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Enrique García-Máiquez (Murcia, pero Puerto de Santa María, 1969). Poeta, columnista y ensayista. Sus últimos libros son 'Verbigracia', (2022) poesía completa hasta la fecha; y 'Gracia de Cristo' (2023), un ensayo sobre el sentido del humor de Jesús en los Evangelios
Enrique García-Máiquez (Murcia, pero Puerto de Santa María, 1969). Poeta, columnista y ensayista. Sus últimos libros son 'Verbigracia', (2022) poesía completa hasta la fecha; y 'Gracia de Cristo' (2023), un ensayo sobre el sentido del humor de Jesús en los Evangelios

«Si lo sé no vengo»

12 de enero de 2024

Antes de criticar un poco a Alberto Núñez Feijoo, le daré las gracias. Un comentario suyo me ha dado tema para este artículo y eso me ha evitado escribir un siempre impertinente «Yo ya lo dije» sobre mi advertencia de que la auténtica china en el zapato de Sánchez serían los cinco de Podemos. Le van a dar días de gloria y acaban de empezar.

Afortunadamente, Feijoo ha acudido a mi rescate con una frase que se cae de espaldas de boba. Ha dicho: «No me hubiese dedicado a la política si hubiese sabido que consistía en lo que he vivido en los últimos meses, en los últimos días y en las últimas horas». O sea, que se ha marcado un «Si lo sé no vengo» de manual.

Le vuelvo a dar las gracias porque al final votase que no a los decretos del PSOE, exponiéndolo al ridículo que se merece. Y también ha sido afortunada su crítica al descontrol gubernativo. Parece que se va a hacer esa oposición frontal. O sea, que, por lo mollar, bien.

Lo malo es la frase, que demuestra las peores carencias del líder del PP. Hay una evidente falta de gallardía. Lo caballeroso es decir: «Qué privilegio estar aquí, en la primera línea de batalla, para luchar por el prestigio de mi país en estas horas oscuras. Si estuviese en mi casa, sin poder hacer nada más que votar cada cuatro años, me consumiría la impotencia, como a tantos españoles de bien». Freudianamente demuestra una manera de ver la política muy de Rajoy: estar tranquilo dejando que pasen el tiempo y arrellanado en el sillón. De otra forma, no compensa, dicen.

Encima, con su frase, desprestigia la política cuando más falta nos hace. Tiene razón Feijoo en que el espectáculo ha sido lamentable, por supuesto, pero si la respuesta es suspirar «Ay, ay, quién estuviese en casita…», se deja todo el espacio político a la izquierda. Se le regala el escenario del esperpento como ya se le regaló el marco cultural.

Por último, y lo peor: es mentira. Si fuese cierto, siempre podría dimitir en un gesto digno del príncipe de Salina en El Gatopardo: «Me voy a mi casa y rapiñad vosotros el poder». Podría replicarme: «Ya tengo un compromiso y he de cumplirlo aunque con asco». «Olé al compromiso», diría yo. Pero sigue siendo mentira. Porque la política ha sido sucia y dura siempre. Cada vez que, por subir, uno ha vendido sus principios o ha incumplido su palabra o ha traicionado a un compañero, ya estaba ejerciendo el lado oscuro. Hay dos opciones: o Feijoo es un cándido con un lirio en la mano que ¡hasta ahora! creía que la política era un reino inmaculado o nos está colando un babetazo teatral para ponerse muy digno contra Sánchez. Yo creo que es lo segundo, que es lo que menos mal le deja. El problema es que una mentirijilla siempre debilita un discurso.

Y encima abre la puerta a la insidiosa intromisión del yo. Estamos hablando de España, de nuestro sistema jurídico-político que están haciendo pisto, de nuestra encrucijada histórica, y para mí que está de más entrar en lo que uno siente o lo que habría hecho y tal. Con esta frase convoca muy mal a los españoles a la resistencia. Decir que uno desde luego no habría ido, de haberlo visto venir, aunque no sea verdad, nos quita la gana de salir a los que estamos de lujo en nuestras vidas privadas. Es la hora de los gestos firmes y de los análisis claros, pero también de las frases medidas y verdaderas. E insisto, todo lo demás, mucho mejor, Feijoo.

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