«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Gallega en Madrid. Periodista apasionada por la información, defensora de la libertad y de España. Redactora Jefe en El Toro TV y al frente de 'Dando Caña'.

Pirómanos

15 de agosto de 2025

Castilla y León, Extremadura y Galicia ponen las imágenes del drama de los incendios en España. Fuegos que, cada año, en el mismo momento del calendario, vuelven con las mismas características: montes secos, matorrales y maleza como yesca, agricultores mirando al cielo… y políticos que miran hacia otro lado. Son miles de vecinos los evacuados en estos días, hectáreas totalmente calcinadas y tres víctimas mortales que no eran bomberos de profesión, pero que salían a combatir las llamas como si lo fueran. La Policía ha detenido a dos presuntos pirómanos. Son los responsables y los culpables inmediatos pero no los únicos. 

El fuego, como recordaban los bomberos esta semana, se apaga en invierno. El origen de un incendio se puede localizar, su autor se puede detener. Lo difícil es explicar por qué arde tanto y tan rápido. Los bomberos lo han recordado estos días: los incendios se previenen con inversión, con limpieza de montes y con planificación. Tres ingredientes que llevan más de una década recortándose sin pudor. Y aunque muchos de estos incendios son provocados, no podemos obviar la legislación de sensibilidad ecológica de salón, que multa, nada más y nada menos, que ¡por recoger piñas secas o musgos en nuestros montes! Ahora, los agricultores y vecinos improvisan cortafuegos con sus propios tractores. En nombre de salvar el monte, se ha decidido que lo mejor es dejarlo listo para arder.

Los números son de tragedia anunciada. En lo que va de año, 151.193 hectáreas calcinadas. La inversión en prevención, reducida a la mitad en apenas 13 años. De 364 millones en 2009, a 176 en 2022. Son los datos de la Asociación Nacional de Empresas Forestales (Asemfo) que recoge la información dada por la Administración General del Estado y las diferentes comunidades autónomas. Pero más excusas, más comisiones y muchos más eventos internacionales sobre el cambio climático celebrados en hoteles con aire acondicionado, y a los que se acude en aviones y helicópteros presidenciales. Prevenir, dicen, es un gasto. Y sin embargo, prevenir es la única inversión que no se pierde en humo.

Muchos recuerdan estos días cómo en el mismo Consejo de Ministros se aprobó destinar una partida presupuestaria mayor a los viajes en Interrail de los jóvenes que al plan antiincendios. Moncloa prioriza la compra del voto joven a la seguridad de los españoles y de la España Vaciada. Una metáfora, puede que involuntaria, de que lo importante no es apagar el incendio, sino subirse al tren. Como si los incendios fueran una postal de viaje, Pedro Sánchez sigue sus vacaciones en el Palacio de La Mareta. Desde Lanzarote ha tenido tiempo para intervenir en una videollamada con diferentes líderes internacionales sobre Ucrania, pero no para descolgar el teléfono y hablar con los presidentes autonómicos afectados. En 2021 interrumpió sus vacaciones y estuvo en Ávila; en 2022, en Zamora. Este año, el fuego no ha merecido desplazamiento. 

Lo grave no es que el Estado llegue tarde, sino que parece que no quiere ni llegar. Y que cuando lo haga, ya no habrá nada que salvar y sólo quedará el humo, ese que se escapa casi tan rápido como el sentido común. Lo sensato sería gastar menos en gestos propagandísticos y más en prevenir tragedias. Pero aquí parece más rentable dejar que el monte arda y acudir después con promesas y cámaras.

Los fuegos seguirán, las llamas volverán el próximo verano, y con ellas el mismo debate vacío. Como con la sequía. Hasta que entendamos que necesitamos más burros que pasten y menos ovejas que asientan. Aquí, como en Rebelión en la granja, las ovejas repiten consignas y el burro, que era el único que recordaba y desconfiaba de los líderes, ha desaparecido. Y sin burros que piensen, todo arde más rápido.

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