'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Carlos Esteban, 58 años, quince años en el diario líder de información económica EXPANSIÓN, entonces del Grupo Recoletos, los tres últimos años como responsable de Servicios Interactivos en la página web del medio. Luego en Intereconomía, donde fundé el semanario católico ALBA, escribí opinión en ÉPOCA, donde cubrí también la sección de Internacional, de la que fui responsable cuando nació (como diario generalista) La Gaceta. Desde hace unos años me desempeño como freelance, colaborando para distintos medios.

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Carlos Esteban, 58 años, quince años en el diario líder de información económica EXPANSIÓN, entonces del Grupo Recoletos, los tres últimos años como responsable de Servicios Interactivos en la página web del medio. Luego en Intereconomía, donde fundé el semanario católico ALBA, escribí opinión en ÉPOCA, donde cubrí también la sección de Internacional, de la que fui responsable cuando nació (como diario generalista) La Gaceta. Desde hace unos años me desempeño como freelance, colaborando para distintos medios.

Volved a casa, camioneros

21 de febrero de 2022

Hasta ayer, como quien dice, me he mantenido acérrimo partidario del ‘hold the line’ con los camioneros canadienses. Me parecía la protesta perfecta frente al totalitarismo larvado que en Canadá enseña bastante más que la patita y que en todo Occidente el pueblo parece aceptar con mansedumbre de buey.

Lo tiene todo: espontaneidad, clase obrera, protesta multitudinaria y totalmente pacífica. No ha habido nada así desde hace mucho, mucho tiempo. Solo tienen que aguantar, me decía hasta ayer, contra un narcisista patológico que, al final, gobierna en minoría y en este momento tiene un apoyo popular del 16%. Para acabar de hacerlo fácil, solo se pide el levantamiento de unas restricciones que ya se están levantando espontáneamente un poco por todas partes y que la situación sanitaria no justifica ni de lejos. En una democracia normal, eso es un jaque mate de libro.

Pero hace tiempo que nuestras democracias no son normales. Como poco, dos años. Y lo que está surgiendo detrás de todo el ‘atrezzo’ de derechos, constituciones y urnas es la ‘ultima ratio’ del poder político, que es la mera fuerza. Veamos: el primer ministro en minoría Justin Trudeau asume poderes absolutos y suspende los derechos constitucionales ante una protesta pacífica con unas demandas perfectamente razonables y fáciles de conceder; la policía se emplea contra los manifestantes con una brutalidad inusitada, y su responsable anuncia que, aunque se rindan ahora, se les perseguirá en el futuro; el Gobierno da permiso a los bancos para congelar o suspender cuentas por motivos ideológicos sin miedo a demandas legales, y amenaza directamente a los disidentes con cárcel, pérdida de empleo y ruina económica.

Es como quedar con una mujer guapa y que a mitad de la cita se le corra el maquillaje y debajo haya una calavera. Es la fuerza bruta, abrumadora, del poder, y los camioneros no tienen absolutamente nada que hacer. Los medios de comunicación convencionales están todos en manos del pensamiento ‘woke’ y una mayoría sólida, quizá dos tercios, de los canadienses están contra la protesta. La estrategia depende del terreno y la situación, y lo que funciona en el París del 68 es un desastre inútil en Tiananmen en 1989.

Una ciudad no sobrevive sin camiones entrando constantemente en ellas para traerles todo lo que necesitan, desde combustible a alimentos

Así que rectifico y aconsejo a los participantes del «Convoy de la Libertad» que capitulen, que cedan y se vayan a casa. Y se queden en casa, en huelga indefinida. Esa es la única guerra inteligente. Nada de calle, nada de multitudes que el Gobierno o los medios puedan presentar como amenazantes, molestas, ominosas con sus banderas y fáciles de infiltrar por agentes provocadores. Nada de bocinas sonando que se puedan denunciar, nada de bloqueos que se puedan construir como delitos, nada de aglomeraciones contra las que pueda cargar la policía. Solo quedarse en casa.

Piénsenlo: nada de fotos de masas que se puedan presentar como peligros fascistas, ninguna excusa para que actúe brutalmente la policía, ningún pretexto para congelar cuentas. Los ‘woke’ están deseando que les den alguna razón para justificar una represión total. Pero no se puede reprimir a millares de tipos, cada uno en su casa, que no va a trabajar. Incluso, en un toque irónico, podrían declararse enfermos de covid, no es difícil.

No podrían construir el relato, y el país quedaría paralizado. Una ciudad no sobrevive sin camiones entrando constantemente en ellas para traerles todo lo que necesitan, desde combustible a alimentos, pasando por todo lo demás.

Por otra parte, ya no tienen mucho que perder. Están marcados, como dijo el jefe de policía interino de Ottawa, y el país está bajo la ley marcial. Su lucha es nuestra lucha, y por eso no ha habido protesta alguna por parte de las demás ‘democracias’, porque todas aspiran a acabar haciendo lo mismo. En el peor de los casos, abrirían los ojos a los últimos dormidos empleando una brutalidad sin precedentes contra los huelguistas y, al menos, podríamos seguir adelante sin confusiones ni eufemismos.

Vuelve a casa, camionero. Y quédate allí.

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