«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La Gaceta de la Iberosfera
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Barcelona 1959. Escritor y periodista. Su último libro publicado es “PSC: Historia de una traición” (Deusto, 2020). Premio Ciutat de Barcelona año 2000 en Radio y Televisión.
Barcelona 1959. Escritor y periodista. Su último libro publicado es “PSC: Historia de una traición” (Deusto, 2020). Premio Ciutat de Barcelona año 2000 en Radio y Televisión.

¿Qué es esto de Europa?

5 de junio de 2024

Como les supongo informados acerca de que este domingo estamos llamados a votar en las elecciones europeas sería interesante saber en qué consiste eso que llaman Europa. Empezaremos por decir que la definición es errónea. Deberían llamarla, en lugar de Unión Europea, Burocracia Europea. Al lado de ese monstruo de papeleo, expedientes, normas, leyes y funcionarios, el castillo de Kafka es de una simpleza rayana en lo ingenuo. Pero, cuidado, porque cualquier papelito que salga de esa especie de laberinto del Minotauro nos afecta a todos. ¿En interés de quién se escriben tales memorándums? En el caso español no será en el de agricultores, ganaderos, pescadores, pequeños y medianos empresarios, autónomos, en fin, la gente normal, esa ordinary people que debería ser el principal desvelo de cualquier gobernante.

Por lo tanto, en Europa se gobierna para Europa lo que equivale a decir que se gobierna para las élites. Los miembros del Bilderberg, club exclusivo en el que no se entra sin invitación porque el portero es muy suyo, saben mucho de Europa y de su papel puramente secundario en le orden mundial. La partida se juega entre China, que ya es la primera potencia mundial en todos los órdenes, y unos Estados Unidos más debilitados que nunca tras el juicio a Trump y la senilidad de Biden. A Europa, por desgracia, los geoestrategas sólo la ven como un centro comercial en el que instalar sus córneres y vendernos lo que sea. Igual que a España la ven como una playa con forma de península que teniendo hoteles, camareros, aeropuertos y gracejo vamos sobrados. Uno recuerda, ya son sesenta y cinco años los que llevo a las espaldas, que en mis tiempos mozos España tenía industria siderúrgica, industria en general, fabricábamos camiones, automóviles, trenes vanguardistas como el Talgo y si no fabricamos la bomba atómica fue porque los norteamericanos lo cortaron por lo sano y nunca mejor dicho.

España disponía de una flota pesquera notable, de una agricultura que exportaba a medio mundo, de un comercio interior y exterior próspero, había trabajo y una familia humilde podía, dejándose la vida, eso sí, comprarse un piso y darle estudios universitarios a sus hijos, amén de comprarse el entrañable 600. Se creó una clase media, la misma que ahora se ha destruido.

Pero no éramos europeos y era preciso serlo, aunque el Reino Unido no formase parte de la Comunidad Europea o Francia pasara de la OTAN y tuviera su propio programa nuclear militar. Del Euro ya ni les hablo, porque teniendo que pagar a Hacienda ya mismo y viendo nuestros saldos bancarios no es preciso decir lo bien que nos ha ido con la moneda única. Por lo tanto, esa Europa que ahora dice que vayamos a votar y que tanto nos ha costado se merece un voto cariñoso. Porque no está todo perdido. Miren a Meloni, que quiere una Europa con capital en Roma, lo que no me parece mala idea. Europa como suma de naciones independientes que pactan cosas en mutuo beneficio. Ahí, sí.

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