«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Director de Rius TV en YouTube. Trabajó antes en La Vanguardia y en El Mundo. Director de e-notícies durante 23 años.

Sánchez alienta el efecto llamada

28 de enero de 2026

La regularización de más de 500.000 inmigrantes —y sus hijos menores— alienta el efecto llamada y dará alas a VOX. Hay una tendencia marcada en el mapa político español:cada vez más votantes de izquierdas se pasan a la derecha. De hecho, no sólo en España. También en todo el mundo. Basta ver los últimos resultados electorales. ¡Incluso en el Chile de Allende! La inmigración se ha convertido en la principal inquietud de los electores. 

En parte porque la izquierda ha preferido mirar hacia otro lado o, todavía peor, abrir las puertas de par en par. Se creen que a la larga los votarán a ellos. Pero sus simpatizantes son los que más sufren sus consecuencias.

La ministra de Migraciones, Elma Saiz, o la líder de Podemos, Irene Montero, deberían irse a vivir una temporada a Salt o a Parla, por citar dos ejemplos. En la primera, la población extranjera supera el 37% y en la segunda, el 22. A ver qué piensan entonces del multiculturalismo. Porque es evidente que genera problemas no sólo de convivencia —aquello que la sabiduría popular ha bautizado como «son sus costumbres y hay que respetarlas» —, sino igualmente de inseguridad ciudadana.

También, por supuesto, en vivienda, como ha puesto de relieve en más de una ocasión el portavoz de VOX en la materia, Carlos Hernández Quero. Es de cajón: si han llegado más de dos millones de personas en los últimos años, en algún sitio tienen que dormir. Sin entrar en otros problemas ligados al fenómeno migratorio como la okupación o los inquiokupas.

También en salud y educación. La prueba es que la mayoría de representantes políticos, al menos en Cataluña, tienen mutua. Tampoco llevan a sus hijos a la escuela pública. Optan por la privada o la concertada. No lo dicen, pero en muchos casos es por la inmigración. O para llevarlos escapar de la inmersión y llevarlos a una escuela trilingüe.

La prueba es que Pablo Iglesias se fue a vivir a Galapagar. Y Puigdemont, en cuanto se fugó a Bélgica, a Waterloo, que es un municipio pijo. Mientras que su consejero de Salud, Toni Comín, se instaló en Lovaina, ciudad universitaria. Ni uno ni otro optaron por Molenbeek, el barrio musulmán de Bruselas.

Por eso la inmigración es el punto débil del PP. Han empezado a hablar tarde y mal. Entre otras razones, porque siempre temían que los pusieran en el mismo saco que VOX. Ahora se oponen a la regularización de inmigrantes, pero apoyaron la ILP en el Congreso hace apenas unos meses.

Hay dos tendencias electorales: una, el trasvase creciente de votos del PSOE a VOX. El partido de Abascal recoge sufragios tanto del PP como de los socialistas. En este último caso, unos 300.000 sufragios. Basta ver lo que ha pasado en Extremadura. María Guardiola subió apenas un escaño: de 28 a 29. Es cierto que, en cuanto a porcentaje, pasó del 38,8% al 43,2%. No obstante, bajó en votos totales: de 236.000 a 228.000. En resumen: para este viaje no se necesitaban alforjas. En cambio, VOX casi dobló el número de votos: de 49.000 a 89.000. Del 8% a casi el 17%. En una comunidad, por otra parte, donde hay solo un 4,1% de personas de origen extranjero, según datos oficiales. Mientras que el batacazo del PSOE fue de órdago: perdió diez diputados de golpe. De 28 a 18. De 242.000 a 136.000 votos. Del 40% al 25%. En una región, por otra parte, que hace apenas unos lustros era un sólido feudo electoral.

Sin embargo, hay todavía otra pauta: el PP no despega. En el CIS de noviembre se quedaba en torno al 22,4% de los votos. Mientras que Abascal se situaba incluso en segundo lugar como preferido para presidente del Gobierno con el 18,2%, superando a Feijoo en casi 4 puntos (14,8%). Sí, ya sé que es el CIS de Tezanos —el PSOE seguiría ganando—, pero en el de este mes de enero el PP quedaría segundo con un 23%, sintiendo ya el aliento de VOX en el cogote: 17,7%.

A pesar de que en las elecciones generales de julio del 2023, Alberto Núñez Feijoo llegó al 33%: más de ocho millones y 137 escaños. ¿Era su techo electoral? Ha visto esfumarse, desde entonces, casi diez puntos. Y con la que está cayendo. Déjenme plantear una última hipótesis: la regularización aprobada ayer por el Consejo de Ministros no es una medida a favor de Podemos, también contra del PP. Sánchez cree que debilitando al partido de Feijoo puede sacar provecho con el llamado «voto del miedo» y la cantinela de que viene el coco. Como cuando resucitan a Franco cada dos por tres.

Mitterrand hizo lo mismo en los años 80: dio cancha al Frente Nacional. Entonces un partido minoritario, para frenar a la derecha tradicional. El tiro le salió por la culata. Ya ven dónde está ahora el partido de Marine Le Pen y dónde están los gaullistas, rebautizados como los Republicanos: 125 escaños a 39. Aunque los socialistas, diluidos en el Frente Popular de Mélenchon, están todavía peor. Querer mantenerse en el poder a toda costa a la larga pasa factura.

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