«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Enrique García-Máiquez (Murcia, pero Puerto de Santa María, 1969). Poeta, columnista y ensayista. Sus últimos libros son 'Verbigracia', (2022) poesía completa hasta la fecha; y 'Gracia de Cristo' (2023), un ensayo sobre el sentido del humor de Jesús en los Evangelios

Seres que admirar te quedan

31 de diciembre de 2025

Es un signo de esperanza –pues no nos rendimos– que terminemos el año haciendo propósitos para el que viene. Yo soy experto en firmes propósitos. Mi problema de esta noche es que ya tengo tan afinada mi lista que, como la realidad viene luego con sus rebajas, puedo prorrogar los mismos propósitos de año en año, como si fuesen los presupuestos generales de Sánchez.

Para no ser como Sánchez, sin embargo, y por puro virtuosismo, me gusta añadir cada año nuevo un objetivo, que ya no podré borrar nunca más de mi lista. Como estos propósitos añejos los tengo todos esculpidos en mármol año tras año, no me queda más remedio que rozar el campo de los sueños o las utopías.

Para el 2026 sueño que me encarguen una sección de artículos fijos titulada: «No pocos seres que admirar te quedan». Muchos de mis lectores habrán adivinado el eco de un verso (más triste) de Luis Cernuda: «Muy pocos seres que admirar te quedan».

No son tan pocos. En un momento en que España parece la cueva de Alí Babá, es muy importante señalar a quienes merecen nuestra admiración más rendida en todos los campos: la literatura, el pensamiento, la fe, el deporte e incluso la política, que también los hay. El igualitarismo nos está hundiendo y una de sus peores secuelas es lo difícil que nos hace reconocer el mérito. No olvidemos nunca el aviso de Nicolás Gómez Dávila: «Negarse a admirar es la marca de la bestia».

Ensalzar el mérito hace muchísimo bien. Primero a nuestra alma, que se inclina a la bondad práctica, a la inteligencia en acción y al valor ejercido. Pero además anima a las personas valiosas a la perseverancia. Nuestra admiración a otros les dice que, si se emplean a fondo, no sólo van a toparse con envidias y reticencias, sino que encontrarán también aplausos y ánimos. No daremos ejemplo, pero podemos dar ánimos. Y una cosa sí nos atrevemos a proponer a la emulación ajena: nuestra predisposición al encomio, que ojalá cunda.

En cuanto juntase treinta y nueve personas que admirar tendríamos una gran esperanza nacional. Recordemos lo que dijo, ante el poderío global del Imperio español, Al-Maqqari el desolado historiador musulmán del siglo XVI, rememorando la conquista de España: «No había quedado sino la roca donde se refugia el rey llamado Pelayo con trescientos hombres». Los soldados musulmanes no cesaron de atacarle hasta que sus soldados murieron de hambre y no quedaron en su compañía sino treinta hombres y diez mujeres. Y no tenían que comer sino la miel que tomaban de la dejada por las abejas en las hendiduras de la roca. Los musulmanes al cabo los despreciaron diciendo: «Treinta asnos salvajes, ¿qué daño pueden hacernos?«. Desde la altura del Siglo de Oro se veía con nitidez lo que pueden hacer treinta y nueve personas.

Es un proyecto difícil porque igual que al tonto se le ve venir de lejos, a las personas admirables les acompaña la discreción, la sencillez y cierto apartamiento. Es verdad que el olfato o el instinto nos avisan de cuando podemos estar antes alguien de mucha valía, pero aquí trataríamos de dar razón detallada de nuestro aplauso y eso exige algo de lo más difícil que existe: atención. Esto es, tiempo, simpatía, humildad y estudio. Casi nada.

En el jaleo de la actualidad, es fácil escribir un epigrama. Saber ante quién, por qué, cuánto y cómo hay que admirar es más arduo. Pero más necesario. Y si ustedes piensan que tal y como está España necesita epigramas, noten que lo que más rabia le da a nuestro tiempo es la valía auténtica socialmente reconocida. Si quieren escocer a la posmodernidad, admiren.

Quizá sea una labor demasiado ambiciosa para alguien que también tiene que escribir epigramas, dar clases, escribir poemas y toda la pesca. Aunque incluso esto puede ser otra ventaja. ¿Y si nos proponemos y soñamos que ese libro o esa serie la vivimos entre todos? ¿Quién se apunta a estar la atento este 2026? Juntos comprobaremos, alborozados, que no pocos seres que admirar nos quedan. Feliz año.

Fondo newsletter