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Rafael L. Bardají (Badajoz, 1959) es especialista en política internacional, seguridad y defensa. Asesor de tres ministros de Defensa y la OTAN, en la actualidad es director de la consultora World Wide Strategy.
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Rafael L. Bardají (Badajoz, 1959) es especialista en política internacional, seguridad y defensa. Asesor de tres ministros de Defensa y la OTAN, en la actualidad es director de la consultora World Wide Strategy.

Para que el bien triunfe

Todos sabemos que para que el mal triunfe basta con que los hombres buenos no hagan nada. Lo que no sabemos todos es que para que el bien triunfe, los hombres buenos deben hacer lo correcto. En la España actual, lo correcto es combatir a la izquierda política y al progresismo cultural. Y no nos engañemos, la izquierda política está encarnada hoy en Podemos y en Sánchez (y sus aledaños antiespañolistas), pero el progresismo cultural se extiende también en un centroderecha que renunció hace tiempo a defender sus principios y prefirió arrodillarse en un vano intento de hacerse perdonar por la izquierda. Una izquierda, como bien sabemos, revanchista, guerra-civilista, antidemocrática y que no tiene intención alguna de perdonar a nadie. Si por Pablo Iglesias fuera, España sería Corea del Norte con el clima de Venezuela.

La corrupción financiera que persigue al PP en realidad esconde una corrupción moral mucho más grave, la de renegar, como Pedro, de sus principios rectores. Primero con Mariano Rajoy y ahora con el nuevo viejo Pablo Casado. Y todavía tendrá tiempo para una tercera negación. Por eso, ante las nuevas elecciones en Madrid, esas en las que nos estamos jugando un futuro de comunismo o libertad, lo que los hombres buenos deben hacer es votar a VOX. Hay más que suficientes razones, tácticas y estratégicas, para así hacerlo.

Primero la razón de peso. Es verdad que la decisión de convocar elecciones anticipadas en Madrid para desactivar las mociones contra Isabel Díaz Ayuso, ha tenido el efecto serafínico de sacar a Iglesias del gobierno, que no es poco. Pero una potencial victoria de Ayuso sobre el comunismo y el socialismo del que es socio ni puede ni debe ocultar otra dramática realidad: la victoria del casadismo. El líder del PP sale renacido de entre sus cenizas con una victoria de Ayuso, presidenta a la que, paradojas de la vida política, Génova siempre ha mirado con desdén, envidia y una ruin falta de apoyo. Ayuso será lo que quiera decir que es, pero nadie puede hacerse el ciego ante lo que sí sabemos que es el PP de Pablo Casado, un partido mucho más preocupado por desembarazarse de VOX que por luchar contra el verdadero enemigo de España, el Gobierno de Sánchez. La victoria de una Ayuso, auténtica Juana de Arco o Agustina de Aragón frente a la izquierda madrileña, será también la victoria del PP del centrismo central que hoy defiende Génova, sólo que a escala nacional. La derrota de Iglesias en Madrid tiene un precio, la consolidación de un PP cuya única ambición es ser la muleta del PSOE en una eterna oposición. Un PP que, como hasta ha dicho José María Aznar, carece de proyecto. Un PP que se reconoce mejor en el galleguismo de Feijoó que en la combativa presidenta de Madrid. Por eso Ayuso debe ganar en Madrid, pero no con mayoría absoluta, sino dependiendo claramente del apoyo que pueda recibir de una formación más nítida en sus valores y más firme en la defensa de los mismos, como es el VOX de Santiago Abascal.

Nuestra triste historia nos enseña que cuanto más amplia la mayoría del PP, mayor la renuncia a sus promesas y mayores las tentaciones de hacer lo contrario a lo que dice defender. El famoso voto útil con el que aglutinaron a millones en el pasado se mostró, en realidad, el más inútil de los votos. En Madrid, donde el sistema electoral es prácticamente directo y proporcional, cambiar el sentido del voto, de VOX al PP, como muchas voces piden acaloradamente, carece de sentido. No es necesario para asegurar la victoria de Ayuso y aunque fortaleciese a Ayuso, consolidaría a un PP más proclive a defender las políticas socialdemócratas y de la izquierda social que a construir una auténtica mayoría conservadora en España. Ahí estás las Cucas Gamarras defendiendo, por ejemplo, las manifestaciones del 8M en plena pandemia. El voto útil de un conservador que prefiere la vida a la  muerte; que no confunde opción sexual con los lobbies LGTBI y no sé que más letras;  que no teme ver que la inmigración ilegal, es un problema económico, social, de seguridad y, en última instancia, de identidad nacional; que no dice una cosa en Madrid y otra en Barcelona; que defiende la acción de la Policía y el orden en las calles; que defiende la igualdad entre hombres y mujeres, pero critica la perversión del feminismo actual y la condena de todos los hombres por principio; que ama a España y que entiende que los españoles deben ser siempre lo primero y no sentirse discriminado en su propia tierra; el voto útil del español que cree en todo esto y muchas otras cosas, es votar a VOX. Apoyar al PP de hoy, es inútil. Por muy fiera que sea Ayuso, el PP no es suyo, sino el de el blandiblú que se ha instalado en Génova (y donde se vayan a mudar) con Pablo Casado.

Las elecciones en Madrid, en esta ocasión, van mucho más allá de Madrid. Nos jugamos un futuro de España. Que no es el que quiere un Pablo Iglesias en decadencia, sino el de ese magma socialista y socialdemócrata que ha sido y es el bipartidismo del PSOE y PP. Si lo que de verdad quiere es salvar a España de los designios de la izquierda, hoy gracias al empeño y el esfuerzo de unos cuantos tiene una alternativa. Esa alternativa no se llama Casado, sino Santiago Abascal. El PP de Ayuso no existe, VOX, sí. Haga lo correcto y triunfará el bien.

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