Marcial Cuquerella (Cartagena, 1977). Ingeniero Industrial e Ingeniero Informático. Hermano, hijo, nieto y bisnieto de marino. Vinculado toda su carrera al mundo de los medios, fue director de Intereconomía de 2005 hasta 2014. Hoy inversor en empresas de tecnología y asesor estratégico en compañías de comunicación.
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Marcial Cuquerella (Cartagena, 1977). Ingeniero Industrial e Ingeniero Informático. Hermano, hijo, nieto y bisnieto de marino. Vinculado toda su carrera al mundo de los medios, fue director de Intereconomía de 2005 hasta 2014. Hoy inversor en empresas de tecnología y asesor estratégico en compañías de comunicación.

Por qué Hasel está bien en la cárcel

Soñar el silencio con ruidos sordos del patio al que daba ese cuarto. El gas calentando la enorme olla de agua para hacer la leche, siempre siete cucharadas bien copadas de El Buen Pastor, una por hermano, colas en los dos cuartos de baño mientras 5 niñas, de 12 a 20 años, ponen a punto su coquetería. Las pequeñas, hasta los dieciséis, con uniforme de falda tableada negra, porque es invierno, y polo blanco. Las mayores con vaqueros de los ochenta, pero cardado y jersey indefectiblemente demasiado grande para ellas con colores chillones. 

La voz de mi madre despertando al pequeño (a mí) con esa canción tan extraña y tan nuestra:

Arriba Juan, arriba Juan

Vamos a la Escuela

Ay no mamá, Ay no mamá

Me duele la muela

Se iba despertando el patio de las casas de marina. Mi padre, ya despierto con su uniforme, que iba añadiendo barras a su bocamanga a medida que iba ascendiendo. Sentado en el cuarto de estar desayunando, escuchando a Antonio Herrero en la COPE, mientras mi madre, todavía en bata, le comenta la jugada de los niños que son unos cuantos, aunque el mayor ya está en la Escuela Naval. 

Mermelada de naranja amarga, café requemado, pasos apresurados de todas ellas, risas o protestas, sueño, mimos al renacuajo, ellas que llegan tarde, raya al medio y colonia S3… y ellos.

¡Que tengas buen día papá!. El examen ¡no te lo sabes!, ¿llevas la ropa para gimnasia?, venga que no llegas al autobús, despídete de tu padre y a desayunar rápido. 

Ver irse a mi padre con su portafolios de mano, beso de mi madre, que en cuanto baja el ascensor cierra la puerta de casa y se dirige a la ventana que da a la calle y se asoma para ver “si hay alguien”. Siempre hay alguien. Dos infantes de marina con antibalas y ametralladoras en el portal, dando los buenos días. Saludan a mi padre al verle salir, que va con una mano metida en el maletín, agarrando el revólver. Hoy el coche está aparcado cerca, gracias a Dios, y mi madre puede ver cómo, rutinariamente se arrodilla para mirar los bajos no vaya a ser, mientras ella reza su oración:

Contigo va Virgen pura,

y en tu poder va confiado

pues yendo de Ti amparado,

Su alma volverá segura.

Dulce madre no te alejes

tu vista de él no apartes

ve con él a todas partes

y solo nunca le dejes.

Y ya que le proteges tanto

como verdadera madre,

haz que le bendiga

El Padre, El Hijo, y el Espíritu Santo, amen.

Los hijos del bloque de viviendas militares esperamos en una esquina al bus, comentando la peli de ayer, el Madrid, Magic Johnson… subimos, y miro siempre al mismo asiento donde está la niña que me gusta. Sigue ahí, me mira y me sonríe. Nunca llegaremos a hablar. Está la radio puesta en los altavoces, Herrero habla de que ha habido un nuevo atentado en Madrid. Se hace el silencio, tan conocido ya, entre todos los niños. ¿A quién le ha tocado esta vez?.

Nosotros, la generación naranjito, vivió amenazada e integrando en su vida la muerte y el miedo. Está en nuestro ADN, y todos los domingos en misa rezábamos porque acabara

Llegamos a clase, los comentarios de siempre: “ha sido por la zona de Pio XII”, “no, ha sido un coche bomba en el puente de Vallecas”, si ha sido por Vallecas les ha tocado a los de Tierra, si es Pio XII han sido marinos. Estamos juntos, reconocemos las señales, sabemos las zonas y las rutas de escape terroristas, sabemos que si es una calle estrecha es probablemente tiro en la nuca, y si es grande, una bomba tiene más onda expansiva, somos expertos en terrorismo y tenemos 10 años.

En mis recuerdos siempre están ellos. Siempre. A veces no les veíamos. Otras veces notábamos su presencia. Otras veces les veíamos. Una vez bajó con mi madre a escuchar las conversaciones en vascuence que tenían enfrente de casa. Aprendimos que la mejor forma era enfrentarse a ellos, ponérselo difícil, que primero lanzaban tres comandos informativos a revisar los pasos de tres objetivos, e iban a por el más fácil. Por eso vi a mi padre enfrentarse a uno de ellos, y por eso a las dos semanas mataron a un juez togado militar, que no les detectó.

No vamos a permitir que un artista de tercera exija una falsa libertad de expresión usando el terrorismo. No nos vamos a acostumbrar a que estén en el gobierno, con sus gestos afeados por el odio, diciéndonos que hay que perdonar (…). Y no vamos a normalizar su blanqueamiento

Nos piden hoy que nos olvidemos, y para mí, y para muchos miles de nosotros, cuya infancia es semejante a esta, es imposible olvidarlo. Nosotros, la generación naranjito, vivió amenazada e integrando en su vida la muerte y el miedo. Está en nuestro ADN, y todos los domingos en misa rezábamos porque acabara, y en el ardor juvenil nos conjurábamos para combatirles y vencerles. Vivimos y aprendimos a vivir con miedo, y a superarlo, y a salir de casa, y a ver a nuestra madre rezar y a ver a nuestros padres acudir en silencio a funerales de compañeros.

No podemos banalizar todo esto, no podemos reírnos de sus payasadas, cantar sus mediocres canciones y no vamos a permitir que un artista de tercera exija una falsa libertad de expresión usando el terrorismo. No nos vamos a acostumbrar a que estén en el gobierno, con sus gestos afeados por el odio, diciéndonos que hay que perdonar, un perdón que ellos no pidieron por unos actos que ahora les tienen en el poder. Y no vamos a normalizar su blanqueamiento.

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