«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.
Arturo García (San Vicente de la Barquera, 1991). Periodista. Me licencié en la Universidad Complutense. Aprendí de los buenos y ahora intento aplicarlo con mayor o menor acierto a otros ámbitos de la comunicación.

Biografía

Arturo García (San Vicente de la Barquera, 1991). Periodista. Me licencié en la Universidad Complutense. Aprendí de los buenos y ahora intento aplicarlo con mayor o menor acierto a otros ámbitos de la comunicación.

El pacto anti yihadista que España necesita

16 de noviembre de 2015

El pasado viernes la feroz zarpa del terrorismo volvió a agredir a Europa. Ocho terroristas de DAESH causaron 129 muertos y cientos de heridos. Armados con fusiles de asalto y explosivos, los asesinos del Estado Islámico nos volvieron a recordar que Europa ha dejado de ser un territorio libre de los sufrimientos de la guerra.

Durante todo el sábado pudimos escuchar diferentes declaraciones sobre el tema. En general, la sensatez y la empatía se impusieron a la estupidez y la maldad. Digo en general, porque unos pocos volvieron a dar la nota discordante. Pablo Iglesias apareció en escena para decir que Podemos no se va adherir al pacto anti yihadista, pues, según él,  no es momento para la venganza. Pedro Sánchez y Albert Rivera le contestaron casi al unísono: no se trata de venganza, sino de Justicia. Una vez más, el líder de la franquicia bolivariana volvía a quedar en evidencia.

El pacto anti yihadismo firmado por PP y PSOE, al que ahora se adhiere Ciudadanos, es un calco del acuerdo de Ajuria Enea. Al igual que entonces, el objetivo es sacar el terrorismo de la disputa partidista y comprometer a las fuerzas políticas a dar una respuesta policial y judicial al terrorismo. Sin duda es un buen comienzo. Pero está lejos de dar respuesta a la amenaza que el terrorismo islámico supone para España.

En primer lugar, esta vez no nos enfrentamos a un problema policial sino a una guerra. Una guerra de nuestro tiempo, un conflicto de cuarta generación que convierte a nuestras ciudades en campo de batalla y a nuestra población civil en el principal objetivo del enemigo. Esta situación se agrava especialmente por la existencia de un amplio territorio controlado por los terroristas que sirve de base de adiestramiento y proporciona a los asesinos recursos materiales y financieros para perpetrar sus acciones.  No soy yo el que califico la situación de guerra. El propio presidente Hollande, a las pocas horas de cometerse el atentado, calificó el ataque de acto de guerra y anunció que Francia no se iba a quedar con los brazos cruzados.

Así que estamos ante una guerra. Y una guerra que no podemos evitar, pues somos miembros de la OTAN. Francia puede invocar el artículo 5 del tratado de Washington.  Si lo hace, el ataque terrorista se considerará realizado a todos los países de la Alianza y los españoles tendremos la obligación de asistir a nuestro aliado utilizando todas las medidas que consideremos necesarias, incluyendo el empleo de la fuerza armada. No tenemos otra opción, si Francia así lo solicita, estamos obligados a alinearnos con ellos. No podemos ser neutrales. ¿Son conscientes nuestros políticos de las obligaciones que tenemos con nuestros aliados?

Hay quién puede decir, con razón, que el art.5 del tratado no nos obliga emplear la fuerza armada. Que, como otras veces, bastará una declaración política y ofrecer apoyo logístico a los aliados. Pero parece claro que si no nos comprometemos con nuestros socios, ellos tampoco se comprometerán con nosotros. Y es muy probable que lo necesitemos en el medio plazo. España es el único país de Europa que tiene frontera con países árabes. En el norte de África, Marruecos, considerado un aliado fiel de Occidente, se encuentra presionado por el Yihadismo no sólo desde el Este, por el Estado Islámico,  sino también desde el Sur, por Al Queda en el norte de África. Un Marruecos en manos de los yihadistas sería un foco de terrorismo continuo en suelo patrio. En ese caso Francia, potencia líder en el norte de África, sería nuestro principal apoyo. ¿Cómo podremos conseguir su colaboración si escurrimos el bulto cuando ellos son los que necesitan nuestra ayuda?

Durante años nuestros políticos han maltratado a nuestras Fuerzas Armadas. Somos el país de la OTAN que realiza un menor esfuerzo de defensa. Menos del 0,5% del PIB. Desde el año 2008 a la actualidad el presupuesto de defensa se ha reducido en un 30%. Mientras la clase política ha mantenido intactos sus privilegios y ha continuado con el derroche del estado autonómico, los recortes presupuestarios nos han obligado a deshacernos de armamento que se encontraba dentro de su vida útil y ha limitado el adiestramiento de nuestras unidades, reduciendo la operatividad de nuestros Ejércitos.

Esto es lo que ha hecho Zapatero y  Rajoy con nuestras Fuerzas Armadas. Podría haber sido peor: Pedro Sánchez, en un caso inédito de irresponsabilidad en la socialdemocracia europea, ha manifestado su deseo de suprimir el Ministerio de Defensa. Ni una palabra hemos escuchado hasta la fecha de Albert Rivera sobre el tema. Sólo la falta de preparación en materia de Seguridad y Defensa de nuestros políticos puede explicar su comportamiento en la materia.

El verdadero pacto anti yihadista que España necesita no sólo debe hacer referencia a temas policiales y judiciales. Debe reconocer que nos encontramos en Guerra y debe comprometer a los partidos políticos en aumentar nuestro esfuerzo de Defensa a la media de los países de la Alianza Atlántica. Debe identificar claramente cuáles son nuestros intereses nacionales y convertir nuestra política de Exterior y de Seguridad en una política de Estado que quede fuera del juego partidista.

Si, como desgraciadamente pasó en 2004, año de nuestra atropellada retirada de Irak, volvemos a comportarnos como un socio poco fiable, nadie nos ayudará cuando los problemas los tengamos nosotros.

 

Nuestra posición geográfica no nos permite seguir siendo irresponsables en materia de Seguridad.

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