Se estudian medidas adicionales
El Vaticano instala cristales de seguridad en el Altar de la Confesión de la Basílica de San Pedro para evitar las profanaciones del pasado año
El Vaticano instala cristales de seguridad en el Altar de la Confesión de la Basílica de San Pedro para evitar las profanaciones del pasado año
El Papa León XIV.
Por LGI
16 de marzo de 2026

El Vaticano ha instalado cristales bajos de protección alrededor del Altar de la Confesión, situado bajo el Baldaquino de Bernini en la Basílica de San Pedro, con el objetivo de reforzar la seguridad del espacio más simbólico del templo tras varios actos de profanación registrados en el último año.

Según publica El Debate, la nueva medida establece una barrera discreta en el corazón de la basílica, un lugar que hasta ahora podía alcanzarse con relativa facilidad tras franquear un simple cordón, aunque contaba con vigilancia permanente. El refuerzo pretende evitar nuevos incidentes sin alterar en exceso la circulación de los fieles y peregrinos.

La decisión llega después de varios episodios que han generado inquietud en la seguridad del templo más visitado del mundo católico. En febrero del año pasado, un hombre subió al altar y arrojó al suelo seis candelabros de 1865, valorados en unos 30.000 euros, que resultaron dañados tras el impacto.

Meses después, el 10 de octubre, se produjo otro incidente aún más polémico cuando un individuo orinó sobre el lugar sagrado tras saltar los controles de seguridad, ante la mirada de turistas y peregrinos. El episodio obligó a realizar un rito penitencial de reparación para purificar el altar.

El arcipreste de la basílica, el cardenal Mauro Gambetti, trató recientemente de rebajar la alarma pública durante la presentación de los actos por el cuarto centenario de la dedicación del templo. El purpurado defendió que los incidentes están «muy circunscritos» si se comparan con los más de 20 millones de peregrinos que han visitado San Pedro en el último año.

Aun así, el responsable del templo admitió que el Vaticano estudia medidas de protección adicionales, aunque advirtió del riesgo de convertir el santuario en un espacio excesivamente vigilado. «La basílica debe conservar un sabor de libertad», señaló, rechazando la posible «militarización» del recinto.

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