«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Periodista, escritor e historiador. Director y presentador de 'El Gato al Agua' de El Toro TV.

Nos quieren llevar a la guerra

14 de octubre de 2025

Como estábamos todos contando chistorras, nos ha pasado casi desapercibido un acontecimiento trascendental: la cumbre de Copenhague de hace unos días, donde los mandamases de la Unión Europa rubricaron con gran convicción su compromiso de invertir enormes sumas en hacer frente a la amenaza rusa dando más dinero y más concesiones políticas al régimen de Zelensky en Ucrania. El líder húngaro, Víktor Orbán, se manifestó abiertamente en contra, y también otros mandatarios del grupo de Visegrado, pero sus voces fueron acalladas por el fragor mediático: drones rusos sobre el cielo de Polonia, aviones rusos sobre el espacio europeo, injerencias rusas en el avión de nuestra ministra de Defensa cuando sobrevolaba… territorio ruso. Rusia negó los hechos, pero eso da igual: ya nadie escucha porque se han cegado las fuentes. Como tampoco nadie parece haber leído la publicación de «The Boris Files» en The Guardian, donde se demuestra la implicación directa del ex premier británico Boris Johnson en millonarios negocios de industria militar en Ucrania. Johnson, el mismo que frustró personalmente el acuerdo de paz de Estambul en 2023. Pero todo eso ya no existe. Es… propaganda rusa.

Se va imponiendo en las mentalidades un nuevo mundo bipolar donde estamos «nosotros» (¿quiénes, exactamente?) y “ellos”. Ellos son el llamado «eje del Mal», recuperando un viejo tópico propagandístico de la época de Bush jr.: Moscú-Pekín-Teherán. Cualquier observador medianamente informado sabe que tal eje, propiamente hablando, no existe, porque demasiadas cosas separan a esos países, pero esto no se puede decir: es «propaganda rusa». La amenaza rusa se impone como una verdad irrefragable. Como estamos en inferioridad de condiciones, proclamamos nuestra hostilidad y anunciamos nuestra intención de hacerle frente en un plazo de cinco años. ¿Y no ha pensado nadie que, si esto fuera así, Rusia aprovecharía ese lapso de cinco años para atacar y vencer? No, eso no se puede cuestionar: hacerlo es… «propaganda rusa». Y sí, claro que Rusia es una amenaza, como China, y sin duda Irán, e incluso Turquía. Pero hasta hace poco tiempo, lo que se hacía con las amenazas era tratar de neutralizarlas políticamente, no declararles la guerra a cinco años vista. Pero esto tampoco se puede decir. Es —ya lo sabemos— «propaganda rusa».

Mientras tanto, y tan amenazados como estamos, los portavoces del poder planifican inversiones multimilmillonarias a la vez que van puliendo elementos de control… interno, ya sea sobre las comunicaciones privadas o ya sobre el empleo personal del dinero. La amenaza rusa lo justifica todo. El otro día mi amiga Cristina López Schlichting entrevistaba en la Cope a un especialista oficial. El especialista en cuestión estaba muy interesado en subrayar que la OTAN se enfrentaba a una amenaza vital y que esta no era otra que la Rusia de Putin. En nombre de la lucha contra esa amenaza, el especialista justificó el control de las comunicaciones y denunció como propaganda cualquier noticia que exonerara de culpa a Rusia en cualquiera de los puntos del actual conflicto. Incluso dijo que el golpe del Maidán en 2014 era propaganda rusa. Cristina, siempre despierta, le preguntó sobre la posición en la que quedaba España, dada la renuencia de nuestro Gobierno a asumir el compromiso OTAN de inversión en Defensa. Y entonces el especialista, oh, prodigio, eludió la cuestión Sánchez y rompió a derramar razonamientos circulares hasta concluir que el verdadero peligro es el populismo en Europa, y sólo le faltó decir explícitamente «Orbán». Pero entonces —podría objetar cualquiera que aún quiera emplear la lógica— ¿por qué Trump invita a Orbán a la firma de la paz en Egipto y, por el contrario, a Sánchez le espeta que a ver si le expulsa de la OTAN? Da igual: que la lógica no te empañe un buen discurso: en la mentalidad del nuevo atlantismo, Putin es tan enemigo como cualquier europeo que disienta de la doxa de Bruselas. Todo lo que no sea el discurso oficial, entra en el «eje del Mal».

Pero, claro, lo que tiene todo «eje del mal» es que, inevitablemente, implica la existencia de un «eje del bien», y aquí es donde hay razones para arquear una ceja, porque nada de lo que vemos enfrente es menos malo que lo otro. Resulta que los que nos quieren llevar a la guerra con Rusia no son los Estados Unidos. Son los macrones y las úrsulas y los starmers y las lagardes, los mismos que han destrozado las sociedades europeas con la inmigración africana masiva, los mismos que han arruinado el campo europeo con sus tratados transnacionales, los mismos que han atado las manos de la industria europea con una política energética escrita al dictado de los lobbies, los mismos que ahora pretenden implantar una suerte de despotismo tecno con el Chat Control y el euro digital. ¿Y ahora yo, europeo, tengo que pensar que esta gente que está desmantelando Europa va a protegernos de una amenaza exterior? ¿Ahora yo tengo que pensar que esta gente, que nos mintió hasta el delirio cuando la pandemia, me está diciendo la verdad cuando me habla de la «amenaza rusa» y del «eje del mal»? ¿De verdad no tengo razones para pensar que esta gente me miente, como me ha mentido antes, y que sus intereses son tan espurios ahora, cuando hablan de defensa, como lo han venido siendo hasta hoy?

No me haga usted mucho caso. Al fin y al cabo, lo más probable es que todo esto que estoy diciendo no sea más que… «propaganda rusa».

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