«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Enrique García-Máiquez (Murcia, pero Puerto de Santa María, 1969). Poeta, columnista y ensayista. Sus últimos libros son 'Verbigracia', (2022) poesía completa hasta la fecha; y 'Gracia de Cristo' (2023), un ensayo sobre el sentido del humor de Jesús en los Evangelios

Las ratas y los rotos

2 de septiembre de 2026

Hay un meme clásico que está muy viralizado estos días, después del Desastre de Ceuta y la escandalosa entrevista de Sánchez. El de la rata. La que abandona un barco hundiéndose o incendiado o ambas cosas a la vez. Y, en la siguiente viñeta, una mano trinca a la rata, la apretuja y la lanza de vuelta al buque. Se aplica —como ya han adivinado— a los hasta ayer mismo defensores mediáticos de Pedro Sánchez y un poco a los afiliados y simpatizantes.

Entiendo el sentimiento raticida, pero hay que ser inteligentes y caritativos, valga la redundancia. Hay que distinguir entre las ratas y los rotos.

Los primeros ven que el poder cambia de manos y tratan de hacer un juego de manos. Intentan sacudirse su responsabilidad por haberle reído las gracias a este pollo ya sin cabeza y animarle a los picotazos. Más listos que los ratones colorados, tienen la ilusión de medrar bajo el siguiente pollo. Yo no los devolvería al barco, sino que les cogería la matrícula. Hay que comprender que se larguen, tal y como está en su naturaleza, pero no dejarlos asentarse en otra sentina, se siente. Y mucho menos que vuelvan a engolar la voz como si aquí no hubiese pasado nada.

Los rotos son otra cosa. Aquellos que han tenido fe en el proyecto socialista o querencia o ley al líder y que, de golpe, se han despertado de la hipnosis o del maleficio. Nos puede parecer muy rara tanta hipnosis a estas alturas, ya. Pero que nosotros no comprendamos esa afición a un proyecto sin pies ni cabeza no nos tiene que nublar la vista. Cada cual tiene sus tiempos y, sobre todo, no ganamos nada no admitiendo en las filas del antisanchismo a los de última hora, cual jornaleros bíblicos.

Cuando he escrito «de golpe» estaba siendo, como nuestros más dicharacheros adolescentes, literal. No quería decir «de pronto» sino «en carne propia». Si están dejando de ser sanchistas justo estos días es porque al fin les está doliendo a ellos. Tenían menos empatía que un gato de porcelana y vieron el volcán de La Palma, la DANA de Valencia o los trenes de Adamuz como el que oye llover (o ve arder o chocar). Son un poco como el salvaje de Chesterton: se ríe cuando te duele pero llora cuando le duele.

Es el caso de Melchor León, diputado socialista en la Asamblea de Ceuta, que ha despertado. Ha dicho que Sánchez, para lo que está haciendo, siga mejor de vacaciones en La Mareta. Los socialistas de Ceuta van a ir a la manifestación de hoy pese a la asombrosa consigna del partido. A los socialistas ceutís les va la vida en ello, ahora no tanto en sentido literal como metafórico, aunque por los pelos.

¿Qué le vamos a hacer? Son rotos, y lo inteligente y caritativo es acompañar en el rito de paso a los exsanchistas de Ceuta y del resto de España. De Sánchez se sale. Hay que acogerlos como refugiados intelectuales y morales, suspendiendo un rato el juicio entre ratas y rotos, incluso con presunción de rotura. Además, la gente también rota y cambia de ideología. Si confiamos en el pendulazo, hay que permitir que el personal pendulee.

Yo no pediría certificados de limpieza de voto ratonil, salvo casos patentes de peste negra. El reto de las reformas que España tiene por delante va a requerir amplísimas mayorías sociales. Y no olvidemos la ancestral fuerza de la fe del converso, lenta pero poderosa. Cada socialista que sale no sólo deja de sumar a Sánchez: empieza a restarle.

Fondo newsletter