Rafael L. Bardají (Badajoz, 1959) es especialista en política internacional, seguridad y defensa. Asesor de tres ministros de Defensa y la OTAN, en la actualidad es director de la consultora World Wide Strategy.
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Rafael L. Bardají (Badajoz, 1959) es especialista en política internacional, seguridad y defensa. Asesor de tres ministros de Defensa y la OTAN, en la actualidad es director de la consultora World Wide Strategy.

Ómicron: todos mienten

Una de las grandes enseñanzas que uno saca de Doctor House, esa serie de un médico metido a Sherlock Holmes de las enfermedades raras, es que todos los pacientes mienten. En realidad, se queda corto: no sólo mienten los pacientes, mienten los médicos, mienten las enfermeras, mienten sus responsables políticos… mienten todos. Así, con el covid hemos descubierto que aquello de que España contaba con el mejor sistema de salud, era pura mentira y que, en lugar de estar al servicio de la población, somos todos nosotros los que debemos proteger al sistema del colapso.  También hemos podido ver que esos héroes de bata blanca también son los más quejicas del universo, con sindicatos vocingleros y personal que no aguanta el estrés. Por no hablar de los responsables políticos quienes no han dejado de contarnos trola tras trola, por desconocimiento en el mejor de los casos y por interés en el peor.

Las televisiones mienten más que hablan, interesadas en mantener la atención a través del miedo

Quince son los fallecidos por Omicron en el Reino Unido y ya medio mundo va camino de nuevos confinamientos porque nuestros políticos se sienten obligados a hacer algo, aunque no sepa muy bien por qué ni para qué. Eso sí, siempre para ellos, lo mejor es sujetar a la población. Porque otros que mienten más que hablan son las televisiones y medios de comunicación, interesados en mantener la atención a través del miedo y en conseguir publicidad institucional con la que aliviar su cuenta de resultados. Todo el día nos venden el Apocalipsis que se nos viene encima. Sólo que no es así. Cierto, los contagios andan disparados y más que tendrán que ser, habida cuenta de la capacidad de contagio de la nueva cepa. Pero más allá de la atención primaria -y porque es la encargada de realizar los tests-, la presión en las UCI no sube significativamente y los fallecimientos, tampoco.

Pero también mienten los antivacunas, amparados en unos datos insuficientes que manipulan a su favor. Así, periodistas renombrados de eso que se ha llamado la derecha alternativa afirman que las vacunas no sirven para nada recurriendo a que, en los dos últimos meses, una mayoría de fallecidos estaban ya vacunados y con dosis completa. No sólo silencian que proporcionalmente, la tasa de muertes entre los no vacunados es más alta que entre los vacunados sino -y sobre todo- que ignoran el factor edad en la incidencia de severidad y muerte de la enfermedad. Si se recurre al exceso de mortalidad (el famoso Momo) veríamos que no hay una desviación notable. Esto es, que se están muriendo quienes se iban a morir por las razones que fueran. Estos que niegan los beneficios de las vacunas son los mismos que decían hace un año que no era lo mismo fallecer por Covid que con Covid, porque querían negar la gravedad de la enfermedad. Y tenían razón. Pero ahora se niegan a verlo porque no les favorece en sus ideas extremistas. Por suerte o por desgracia, la mayoría de los fallecimientos en los últimos meses sigue siendo de personas mayores de 80 años. Lo cual, más que a la eficacia de las vacunas, nos debería llevar a la mentira de que nuestros abuelos han sido prácticamente todos vacunados. Más de un 10% de entre ellos aún no lo están.

Nuevas restricciones causarán un daño irremediable a una economía tan débil como la española

Aún peor, este absurdo debate entre vacunas si o no, entre la brecha que se abre entre quienes portan su pasaporte Covid y quienes se niegan al mismo, no nos deja ver el verdadero problema:  la distancia que se abre entre unos pocos privilegiados y el resto de los mortales. Macarena Olona, la portavoz parlamentaria de Vox tiene toda la razón al denunciar que los diputados quedan exentos de la norma general de tener que mostrar la cartilla de vacunación. No sólo les subvencionamos sus desayunos y pagamos sus taxis con nuestro dinero, sino que les permitimos que se salten lo que quieren imponernos a todos los demás.  Es esa sima que se abre entre la clase política y los ciudadanos el problema que hay que atajar. 

La variante Ómicron es sin duda más contagiosa, pero también menos letal. El castigo social, psicológico y afectivo, por no hablar del daño irremediable a una economía tan débil como la española, que quieren imponernos estas Navidades con nuevas restricciones ya no tiene nada que ver con nuestra salud, sino con su peculiar y autoritario estilo de gobernar. 

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