Itxu Díaz (La Coruña, 1981) es periodista y escritor. En España ha trabajado en prensa, radio y televisión. Inició su andadura periodística fundando la revista Popes80 y la agencia de noticias Dicax Press. Más tarde fue director adjunto de La Gaceta y director de The Objective y Neupic. En Estados Unidos es autor en la legendaria revista conservadora National Review, firma semalmente una columna satírica en The American Spectator, The Western Journal y en Diario Las Américas, y es colaborador habitual de The Daily Beast, The Washington Times, The Federalist, The Daily Caller, o The American Conservative. Licenciado en Sociología, ha sido también asesor del Ministro de Cultura Íñigo Méndez de Vigo, y ha publicado anteriormente nueve libros: desde obras de humor como Yo maté a un gurú de Internet o Aprende a cocinar lo suficientemente mal como para que otro lo haga por ti, hasta antologías de columnas como El siglo no ha empezado aún, la crónica de almas Dios siempre llama mil veces, o la historia sentimental del pop español Nos vimos en los bares. Todo iba bien, un ensayo sobre la tristeza, la nostalgia y la felicidad, es su nuevo libro.
Ver biografía
Ocultar biografía
Itxu Díaz (La Coruña, 1981) es periodista y escritor. En España ha trabajado en prensa, radio y televisión. Inició su andadura periodística fundando la revista Popes80 y la agencia de noticias Dicax Press. Más tarde fue director adjunto de La Gaceta y director de The Objective y Neupic. En Estados Unidos es autor en la legendaria revista conservadora National Review, firma semalmente una columna satírica en The American Spectator, The Western Journal y en Diario Las Américas, y es colaborador habitual de The Daily Beast, The Washington Times, The Federalist, The Daily Caller, o The American Conservative. Licenciado en Sociología, ha sido también asesor del Ministro de Cultura Íñigo Méndez de Vigo, y ha publicado anteriormente nueve libros: desde obras de humor como Yo maté a un gurú de Internet o Aprende a cocinar lo suficientemente mal como para que otro lo haga por ti, hasta antologías de columnas como El siglo no ha empezado aún, la crónica de almas Dios siempre llama mil veces, o la historia sentimental del pop español Nos vimos en los bares. Todo iba bien, un ensayo sobre la tristeza, la nostalgia y la felicidad, es su nuevo libro.

Respuesta de los juguetes al ministro

Hola. Somos los juguetes a los que el ministro Garzón, en un atropello inédito de nuestras libertades, ha usurpado vilmente su identidad para la ridícula campaña “Huelga de juguetes”. Queremos aclarar, antes de nada, que ninguno de nosotros ha convocado una huelga el 12 de diciembre, que la muñeca enfadada que grita a una masa imaginaria en el spot del Ministerio no es ninguno de nosotros, sino Greta Thunberg disfrazada de Pepona, y que el superhéroe pesadísimo que también interviene en el video de la convocatoria -aunque no creemos que sea necesario decirlo- tampoco es un juguete real, sino que se trata del ministro Garzón, como podéis apreciar fácilmente al ver que levanta trescientas veces el puño durante su arenga progresista a favor de no sé qué del sexismo entre los niños. Nosotros no somos tan pelmas.

Yo, como representante del sector de las cocinitas, me opongo radicalmente a la idea de que caigan en manos de los niños, como exige el ministro. Un día no nos importa, pero sabemos mucho mejor que Garzón que cada vez que caemos en manos de esas pequeñas bestias no hay ni rastro del cariño y el amor con que nos tratan las niñas, sino que esos animales nos arrancan la puerta del horno, nos golpean los hornillos con huevos fritos, y utilizan nuestras tapas de ollas y sartenes como malditos platillos, eso cuando no nos lanzan directamente por la ventana gritando “¡comienza la guerra!”.

Nos gusta la libertad. La libertad total y verdadera. Estamos locos, somos juguetes. Y somos para otros locos, los niños

Y yo, el Increíble Hulk, como portavoz de los muñecos para niños, advierto que convocaré una huelga de superhéroes, si el ministro insiste en enviarnos a todos con las niñas. La última vez que caí en una de esas familias woke, los papás obligaron a la niña a jugar conmigo, y pasé la tarde sentado en un salón de peluquería soportando tratamientos de belleza, bailando los Cantajuegos, y dejándome pintar como una Barbie, en lo que fue tal vez el momento más humillante de mi larga trayectoria como salvaje furioso que aplasta a los enemigos y les arranca la cabeza. 

Dice el ministro impostor que ha llegado la hora de que sean los niños quienes elijan con qué quieren jugar, libres de estereotipos o al algo así. Como juguetes de limitada formación académica, no tenemos ni idea de lo que son “estereotipos”, pero recomendamos al ministro que se ande con mucho cuidadito con los insultos, porque tenemos a nuestra disposición la mayor colección de armamento militar del mundo. 

Ministro, saque sus sucias pezuñas de adulto de nuestros niños y ocúpese de temas de mayores, como el precio de la luz

Por lo demás, somos nosotros los primeros que estamos a favor, como siempre hemos estado, de que sean los niños los que elijan lo que les da la gana en sus cartas a los Reyes Magos. Estamos felices en cualquier hogar y con cualquier niño, porque nuestra única misión en la vida es despertar su sonrisa, y disfrutar con sus mundos imaginarios. Por eso nos indigna esta campaña que pretende acabar a la fuerza con la existencia de juguetes masculinos y juguetes femeninos, porque eso supone manipular a los niños en su elección, y forzarlos a que no puedan disfrutar y convivir con las evidentes diferencias entre sexos que, a medida que van creciendo, les proporciona algunas de las mejores cosas de la vida, como seguramente el ministro ignore.

En resumen, ni estamos en huelga ni lo vamos a estar. Nos gusta la libertad. La libertad total y verdadera. Estamos locos, somos juguetes. Y somos para otros locos, los niños. Usted, ministrillo, nunca podría entenderlo. Por eso le ruego que saque sus sucias pezuñas de adulto de nuestros niños y se ocupe de temas de mayores, como el precio de la luz, que a muchos de nosotros ya nos han amenazado con cambiarnos los cables por incómodas manivelas esta Navidad, gracias a la brillante gestión de su presidente.

A propósito, también hemos estado hablando con nuestras amigas las chuches y la Fanta de naranja, grandes amigas de los niños, y están indignadas con el Ministerio de Consumo. La Fanta, más descarada, y hablando en nombre de todas las bebidas carbonatadas y azucaradas, nos ha pedido que despidamos esta misiva con un mensaje suyo dirigido al señor ministro, y así lo haremos, en solidaridad con su causa: “Deje de tocarnos las burbujas. Primer aviso”. 

Deja una respuesta