto por oportunismo político. Nos humilla a todos porque nos rebaja de ciudadanos de un Estado de Derecho a contribuyentes de una república (coronada) bananera, donde la separación de poderes se para cuando el poderoso lo impone y le conviene. 

El pataleo no es la única salida digna, pero a estas alturas empieza a ser la actitud mínima exigible

El lema de la manifestación tendría que ser el verso de un poema de Miguel d’Ors: «Ya basta, ni hablar de seguir siendo parte de este sainete, hasta aquí hemos llegado, se acabó», porque los manifestantes, más que aspirar a reformar al Irreformable, han de proclamar que ellos no consienten ni a la chita callando.

He visto un meme que me ha estremecido en su cruda exactitud. Salía la foto de un indignado William Wallace, «Braveheart», gritando furioso y frenético antes de la batalla, y ponía debajo: «Cuando a tu equipo de fútbol le pitan una falta». Al lado salía una oveja aburridísima y ponía «Cuando el Gobierno te cobra más de la mitad de tu sueldo en impuestos, te impone confinamientos inconstitucionales, te cambia las reglas del juego democrático y, encima, te vacila diciendo que lo hace por tu bien».

El pataleo no es la única salida digna, pero a estas alturas empieza a ser la actitud mínima exigible. El otro día visité con mis alumnos una cervecera tradicional. Después de la visita técnica y la charla sobre los aspectos económicos de una pequeña empresa, había una degustación. Como tengo tres alumnos menores de edad (17 años que este curso serán 18), pedí a sus padres un consentimiento firmado de que podían probar esa cerveza, bebida estrictamente natural y alimenticia, además de vegetariana. Los padres firmaron. Pero el cervecero se negó en redondo en cuanto adivinó que eran menores. Le daba pavor la ley. Probablemente el celo del cervecero me libró de incurrir en un ilícito para el que estamos completamente seguros que no habría habido ni indulto ni reforma legal sobrevenida.

Urge demostrar que lo estamos viendo todo y que no lo aprobamos. Indignarnos salva nuestra dignidad

La tranquilidad con que mis alumnos, hombres como trinquetes, y en general bastante revoltosos, aceptaban esa norma me tenía desconcertado. Les recordé que para abortar con 16 años no hace falta autorización paterna y que ellos, teniéndola firmada con todos los avíos del DNI y tono, no podían mojar sus labios en una bebida de enormes beneficios para la salud del cuerpo y del espíritu. ¿Es posible que el gobierno sepa mejor que sus padres lo que les conviene o no? Cayeron en la cuenta. Y yo ya no tuve que decir más. Ni mu. Me bebí mi cerveza-degustación.

Como comunidad política, necesitamos caer en la cuenta. El test de estrés al que están sometiendo a todas las instituciones españolas en los últimos tiempos está a punto de derrumbar toda la arquitectura política sobre nuestras cabezas. Sánchez no va a cambiar ni los golpistas ni nadie de su bando o banda (por usar el lenguaje inclusivo). Pero urge demostrar que lo estamos viendo todo y que no lo aprobamos. Indignarnos salva nuestra dignidad.

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