«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La Gaceta de la Iberosfera
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Periodista, escritor e historiador. Director y presentador de 'El Gato al Agua' de El Toro TV.
Periodista, escritor e historiador. Director y presentador de 'El Gato al Agua' de El Toro TV.

Sánchez y el mundo (esto sólo es una hipótesis)

28 de mayo de 2024

Como esto sólo es una hipótesis, la formulo en primera persona del singular. Se trata de lo siguiente: me cuesta mucho creer que los jeribeques del Gobierno Sánchez en materia de política exterior sean, simplemente, el producto de una personalidad desequilibrada que improvisa sobre la marcha en función de las presiones que Su Excelencia recibe. Ciertamente, el augusto presidente está demostrando padecer algún tipo de desequilibrio. Pero en esta cuestión de la política exterior, que es donde más caras pueden salirle las frivolidades al jefe de un país cipayo como el nuestro, dudo mucho que las cosas de Pedro sean decisiones propias.

Por ejemplo, se da por verdad comúnmente aceptada que el giro hacia Marruecos es fruto de los secretos descubiertos en su teléfono móvil por los espías de Mohamed VI. ¿Y qué secretos serían esos? Porque cuesta imaginar una operación de extorsión política tan escandalosamente visible sobre la base de informaciones personales desconocidas. Por el contrario, casi nunca se repara en que el dichoso giro saharaui (antisaharaui, más bien), vino precedido por una gira magrebí (y madrileña) de doña Elizabeth Allen, mano derecha del secretario de Estado norteamericano Anthony Blinken. Y que los Estados Unidos son precisamente los primeros interesados en fortalecer la posición de Mohamed VI como aliado preferencial en la región. A los pocos días apareció aquella ominosa carta de Sánchez a Mohamed escrita originalmente en idioma extranjero. La cosa es que Sánchez hizo exactamente lo que los norteamericanos querían, o sea, consagrar a Marruecos como potencia dominante en la zona, y ello a costa de hacernos un agujero de considerables dimensiones al cerrar el abastecimiento de gas argelino. Cierto que, a cambio, se nos está dejando —y no sólo a nosotros— importar grandes cantidades de gas ruso. ¿O no le extraña a usted que nuestras compras de gas ruso no despierten el menor reproche en nuestros jefes de Washington y Bruselas? Algo raro pasa aquí.

También pasa algo raro, rarísimo, en ese asunto del reconocimiento del Estado Palestino. La opinión común es que Sánchez, que en el fondo sería muy rojo, se habría liado la kufiya palestina a la cabeza para arremeter contra la americanosfera, y de ahí la escenificación. Es algo que le viene bien creer tanto a la derecha como a la izquierda. Pero, claro, resulta que el reconocimiento del estado palestino no ha sido sólo cosa de España, sino también, simultáneamente, de Irlanda y de Noruega, es decir, tres países que comparten estatuto de fieles aliados (léase vasallos) de la Casa Blanca en materia exterior, dóciles y bienmandaos y, por otra parte, irrelevantes, pues nada se va a conmover en el mundo por el gesto diplomático de Madrid (otra cosa sería París, Berlín, Londres… ¿pero Madrid?). A lo mejor es interesante saber que, muy pocos días antes del anuncio palestino de nuestro gobierno, el ministro de Exteriores, Albares, acudió a Washington a entrevistarse con Blinken, y a la salida de la reunión se apresuró a montar una rueda de prensa para explicar que, por supuesto, España no había pedido permiso a los Estados Unidos para reconocer al estado palestino. ¡Suena tanto a excusatio non petita…! Cuando, además, uno constata las oblicuas presiones de Washington para contener un poco a Netanyahu sin que se note demasiado, entonces es inevitable pensar que aquí España (como Irlanda, como Noruega) ha hecho un trabajito por encargo. Trabajito que, ciertamente, a Sánchez le viene bien para cuidar su propio huerto, por más que la reacción becerra del ala ultraizquierda de su gabinete haya generado un problema diplomático descomunal. Y luego está lo de Margarita Robles acusando a Israel de genocidio. A ver: nadie recuerda cuándo hubo en España un ministro de Defensa que no fuera hechura de la OTAN (quizá sólo en tiempos de Zapatero, y bien rápido que rectificaron). Cuesta creer que la Robles haya dicho eso sin el permiso tácito de Stoltenberg y Borrell. Huele a juego de sombras chinescas: vemos las sombras, pero no las manos tras el escenario.

Esto, ya digo, sólo es una hipótesis. Puedo estar equivocado. Puede que España no sea el país militar y económicamente menor que es —por tanto, títere en manos de otros—, sino una gran potencia capaz de tomar por sí misma decisiones arriesgadas a despecho de la OTAN, del Banco Central Europeo y del sursuncorda. Si los submarinos nucleares británicos campan a sus anchas en Gibraltar sin que aquí proteste nadie (bueno, mi amigo Guillermo Rocafort), también puede ser casualidad. Puede, igualmente, que Sánchez sea un criptorrojo de tres pares de Gulags, y que la inversión de 60.000 millones de euros de Black Rock en nuestro país sea una argucia para ocultar la soviética realidad. Y puede, en fin, que, pese a todas las apariencias, Sánchez esté más cerca de Maduro que de Soros y de Bill Gates. Puedo, ya digo, estar equivocado. Por eso insisto en que esto sólo es una hipótesis. ¿No?

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