No han tenido suficiente. La izquierda está recogiendo los frutos de llevar casi un cuarto de siglo destrozando infancias, convirtiendo la condición masculina de los niños en un infierno, y dando la matraca en las aulas hasta cotas que no alcanzarían ni todas las religiones de la historia juntas. Los niños ven un progre acercarse al colegio, ven a una activista con el pelo rosa, o ven a un climatólogo con camiseta contra las nucleares, y se santiguan. Cierto que ya no les hablan de Dios en las escuelas, pero ante un peligro inminente, todo el mundo se acuerda de Santa Bárbara. Luego cogen las redes sociales y ponen en circulación cientos de memes sobre «Perro Sanxe». Y, en cuanto tienen los 18, votan a cualquiera que no vaya a seguir dándoles el coñazo. Por lo visto, los embajadores de la izquierda española no han tenido aún suficiente rechazo. Quieren más. Qué vicio por hacerse odiar.
En San Antonio, Ibiza, que las del pelo rosa llaman «Sant Antoni, Eivissa», Podemos y PSOE quieren prohibir el fútbol en los recreos, porque es un deporte tóxico, dicen, que «genera graves problemas de convivencia», aunque a la vista está que genera muchos más problemas de convivencia la existencia de Podemos y del PSOE, dentro y fuera de las escuelas. Sólo hay algo cierto y es que los impulsores de la iniciativa aseguran que esta medida ya se está aplicando internamente en otros colegios, igualmente infectados de la tardo-estupidez woke, que es la peor de todas, cuando llegas tarde a una moda estúpida. Si hubieran intentado tocarnos las pelotas en el mío en los años 90, primero habríamos prendido fuego al colegio, y a continuación nos habríamos comido vivos a los políticos que tuvieron la idea, siempre después de hinchar a balonazos al director, mientras hacemos los equipos para el próximo partido.
Año pasado. Conocido colegio otrora católico, hoy cristiano sólo en su membrete, y víctima de toda gilipollez superflua, dañina, o intelectualmente aborrecible que se respire en el ecosistema progre: prohibimos el fútbol porque durante los recreos les caen balonazos a los que no están jugando al fútbol, e instamos a los niños a que dediquen sus recreos a pasatiempos típicos de niñas y viceversa, y si hay algún niñe, pues que haga lo que le pareciere. La propuesta duró dos meses porque se desataron motines. Y ya duró demasiado.
Desde siempre ha habido una fórmula extraordinariamente eficaz para evitar que te den balonazos si no estás jugando al fútbol: evitar cruzar paseando el puñetero terreno de juego. Hasta que ha llegado esta generación de tarados a la política, nadie encontraba opresiva, tóxica, ni fascista esta medida básica de supervivencia infantil. Hoy sí.
Imagino entonces que prohibirán el juego de la goma elástica. Nadaba yo en párvulos y aún me acuerdo. Recreo y bullicio entre niñas y niños. Mi valiente galopada con balón por la parte derecha del aparcamiento se vio frustrada justo antes del gol, por irrumpir en el terreno un corro de niñas junto a la banda, cruzando una simpática goma enredada en sus piernas, con la que este cronista se vio zancadilleado, partiéndose la crisma contra la gravilla y, lo que es peor, frustrando la oportunidad de empatar el partido sobre la campana. También he conocido otros accidentes de los recreos escolares que no parecen interesar a estos políticos: el golpe de peonza en el dedo gordo del pie, la ingesta accidental de una pelota de ping-pong, el resbalón tras pisar varias canicas, o el siempre terrible pinchazo con compás.
Dicen los partidarios de la estúpida iniciativa de prohibir las pelotas que también quieren eliminar los espacios de juego con suelo de hormigón —en realidad, en su idioma zulú particular, hablan de «deshormigonar»—, plantar árboles y crear zonas frescas con agua para que los patios del colegio sean ahora «refugios climáticos contra el calor extremo».
- Pedrito, ¿qué tal lo has pasado hoy en el recreo en el refugio climático?
- Horrible, mamá, la charo del pelo rosa me ha hecho jugar a las mamás con las muñecas de mi hermana.
- ¿Y tu hermana?
- La han puesto a deshormigonar.
Admito que me encanta ver a la izquierda volcar su odio más irracional contra los chavales, su libertad, y su naturaleza humana. Los chicos ya los tienen más que calados. Un día intentan censurarles Internet en represalia, y les amenazan con campañas apabullantes contra sus «delitos de odio» —es decir, por no alabar a Sánchez—, y al siguiente les amenazan con prohibir el fútbol en el colegio. Impresionante despliegue de medios del Estado para acosar a los niños.
Tienes once años. Todavía no has sido seducido por el cuerpo humano y su sistema digestivo, ni por las reglas de acentuación, ni siquiera excita tu curiosidad el estudio profundo de las fracciones. El sexo opuesto aún no te interesa y cumplir las leyes de escolarización obligatoria te la traen al pairo. Vas al colegio a jugar al fútbol con los amigos, deseando que el trámite de las lecciones y la «monotonía de lluvia tras los cristales» pase lo más pronto para poder volver a jugar una y otra vez. Y te lo quieren prohibir unos tipos que ni siquiera son de tu colegio. ¿Cómo no les vas a tomar la matrícula para el día en que puedas vengarte en las urnas?
Será fascinante contemplar la lenta incorporación al censo electoral de todas estas generaciones de zagales que han sido y siguen siendo víctimas del socialismo más enloquecido y estúpido de la historia.