«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

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UPyD crece a costa de otros partidos

4 de noviembre de 2013

La gran esperanza del partido de Rosa Díez consiste en llegar a romper el bipartidismo del PP y del PSOE. No lo tiene fácil, basta con recordar el destino de otros que lo intentaron, como el CDS de Adolfo Suárez o el Partido Reformista de Miguel Roca. En realidad, cualquier partido puede llegar a sacar tantos votos como cualquier otro, con la única condición de ocupar el mismo espacio en el espectro de las opiniones de los ciudadanos, y eso es lo que no resulta fácil. 

En el caso de UPyD la paradoja principal está en que intenta crecer a base de votos que pierde el PP, votos que proceden del desencanto con sus políticas, a base de ideas y de dirigentes que están más cercanos a la izquierda que a quien ha venido siendo, desde 1982, el gran partido del centro derecha. Ahí hay un límite objetivo al crecimiento de UPyD más claro que el que existe a su izquierda, como lo muestra el que la mayoría de analistas coincidan en estimar que la procedencia del voto de UPyD es el doble de intensa desde su izquierda que desde su derecha.

UPyD pretende ganar el voto conservador pescando en el desencanto de los votantes del PP con la política territorial de Rajoy, con sus concesiones, aparentes o reales, tanto da, a los nacionalistas y a quienes pretenden superar completamente las previsiones de la Constitución por ese costado, pero, al tiempo, ofrece en su programa soluciones de un tinte inequívocamente socialista, tanto en cuestiones de carácter económico o fiscal, como en cuestiones de carácter cultural y moral. Ello obliga a sus dirigentes a poner en pie discursos parciales, muy atentos al auditorio, y acaba dejando la impresión de que UPyD vive de los defectos ajenos, sin duda muy abundantes, antes que de los aciertos propios. 

No es posible, por tanto, determinar hasta dónde llegará la simpatía política hacia un partido que puede dejar a cualquiera tan satisfecho como disgustado, dependiendo de qué parte de su programa se esté examinando. En las encuestas, lo tienen fácil, pero a la hora de votar ya cuentan otras cosas y las decisiones del elector nunca se reducen a la simpatía, entran en juego otros factores. Esto explica muy bien, además, la muy desigual implantación de UPyD, un partido, por ejemplo, muy madrileño, pero con escasísimo arraigo en Cataluña donde su mensaje podría haber calado con fuerza entre los desencantados del nacionalismo del PSC y de la tibieza del PP, pero no ha sido así. Estamos, pues, ante una incógnita, pero su resolución va depender de que PP y PSOE, PSOE y PP sean capaces de armonizar lo que prometen y lo que luego hacen. Si lo hicieren, el porvenir de doña Rosa Díez y sus conmilitones estaría realmente mucho más oscuro de lo que ellos imaginan, pero tampoco cabe subestimar la contumacia de los grandes partidos, su capacidad de desprecio a las nuevas fuerzas tal vez pueda acabar costándoles muy cara. 

 

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