«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La Gaceta de la Iberosfera
Buscar
Cerrar este cuadro de búsqueda.
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

En vísperas de la concentración de Barcelona

10 de octubre de 2013

    Si la concentración por una Cataluña española prevista para el sábado próximo en Barcelona alcanza dimensiones significativas, hay que decir que habrá sido un éxito rotundo, muy superior a lo que puedan mostrar las fotografías y, desde luego, al relieve que los medios de comunicación catalanes le otorguen. Desde la cadena humana separatista del mes pasado hasta hoy mismo hemos tenido la oportunidad de comprobar a simple vista la doble vara de medir del nacionalismo, desde el Gobierno autonómico y las instituciones oficiales hasta periódicos, radios y televisiones, pasando por todo tipo de organizaciones de todo tipo subvencionadas, cuando no financiadas por completo con dinero público. En las condiciones actuales, organizar una concentración como la del día del Pilar en la barcelonesa plaza de Cataluña se acerca más al heroísmo que a un acto cívico al uso.

    La mentalidad totalitaria y radicalmente antidemocrática de los separatistas más enragés ya se está manifestando estos días previos con la preparación de intentos de reventar la concentración, y no andan muy lejos instituciones como el Gobierno o el Parlamento autonómicos cuando –que sepamos– han dado la callada por respuesta a la solicitud de entrevista que formularon hace días los organizadores de la concentración. Por otro lado, contagiados por ese miedo difuso, pero perceptible, a verse estigmatizados por los separatistas, ni el Partido Popular ni el Partido Socialista de Cataluña se han atrevido a sumarse a la convocatoria, y es muy posible que esperen secretamente que grupúsculos españolistas fascistoides provoquen incidentes o choques con otros grupúsculos separatistas no menos fascistoides, para así tener una coartada que justifique su desentendimiento de esta manifestación.

    La quietud del Gobierno y la última propuesta desconcertante de Alicia Sánchez-Camacho se intentan presentar en medios afines al PP como rasgos de una actitud de estadistas: hay que tener en cuenta, dicen, que cuando este espasmo finalice habrá que seguir dialogando con los nacionalistas, y no se pueden romper los puentes si se tiene una perspectiva larga y no inmediata. Pero este modo de pensar es un error grave. La visión de Estado debe empezar por saber distinguir entre las cuestiones de principio, en las que no cabe dialogar, y la gran cantidad de asuntos económicos, sociales, culturales, sobre los que es factible una negociación. Y no se acierta a ver que quienes gobiernan hoy con mayoría absoluta en España tengan muy claro dónde establecer visibles y definidas líneas rojas que nadie puede traspasar. Mientras tanto, cada ocurrencia separatista equivale a subir un peldaño en su ascensión a un punto de no retorno sin violencia.

.
Fondo newsletter