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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Paro: cifras para todos los gustos

6 de noviembre de 2013

El número de personas apuntadas a los servicios públicos de empleo aumentó en 87.028 en octubre, según los datos que publicó ayer el Ministerio de Empleo. Esta subida del paro registrado eleva el total a 4.811.383 desempleados, pero curiosamente no es tan negativa como parece y, lo que es mejor, no se ha reflejado en el empleo: la afiliación a la Seguridad Social logró mejorar en octubre pese a la rescisión de contratos que acompaña al final de la campaña turística de verano. De hecho, el avance, que fue de 54.927 ocupados, representa el primer aumento de cotizantes en un mes de octubre desde 2007. Con esta mejora, la cifra de afiliación se sitúa en 16.360.373.

Sobre los datos que ha publicado este martes el departamento que dirige Fátima Báñez, el ministerio destaca que en términos desestacionalizados, el paro desciende en 8.239 personas en octubre, un mes tradicionalmente malo para el mercado laboral por el final de la temporada veraniega. Empleo celebra, además, que por primera vez desde el año 2006, se registra una disminución consecutiva en los meses de agosto, septiembre y octubre. También la afiliación a la Seguridad Social registra su segunda mejora mensual consecutiva con datos corregidos del efecto calendario. En estos términos, la ocupación crece en 71.245 personas.

Así pues, según el color del cristal con que se mire, se puede ver la botella medio llena o medio vacía. Y el Gobierno no se decanta todavía por el optimismo como demuestra la subida de las partidas presupuestarias destinadas a subsidiar el paro. El Ejecutivo está en el buen camino, pero todavía no las tiene todas consigo. Y hace bien en ser prudente, como también haría bien si, de una vez por todas, iniciara un ajuste serio del gasto público, ya que nuestra economía no puede resistir una carga tan fuerte del aparato político y administrativo que, además, lastra las expectativas de mejora de la economía productiva, en un auténtico círculo vicioso del que alguna vez habrá que salir.

Si no se hacen las cosas bien, podría ser el empleo quien acabe amargando al Gobierno las expectativas de una salida, aunque sea lenta, de la crisis. Los españoles nos alegramos de que vayan bien las exportaciones y de otros signos positivos, pero lo que de verdad nos aprieta el zapato es el drama del desempleo, la destrucción incesante de pequeños negocios, la economía del día a día que no acaba de arrancar y sin la cual es muy difícil que empiece a tirar el consumo, aunque empiece a haber signos positivos que anuncian una mejora. El Gobierno no puede mirar para otro lado ni pretender que los demás miremos en la misma dirección. Si la creación de empleo precisa nuevas medidas, y parece evidente que así es, el Gobierno no puede demorarse en ponerlas en práctica.

 

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