'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

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Si él supiera escribir cartas de amor

24 de junio de 2016
En estos días aciagos en los que importa más el parecer que el ser, en los que me abandonas, sólo puedo pedirte humilde y desesperadamente que no lo hagas. 
 
En estos días aciagos en los que sólo es importante el descubrir a los demás tu falso sentir, en el que nos divierte confundir… En los que lo que de verdad importa es  sólo lo que se ve y no lo que se esconde, sólo puedo desearte mi amor, que seas feliz. Te confieso que te escribo tanto porque no me despedí: me quedo con tu amor y tu ternura. 
 
En estos días aciagos que me han enseñado a perdonar y a dar a las cosas su justa medida, en estos días en los que vengo en otros el daño que te infringí… justo en estos días, te pido perdón.  
 
Te pido perdón, por tu amor y tu desmesura, por tu confianza ciega y por permitir que depositaras en mi todas tus frustraciones. Pero sobre todo, te pido perdón por no saber demostrarte lo que me importabas. 
 
Te pido perdón por prometerte lo que nunca estuve en posibilidad de darte. Por no terminar de creerme lo que fervientemente te prometí. Lo que tú necesitabas, lo que yo te debía. 
 
En estos tiempos aciagos en los que triunfa la fachada por encima de los cimientos, en los que el torbellino tumultuoso del populismo se adueña de tu alma por encima de la rutina y el hastío de la moderación sentimental, le pido a tu conciencia que confíe en mí y me perdone. 
 
Y que apuestes  por las cosas en las que un día creímos. Para que otro no termine de romperte el corazón, a pesar del daño que ya te he hecho. Te pido una vez más que olvides las promesas incumplidas, esas que no te pude dar, que olvides mis deslices y mi dificultad de palabra al no saber expresar lo que me duele perderte.
 
Probablemente, si él supiera escribir cartas de amor, no se encontraría tan solo como se encuentra hoy, pero Mariano Rajoy nunca leyó a Becquer, a Neruda ni a Petrarca, tan solo se distrajo con el Marca y no se dio cuenta de lo que en verdad perdía.
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