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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

El verdadero patriotismo

Las imágenes de corruptos, ligados al Partido Popular, que lucen pulseras rojigualdas en sus muñecas sirve a Podemos para ensuciar la palabra Patria y todo lo que ello significa.

En los últimos tiempos se ha convertido en algo tan habitual como lamentable. Figuras políticas y empresarios, relacionadas con el Partido Popular y Mariano Rajoy, pasean la bandera de España por los juzgados de nuestro país. Una imagen sintomática de la situación del partido del número 13 de la calle Génova, que ha renunciado a los valores que vertebran la formación desde su concepción, y que utiliza Podemos para atacar a la Patria y los símbolos nacionales.

La exhibición de Ricardo Costa ante la Audiencia Nacional admitiendo sin ambages la financiación ilegal del PP sirvió a Irene Montero para señalar la pulsera que lucía en su muñeca izquierda el popular: «A quien roba, aunque se envuelva en la bandera de España, se le llama ladrón».

El problema es que a Podemos no le preocupa el patriotismo, un sentimiento noble que no debería mancharse con la corrupción, o la prostitución del término. La formación aprovecha la ocasión para valerse de los lamentables delitos que se les imputan y atacar a los símbolos nacionales. ¿Qué esperar de un partido cuyo líder no tiene reparos en admitir su fobia por pronunciar la palabra España?

Oyendo hablar a un hombre, fácil es acertar dónde vio la luz del sol:

si alaba a Inglaterra, será inglés;

si os habla mal de Prusia, es un francés;

y si habla mal de España, es español.

El catalán Joaquín Bartrina escribó estas palabras en el siglo XIX que bien se podrían aplicar a la política actual. El proceso separatista ha hundido las expectativas electorales en Cataluña y una renovada corriente de patriotismo recorre el país. Los españoles no podemos permitir que los delincuentes se apropien de los símbolos de nuestra histórica nación, pero tampoco debemos caer en el juego de trileros en el que Podemos trata de convertir la política.

«Acuérdate España que tú registe el Imperio de los mares», dice la lápida levantada en honor a Carlos III en Cádiz. Y es que, entre tanta oscuridad cotidiana, siempre existiría un halo de luz, nuestra historia misma que sirve de antorcha para alumbrar el sendero para recuperar los valores que un día hicieron grande esta tierra.

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