El obispo católico de Makurdi, Wilfred Chikpa Anagbe, ha lanzado una de las denuncias más contundentes realizadas hasta ahora sobre la persecución de los cristianos en Nigeria. El prelado sostiene que su país está sufriendo «un genocidio a manos de los yihadistas» y acusa directamente a dirigentes y medios occidentales de recurrir a la «corrección política» para evitar identificar el carácter religioso de una violencia que lleva años golpeando especialmente a las comunidades cristianas del centro y norte del país.
«La palabra más precisa para describir la situación real en Nigeria es genocidio. La eliminación total de la población cristiana está en marcha. Un genocidio a manos de los yihadistas que también es una guerra religiosa contra nosotros», afirmó Anagbe en una entrevista concedida al periodista Nico Spuntoni para el diario italiano Il Tempo.
El obispo dirige la diócesis de Makurdi, capital del estado de Benue, una de las regiones más afectadas por las masacres y desplazamientos de población. Según explica, la violencia no consiste únicamente en ataques aislados protagonizados por grupos armados, sino que formaría parte de una estrategia prolongada para vaciar determinadas zonas de población cristiana y sustituir posteriormente su presencia social y territorial.
«Una estrategia calculada de islamización»
Anagbe sostiene que desde hace años se desarrolla en distintas zonas del país «una estrategia calculada de islamización», en la que la violencia es sólo una de las herramientas utilizadas.
«En el estado de Benue, donde está mi diócesis, el 98% de la población es cristiana y se ha convertido en uno de los lugares más peligrosos», afirma. Según su testimonio, los atacantes destruyen iglesias, asesinan a habitantes indefensos, expulsan a comunidades enteras y queman sus tierras, para regresar posteriormente y ocupar los territorios abandonados.
El obispo atribuye parte de esa violencia a combatientes musulmanes extranjeros y sostiene que el proceso de ocupación va acompañado de otras formas de presión cultural. Entre ellas menciona el cambio de los nombres tradicionales de algunas aldeas por denominaciones árabes y la creciente presencia del radicalismo islámico en determinadas instituciones públicas.
Como ejemplo, señala que doce estados nigerianos llegaron a mantener escuelas cerradas durante semanas con motivo del Ramadán pese a que su población no es exclusivamente musulmana. «Si en Arabia Saudí y Afganistán no están cerradas, ¿por qué sí lo están en Nigeria?», se pregunta.
La «corrección política» de Occidente
Una de las principales críticas del obispo se dirige contra quienes atribuyen la violencia nigeriana fundamentalmente a disputas por recursos naturales, rivalidades étnicas o incluso los efectos del cambio climático.
Anagbe no niega necesariamente la existencia de otros factores, pero considera que utilizarlos para evitar mencionar el componente islamista de numerosos ataques significa ignorar deliberadamente la realidad que sufren las comunidades cristianas. «Niegan la realidad. Incluso hubo quienes afirmaron que lo que ocurre en nuestras tierras es atribuible al cambio climático», denuncia.
Para el prelado, «los poderosos se refugian en la corrección política para evitar ir directo al grano», una actitud que califica de paralizante. «Todos saben lo que nos están haciendo y debemos definirlo por lo que es. Si esto no es una guerra religiosa, díganme, ¿qué es?», añade.
La denuncia coincide con advertencias realizadas durante años por organizaciones cristianas sobre el deterioro de la seguridad en Nigeria, donde operan organizaciones yihadistas como Boko Haram y la Provincia de África Occidental del Estado Islámico, además de otros grupos armados responsables de ataques contra aldeas y comunidades religiosas.
Miles de cristianos asesinados y miles de iglesias destruidas
La gravedad de la situación ha llegado también al Parlamento Europeo. En una resolución aprobada en febrero de 2024, la Eurocámara condenó los ataques contra las comunidades cristianas y recogió estimaciones según las cuales 52.000 cristianos habían sido asesinados en Nigeria desde 2009, mientras unas 18.000 iglesias y 2.200 escuelas cristianas habían sido destruidas.
La resolución europea denunció la violencia, aunque evitó utilizar la expresión «genocidio» para definir el conjunto de los acontecimientos.
Anagbe considera que esa prudencia terminológica contribuye precisamente a ocultar la verdadera dimensión del fenómeno y reclama a la comunidad internacional una reacción mucho más contundente para garantizar la seguridad de las poblaciones afectadas.
Bebés quemados vivos en una de las últimas masacres
El obispo recuerda especialmente la matanza ocurrida en Yelewata, donde alrededor de 200 cristianos fueron asesinados en uno de los ataques más graves sufridos recientemente por el estado de Benue. Su relato de lo ocurrido muestra una violencia extrema.
«Prendieron fuego a una habitación, quemando vivos a todos, incluidos dos bebés de tres y cinco meses», explica. Según el prelado, una mujer que se había refugiado sobre un tejado tuvo que contemplar cómo asesinaban a sus cinco hijos y posteriormente se arrojó al vacío.
Anagbe asegura que lo ocurrido en Yelewata es únicamente «la punta del iceberg» de una violencia que afecta diariamente a aldeas cristianas. También afirma que existen testimonios sobre mujeres embarazadas asesinadas y mutiladas durante ataques contra las comunidades.
Las acusaciones describen atrocidades cuya verificación individual resulta especialmente compleja en zonas rurales castigadas por la inseguridad y con una débil presencia estatal, pero reflejan el nivel de terror denunciado desde hace años por las autoridades eclesiásticas locales.