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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Ni Rosell ni Fernández-Díaz son Caracalla

7 de junio de 2016

El emperador Antonino Caracalla tuvo el mérito de otorgar la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del Imperio, concluyendo de esa forma el proceso de romanización. Las consecuencias traspasaron todos los ámbitos de la sociedad, en política por el acceso a las magistraturas, en lo religioso por poder participar del culto romano, en lo militar por que Roma pudiera tener más legionarios. Pero lo más importante, el motivo por el que se tomó esa decisión (es en lo que coinciden más historiadores) fue por la pasta, por motivos fiscales, ya que ahora habría más ciudadanos que tributarían por transmisiones hereditarias y manumisiones de esclavos.

Este Edicto data del año 212 y fue promulgado por el emperador Marco Aurelio Antonino Basiano, llamado también Caracalla (por poner de moda una capa larga típica de la Galia, llamada “caracalla”). Con esta medida consiguió sufragar las costosas campañas militares en la frontera norte contra los germanos y en oriente contra los partos. Lo importante es que lo publicó, lo decretó, se mojó y tomó una decisión con la que cambió el futuro de su pueblo.

Juan Rosell, Presidente de la patronal CEOE manifestó el pasado 16 de mayo que “el contrato fijo y seguro es algo del siglo XIX” y que en el futuro habrá que ganarse el trabajo «todos los días”. Por otro lado, el Ministro del Interior en funciones, Jorge Fernández-Díaz aseguraba hace unos días que hay que acostumbrarse a que el contrato indefinido “forma parte de la historia”.

La intención de ambos personajes era explicar la evolución que sufre el empleo en Europa, pues Rosell hablaba de que es necesario adaptar a nuestro jóvenes al emprendimiento y para ello la Administración debe cambiar, potenciar la revolución digital y premiar al que apuesta por emprender. Pero Fernández-Díaz reflejaba que cuando hablamos de empleo de calidad lo identificamos a empleo fijo, cosa que él mismo hacía, pero que lamentablemente deberíamos ir acostumbrándonos a que ese tipo de empleo desaparecería. Pero lo que realmente quedó de esas dos sentencias es que vamos a peor, caminamos hacia un futuro en el que el esfuerzo y la constancia no serán recompensadas, un futuro en el que la única seguridad la aportará un puesto de funcionario. Por lo tanto, cuando lo que querían es que la gente emprenda, lo que van a conseguir es que los chavales se tiren de cabeza a las oposiciones de cualquier tipo de puesto, porque serán fijas y podrán tener tranquilidad.

Si lo que realmente quieren este Gobierno (en funciones) y la patronal es que nuestros jóvenes tomen como modelo Silicon Valley y no el acceso a una plaza de funcionario, lo que deberían hacer, en primerísimo lugar es reformar los contratos y que se refleje por Ley ese cambio, que sea el BOE el que deje bien claro que el contrato fijo (como lo conocíamos) ha muerto. Que tras ese cambio legal, sean las entidades financieras, las compañías de servicios y la sociedad en general, la que acepte que “el contrato fijo ha muerto”. De esa forma los bancos concederán hipotecas por igual, a un funcionario o a un emprendedor que está desarrollando un gran producto.

Si tan convencidos están, hagan como Caracalla y decreten todos esos pensamientos por Ley, pónganlo en negro sobre blanco y así todos sabremos a que atenernos. Pero lo que no puede ser es que a la vez que la política y los empresarios decretan el fin del contrato fijo, las entidades bancarias siguen pidiendo un contrato fijo para conceder hipotecas y créditos a esos jóvenes a los que les estamos diciendo que no piensen en el contrato fijo como una meta.

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