'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Crítica: ‘Las dos caras de enero’, nostálgica tragedia griega (⋆⋆⋆)

Como el dios romano Jano, ‘Las dos caras de enero‘ es un filme de dualidades, de comienzos y los finales, de luces y sombras. A través de un suspense sin sobresaltos, el director Hossein Amini nos conduce con efectividad a través de una tragedia griega en la que las desventuras guían hacia un final incierto a unos personajes que nunca son lo que parecen. Aunque con ciertos altibajos, el director juega con el simbolismo y la mitología para ofrecernos con éxito un thriller calmado que aumenta en intensidad a medida que los personajes se echan a perder.

En una nostálgica vuelta a los años 60, ‘Las dos caras de enero’ arranca con el paseo por el Partenón del matrimonio formado por Chester (Viggo Mortensen), un multimillonario americano que se hizo de oro en el negocio del petróleo, y Colette (Kristen Dust), una mujer atractiva que vive rodeada de lujos y viajes por Europa. Mientras se toman fotografías en el monumento griego se cruzan con Rydal (Oscar Isaac), un guía turístico americano que aprovecha la ignorancia de los viajeros para cobrar comisiones desde el engaño pero que guarda una dramática historia personal tras la pérdida de su padre. Cuando los fantasmas del dinero ilícito comienzan a perseguir a Chester, los destinos de los tres personajes quedan unidos para siempre en una huída sin sobresaltos desde Atenas hasta la Creta del laberinto y el minotauro mientras aflora la cara oculta de cada uno de ellos.

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El viaje a través de los paisajes de Grecia luce de forma brillante en ‘Las dos caras de enero’ y se convierte en el punto fuerte de la película a través de una fotografía y planos indudablemente cuidados. Los colores cálidos que luce el filme, así como el vestuario y una magnífica -y clásica- banda sonora de Alberto Iglesias, llevan de vuelta a la década de los 60 sin caer en la opulencia ni en el preciosismo. 

Pero lo más interesante de ‘Las Dos Caras de Enero’ se encuentra en la forma en que el espectador no es capaz de inclinar sus preferencias hacia cualquiera de los personajes porque todos ellos son juguetes rotos que comienzan luchando y se deterioran, tomando consciencia del laberinto en el que se han perdido. Y cuando el mundo de Chester explosiona también se lleva consigo lo poco que queda a su alrededor, destruído después del engaño, aunque, a pesar de todo, sea imposible culpabilizarle del todo. Aunque se produzca una cierta desconexión con el espectador, las interpretaciones -entre las que sobresale la inquietante actuación de Oscar Isaac- consiguen hacer de ‘Las dos caras de enero’ un thriller entretenido y triste de principio a fin. 

Puntuación: ⋆⋆⋆1/2 

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