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Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Paripé máximo

4 de febrero de 2024

Se habla de Europa y González Pons confiesa la verdad: el PP Europeo es socio del Partido Socialista Europeo y de los Verdes; tan socios que se dirían coalición.

En España, sin embargo, los dos representan la absoluta polaridad, y no llegan nunca al entendimiento que les piden los tertulianos: «¡Siéntense, siéntense!». No llegan nunca a reproducir el mito fundante de los Pactos de la Moncloa, el consenso; salvo algunas veces, salvo para algunas cosas…

(Los tertulianos esperan el Consenso como un Advenimiento, como el que espera un Mesías, la Segunda Venida: algún día el Consenso se rehará y entonces reinará la armonía en el reino leticio)

En España, PP y PSOE son el perro y el gato, pero en Europa, en Bruselas, donde se decide casi todo (tanto que Putin tiene que mandar allí a su espía Puigdemont) allí son lo mismo. Así tenemos a Moreno Bonilla, que está con los agricultores aquí  y con el Pacto Verde allí porque Moreno Bonilla es el popular químicamente puro.

PP y PSOE son antagonistas absolutos en España, donde escenifican la matrimoniada derecha-izquierda, y son amigos en Europa y en otro sitio del que se habla menos: el pospartido político, el día después de los órganos honoríficos, de los Consejos y de los lobbies, organismos cuasimonárquicos porque lubrican el juego institucional. Ahí tenemos, por ejemplo, a Acento, de Pepiño Blanco, empresa que según El Independiente ha trabajado para Marruecos en Bruselas y negocio donde pacen populares, socialistas e hijos como el de González Pons, «representante de Gazprom», putinismo extremo incomprensible en tan demoliberal estirpe que tras aparecer en la prensa desapareció de la conversación.

Así que PP y PSOE son lo mismo en Europa y lo mismo en los lobbies, pero en España hacen el paripé máximo, que diría Ylenia.

El problema es el sistema y/o régimen, no el PP. Pero el PP es la clave de todo. No Sánchez. Y dentro del PP la división de funciones o reparto de roles; tal como sigue.

El centro absoluto es Moreno Bonilla. Ahora mismo grado cero o km. 0.  Moreno Bonilla es el régimen hecho ser humano. Es el español del año. Si Dios hiciera de nuevo a Adán con barro y tierra española, saldría Moreno Bonilla.

A un lado están ‘los malos’, que en realidad no lo son tanto. Son lo que tienen que irse al centro activamente, los que pegan demarrajes progres, ingrata labor: González Pons, Sémper o Margallo. Se llevan los palos de la derechona losantizada, terrible y zombi de Colón, pero ellos al menos dicen la verdad, aunque a veces incurran en algún renuncio, como el reciente de Sémper, que habló de «naturalizar» a Bildu y ahora, tras el acto proetarra en Bilbao, tuitea que a Sortu «no le falta un paso» sino «un mundo». Pero ellos dicen la verdad, y el que más Margallo, que se ha reconocido «atlantista y federalista», veintetrentista y tan afín al PSOE en todo que hasta pide la Gran Coalición a la alemana para llevar a la calle lo que está en los pasillos, en inversión de la frase de Súarez (escrita quizás por Ónega senior), «elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es plenamente normal«, que aquí sería hacer descender a categoría política de normal lo que a nivel de Bruselas, aviones, lobbies y moquetas es plenamente normal.

Los Margallos y Semperes y Pons son «los malos» traidores a la derecha, y al otro lado del PP está el sector que se excita y enardece con Ayuso y Cayetana; en realidad una derecha que, en cierto modo, también está a la izquierda porque para hacer el paripé antiwoke y el mohín constitucionalista antifederal, es decir, el mencionado paripé máximo, se nutre del argumentario y la legitimidad intelectual de exizquierdistas, flujo o venero ahora rebrotado con Savater, que tras 50 años de militancia  en las izquierdas acaba en el ayusismo. Tan odiseico periplo se explica en su próximo libro, anunciado genialmente por su editorial como el viaje hacia el «constitucionalismo intelectual de derechas», estación término que se diferencia del constitucionalismo de derechas a secas en el intelecto.

¡Traer el intelecto al valle de lágrimas neuronales de la derechona!

La derecha del PP, derecha pichi, derecha madrileña o derecha losanta, estando a la derecha a la vez limita con el centro (virguería) y se nutre de excatalanes, exvascos y exizquierdistas, cosa mágica pues en cada una de esas transiciones personales ¡revive la Transición toda! Y en cada aceptación del intelectual en el seno de la llamada derecha constitucionalista (por ellos ya desde ese instante derecha intelectual constitucionalista), en cada acto de recibimiento se está ejecutando el mecanismo de la Transición, el ciclo sentimental búmer, el mecanismo de fusión suarista por el que los traidores al Movimiento se legitiman, reciben corticoles democráticos con comunistas, socialistas, vascos y catalanes; el abrazo juangenovés de la concordia, concordia, concordia.

En ese flujo de intelectos por el desfiladero-valle (muy estrecho y muy amplio a la vez) del centro es por donde circula la salud del Régimen, en la repetición ritual-sacramental de los abrazos y los consensos; por ahí circula la clorofila setentayochista, lo que queda de ella. En cada retorno pendular del intelectual ¡revive la Transición! ¡El Consenso se hace un poco carne! ¡Con cada exprogre que se ayusiza nace el niño Jesús del Consenso!  Natural (en madrileño liberal: naturaca) que esos grandes cacúmenes completen la circunvolución al Espíritu Humano redescubriendo la Constitución (Maximum bodrium).

Estas simpáticas adquisiciones peperiles son como el fichaje de Figo. Fichajes de Figo transitivos que reavivan el Clásico, la rivalidad. Son personas que fueron ungidas del prestigio progresista (el sistema de acreditación y ‘prestigiación’ lo tienen ellos) y un día saltan al otro lado (abierta la vía de acceso del PSOE Bueno) y dan combustible e ideas para el feroz combate ideológico que revive la ficción de que PP y PSOE son otra cosa que socios europeos con los «me gusta la fruta», «fachosfera» o «comunismo o berberechos».

Así está el PP, pues: en el centro centrísimo, Moneno Bonilla, que es el hombre español como quedaría tras haberse tragado las onegadas franquistas, suaristas y peperosociatas. Ahora mismo, un triunfador.

A la izquierda, que es derecha; los malos que en realidad dicen la verdad: Margallo, Pons y Semper, heraldos (ellos sí) sin complejos de la eurocracia sinocursi verdewoke.

Y a la derecha, que es izquierda, donde acaban los centristas y exizquierdistas, camarilla intelectual que mantiene la suprema ficción del PP versus PSOE y que en adelante podríamos llamar y llamaremos (perífrasis oneguista) constitucionalismo intelectual de derechas. Podríamos seguir, pero ya es mucha lata. ¡Perdón!

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