«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Iván Vélez (Cuenca, España, 1972). Arquitecto e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno. Autor, entre otros, de los libros: Sobre la Leyenda Negra, El mito de Cortés, La conquista de México, Nuestro hombre en la CIA y Torquemada. El gran inquisidor. Además de publicar artículos en la prensa española y en revistas especializadas, ha participado en congresos de Filosofía e Historia.

Un contexto cuasi colonial

11 de mayo de 2026

Anda la presidente de México, Claudia Sheinbaum, dando de nuevo la matraca con Hernán Cortés y con lo ocurrido durante lo que denomina «la Colonia», en referencia a la época virreinal. A la, mal que le pese, Nueva España sobre la que se construyó un México al que le pegó un enorme bocado el vecino del Norte, del cual nunca se acuerda doña Claudia. El sainete, iniciado hace una década por AMLO, continuará.

A este lado del charco —¿acaso no se le llama «charco» por unir dos orillas hispanas?— no han faltado las habituales voces izquierdistas, las del «nada que celebrar», prestas a echar pestes sobre nuestro pasado. Las mismas voces que callan frente a los privilegios indigenistas, singularmente el vasquista, españoles. El caso, insisto, es que la cencerrada cortesiana no va a cesar.

Como todo el que quiere saber, sabe, España no tuvo colonias. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, desde la llegada al poder de Pedro Sánchez, el vocablo «colonización» ha experimentado un repunte. Los hechos nos conducen a la moción de censura en cuyo debate se escuchó la voz de Ábalos: «Esta es una moción de censura para recuperar la dignidad de nuestra democracia». Aquel día, las muñecas socialistas se quebraron en aplausos para el hijo de Carbonerito, para quien fuera la sombra de Pedro Sánchez.

Desde ese momento comenzó lo que se ha dado en llamar «colonización del Estado». Sánchez controla, entre otros, el CNI, el CIS, la Agencia EFE, la SEPI, el Banco de España, la CNMC, el INE y gran parte de Correos, Renfe, AENA, Indra, Red Eléctrica… Convertida en un descarado aparato propagandista del Gobierno, TVE administra cortinas de humo y cabestrillos. 

Esta semana, las pantallas, cicateras en su oferta del juicio de las mascarillas, nos han ofrecido una perla: el alegato del jefe de la Fiscalía Anticorrupción, Alejandro Luzón. En su intervención, el togado habló de la existencia de «un contexto cuasi colonial en el que la mera sugerencia del ministro se convierte en orden ejecutiva». El enchufe de toda la vida basado en, seguimos en todo momento a Luzón, «una conciencia de dominio pleno sobre sociedades estatales». Curado de espanto ante la mezcla entre mancebía y odontología, el fiscal expresó la consecuencia de estas prácticas: la deslegitimación del Estado de Derecho. En su intervención fue incluso más gráfico. Actividades como las protagonizadas por la banda del Peugeot «están carcomiendo el sistema democrático».

«El contexto», sin embargo, debe mantenerse, pues la red cuasi colonial depende en gran medida de la permanencia de Sánchez en el poder. Por ello, es preciso abrir un cortafuegos. Aldama no debe seguir cantando. O, al menos, su canto no debe tener recompensa. Ello explica las presiones que sufre Luzón para evitar que ofrezca atenuantes al empresario a cambio de informaciones que pudieran ascender en la escala de acusaciones.

El contexto propagandista que rodea al «contexto cuasi colonial» ya ha comenzado a actuar. Se trata de aislar a Luzón. De buscarle las cosquillas ideológicas o sacarle algún trapo sucio, tanto como el que predicara Conde Pumpido para las togas. No ha de olvidarse que cuando las sentencias atacan al «contexto», no faltan voces para denunciar que existen juristas fachas.

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