Co-Editor en Jefe del medio estadounidense El American. Periodista y columnista venezolano, con estudios de Historia de Venezuela. Es autor del libro 'Días de sumisión'.
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Co-Editor en Jefe del medio estadounidense El American. Periodista y columnista venezolano, con estudios de Historia de Venezuela. Es autor del libro 'Días de sumisión'.

Vivanco, amigo de los que matan

José Miguel Vivanco no sirve para el cargo que tiene. No se pueden defender los derechos humanos si antes no se defiende la justicia. De lo primero habla mucho —porque no pasa de ser un estéril burócrata sin incidencia ni peso—; y de lo segundo, pues no tiene ni idea. Porque sí, se ha pronunciado por los derechos humanos. De víctimas y de victimarios por igual.

Y ese suele ser el problema de algunas organizaciones como Human Rights Watch. No saben o no tienen la voluntad de distinguir entre el asesino y al que mató; entre el ladrón y al que robó. Para ellos, esos que son como Vivanco, todos son iguales. Someten a todos a una peligrosa equivalencia moral, que avergonzaría a Kofi Annan.

El 23 de febrero de 2019 estuve en Cúcuta. También estuvo Vivanco. Yo vi cómo la tiranía chavista cruzaba la línea roja de incendiar camiones cargados con ayuda humanitaria. Jamás nos imaginamos ese nivel de crueldad. Medicina, comida y equipos médicos reducidos a cenizas. Qué cándidos fuimos. Pero lo vimos. Fuimos testigos. Fui testigo. José Miguel Vivanco también.

Un burócrata diciéndonos que por trabas burocráticas hay que dejar entonces que Maduro mate y queme a su país

Sin embargo, luego de que todos presenciáramos el crimen, el director para las Américas de Human Rights Watch lanzó una advertencia, no para el chavismo, sino para quienes nos oponemos al régimen: que ni se nos ocurriera considerar, siquiera discutir, utilizar la fuerza para sacar a Maduro de Miraflores. Nada de disparos, aviones o amenazas. Cuidado con utilizar otra cosa que no sea sino la insoportable e inoperante diplomacia, que no llega a nada y con ello él anda feliz.

Nada. Eso le satisface. En concreto, Vivanco dijo el 24 de enero de 2019: «El derecho internacional no permite el uso de la fuerza en este caso. En particular, no se cumplen los requisitos jurídicos de la ‘responsabilidad de proteger’». Un burócrata diciéndonos que por trabas burocráticas hay que dejar entonces que Maduro mate y queme a su país. Pero eso no fue lo peor. Ya antes se había lanzado un comentario bastante infeliz, dirigido contra el secretario Almagro, quien ha sido el mayor aliado que hemos encontrado los venezolanos fuera de nuestras fronteras.

«Ojo: el derecho internacional solo permite el uso de la fuerza en casos similares a un genocidio, lo cual no ocurre ahora en Venezuela», dijo en septiembre de 2018. Es decir, Vivanco quiere que maten venezolanos. Que maten a muchos. A niños, abuelas, hombres y mujeres. Que mueran y que los sepulten en fosas comunes. Que huyan, como ya lo hacen, hacia Colombia, arrastrando los pies por los Andes, dejando el pellejo por las montañas. Solo así, con más muerte de las que hay hoy, que se traducen en miles por hambre y hampa, solo así, entonces, quizá, se podría pensar en detener la tragedia. 

Al final, el pensamiento de Vivanco fue lo que permitió la masacre de Ruanda y el genocidio de Bosnia. Su pensamiento, esa forma inmoral de concebir el mundo, es lo que permite el triunfo de los que matan en masa. Burócratas de café, cómodos detrás de su escritorio, con pantufla y aire acondicionado, firma su último informe en el que dice que como no hay tantos muertos aún hay que esperar a que siga corriendo sangre en Caracas.

¿Dónde preferiría vivir Vivanco? ¿En Colombia o en Venezuela? Probablemente elegiría Colombia, donde hoy aún impera el Estado de derecho […] gracias a que hace unos años Álvaro Uribe decidió combatir con garra y fuego

Ahora, me disculpo por lo anterior porque no va al caso. De cualquier forma, el esfuerzo fue para ilustrar lo que pienso del de Human Rights Watch. La verdad es que lo que motiva esta columna fue su última canallada. Hace par de días, a propósito de la visita de Leopoldo López a Álvaro Uribe, Vivanco escribió: «Grave error de Leopoldo. En relación al Estado de derecho y la vigencia de los derechos humanos, Uribe es el equivalente en Colombia a Chávez».

Uribe-es-el-equivalente-en-Colombia-a-Chávez. Uribe-es-Chávez. Claramente Vivanco no se escucha (o no se lee). Si lo hiciera no hablaría ni escribiría. 

Ese es el gran problema de José Miguel Vivanco. No se pueden defender los derechos humanos sin antes defender la justicia. Él compara a Uribe, quien rescató al Estado Colombiano, con el tirano Chávez, cuyo proyecto político, de más de veinte años, dictatorial y hambreador, sumió a Venezuela en una tragedia sin precedentes. 

¿Dónde preferiría vivir Vivanco? ¿En la Colombia que dejó Uribe o en la Venezuela de Chávez? Probablemente elegiría Colombia, donde hoy aún impera el Estado de derecho y se puede recorrer pueblo por pueblo a carro, por carretera, gracias a que hace unos años Álvaro Uribe decidió combatir con garra y fuego a los enemigos cuyos derechos humanos hoy encuentran un defensor en alguna cómoda oficina de Washington. 

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