Un ciudadano egipcio convertido al cristianismo, Saeid Mansour Abdulraziq, ha sido acusado formalmente por las autoridades de su país de pertenecer a una organización terrorista, incitación al odio y difusión de noticias falsas. La historia de Abdulraziq comienza en 2016, cuando decidió abandonar el islam y unirse a la Iglesia Ortodoxa Rusa.
En Egipto, su conversión provocó el rechazo de su familia, el aislamiento social y el acoso sistemático por parte de las fuerzas de seguridad. Su pecado fue hablar públicamente de su fe, algo que en Egipto, aunque no formalmente ilegal, conlleva serias consecuencias si implica abandonar el islam. En busca de refugio, emigró a Rusia, donde pidió asilo político.
Sin embargo, su testimonio crítico hacia el islam le granjeó la enemistad de ciertas comunidades musulmanas en ese país. Fue detenido en 2019 por presuntamente «ofender los sentimientos religiosos», una figura penal recogida en el artículo 148 del Código Penal ruso, y pasó un año en prisión. Tras ser rechazado su pedido de asilo, fue deportado en 2024 de vuelta a Egipto.
Pese a la advertencia explícita de las autoridades egipcias de no hablar públicamente ni del islam ni del cristianismo, Abdulraziq se mantuvo en silencio. No obstante, su intento por legalizar su situación religiosa fue suficiente para que la maquinaria represiva volviera a activarse. Ahora se enfrenta a cargos típicamente utilizados contra disidentes políticos, periodistas incómodos y miembros de minorías religiosas: terrorismo, incitación a la sedición y difusión de información considerada perjudicial para la seguridad del Estado.