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Madrileña, licenciada en Derecho por la UCM. Colabora en Ataraxia Magazine, El Toro TV y en la Fundación Denaes. Española por la gracia de Dios.
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Madrileña, licenciada en Derecho por la UCM. Colabora en Ataraxia Magazine, El Toro TV y en la Fundación Denaes. Española por la gracia de Dios.

Un té entre gente de color

Estoy desolada. La ultraderecha, ese espacio político que abarca todo lo que no sea la izquierda, no tiene límites ni los conoce. Serigne Mbayé, que no es Mbappé el del fútbol, vive sin vivir en él porque cada vez que alguien habla sufre un ataque racista. 

Desde que entró en la Asamblea de Madrid como diputado por el grupo Unidas Podemos, este hombre es agredido de tal manera que no creo que le compense el sueldo que cobra y por el cual se ve obligado incluso a tributar. El primer día ya tuvo que soportar las hirientes palabras de Monasterio, que no tiene piedad ni la conoce, sobre el color de su piel que le reprochó su entrada ilegal en España este país y el hecho de que se lucrara de forma ilegal a la puerta de los comercios. Vergonzoso, lamentable, bochornoso ataque racista, xenófobo, machista, homófobo, LGTBmófobo, (perdón) por parte de la representante de Vox -partido infameeeeeeeeeeeeeee- en la Asamblea. 

El mantero diputado y exento fiscal -hombre, pero sensible- salió ofendido, dolido y nos leyó la cartilla a todos los españoles ciudadanos

Pretendía Rocío que nuestro Serigne pagara los mismos impuestos que los dueños -blancos o no- de las tiendas en cuya puerta vendía imitaciones de sus productos. Jamás se ha visto tamaña falta de sensibilidad. Terminó la tensa sesión de la Asamblea con su presidente -Eugenia Carballedo, del PP- pidiendo a la portavoz de Vox -partido atrozzzzzzzzzzzzzzz- que retirara sus crueles palabras racistas. En defensa de Rocío, y no me lo tengan ustedes en cuenta, he de decir que ella estuvo dispuesta en todo momento a retirar cualquier palabra racista, xenófoba, machista, homófoba, LGTBmófoba, (perdón otra vez) que hubiera salido de su boca siempre y cuando se le señalara con exactitud qué era lo que debía retirar. Desconozco la razón por la que no obtuvo respuesta porque el tema estaba clarísimo. Ese fue el primer sofocón de nuestro diputado unidapodemito. No obstante, salió del hemiciclillo con una sonora y emocionada ovación y vuelta al ruedo por parte de sus conmilitones por ser negro, de color, una persona racializada, por entrar de forma ilegal en España este país o por no pagar impuestos. No sé el motivo concreto,  pero me hubiera unido con gusto a tan merecido aplauso.

Pues bien, el pasado viernes, Mbayé tuvo otro disgusto gordo enorme. Esta vez, la agresora fue una diputada del Partido Popular. Por mucho que quieran los populares y se apliquen para ser políticamente correctos -y se aplican-, al fin y al cabo, no pueden dejar de ser racistas, xenófobos, machistas, homófobos, LGTBmófobos y se les nota el pelo de la dehesa.

Fue en la comisión de Cultura donde la popular Isabel Redondo -mujer, pero no ser de luz- pronunció la expresión ‘merienda de negros’. ¡Qué necesidad de hacer daño! El mantero diputado y exento fiscal -hombre, pero sensible- salió ofendido, dolido y nos leyó la cartilla a todos los españoles ciudadanos. Debemos erradicar esta expresión de nuestro lenguaje, dentro y fuera de las instituciones. Es algo que no se puede tolerar, ni en las calles ni en la Asamblea. Hasta qué punto no llegó su santa indignación que su grupo va a pedir la dimisión de la diputada popular. No es para menos. 

Propongo pues, en aras de no herir sensibilidades de forma innecesaria, que cuando queramos referirnos a una situación de confusión, lío o excesivo ruido, sustituyamos la desafortunada expresión ‘merienda de negros’ por un lenguaje menos hiriente y más afectivo. Qué nos cuesta decir “eso fue un té entre gente de color». ¿Ven qué sencillísimo es no hacer daño?

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