La República Democrática del Congo está sufriendo una auténtica cacería de cristianos, en medio de una ola de violencia que asola al país y que impide el desarrollo y la vida cotidiana de millones de ciudadanos. En lo que va de año, más de un centenar de cristianos han sido asesinados brutalmente por grupos islamistas radicales vinculados al Estado Islámico, según las cifras oficiales recogidas por El Debate.
El primer gran ataque se registró el 17 de enero, cuando la milicia islamista ADF (Fuerzas Democráticas Aliadas), filial local del Daesh, asesinó a machetazos a más de 30 civiles cristianos en la región de Kivu del Norte. Desaparecieron también decenas de personas, cuya cifra exacta sigue sin conocerse.
El horror continuó el 19 de febrero, cuando 70 cristianos fueron decapitados en la localidad de Mayba. Los terroristas de las ADF entraron en las casas pidiendo silencio, capturaron a sus víctimas y las llevaron a una iglesia protestante para asesinarlas salvajemente. La violencia se empleó como arma para atemorizar a los creyentes y obligarlos a ocultar su fe.
El último ataque documentado tuvo lugar el pasado 27 de julio. Más de 40 fieles que rezaban en una iglesia católica de Komanda fueron asesinados. Además del baño de sangre, los atacantes quemaron viviendas y tiendas, dejando la zona devastada. Fuentes de seguridad elevan el número de víctimas a 43.
El portavoz del Ejército en la provincia de Ituri, el teniente Jules Ngongo, ha confirmado que los terroristas usaron machetes y armas de fuego contra la población indefensa. La emisora de radio respaldada por la ONU ha constatado la magnitud del crimen.
Una persecución silenciada
Las ADF operan en la frontera entre Congo y Uganda, y en los últimos años han multiplicado sus ataques contra los cristianos. En 2023, 355 personas fueron asesinadas por su fe, frente a las 261 del año anterior. Se estima que este año ya hay más de 100 asesinatos contabilizados en apenas siete meses.
La violencia ha forzado a más de 10.000 personas a abandonar sus hogares, se han saqueado aldeas cristianas, cerrado iglesias, quemado casas y desplazado comunidades enteras. La persecución sistemática de cristianos avanza ante la pasividad internacional y el silencio cómplice de los grandes medios, más interesados en otras causas ideológicas que en denunciar la masacre de cristianos en África.
En medio del abandono generalizado, los fieles del Congo siguen pagando con su vida el precio de mantenerse firmes en su fe. La persecución continúa. El exterminio se acelera. Y el mundo calla.