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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Falsos dogmas contra la seguridad social

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Un seguro médico privado se rige exactamente por el mismo sistema que el de la seguridad social estatal: Siempre unos van a pagar más de lo que reciben y otros van a recibir más de lo que pagan, de otra manera, sería la ruina para la empresa privada con ánimo de lucro. Así, pues, no hay proporción equivalente entre los servicios que se pagan y los que se reciben, dogma sacrosanto del liberalismo en su visión individualista de la justicia. Y sólo por eso, igual que por esta cuestión critican tantas otras cosas en tantas otras materias, deberían criticar el sistema privado de seguros. No obstante, los reproches se dirigen a la seguridad social (que raro…), añadiendo a su sistema la desafortunada etiqueta de «socialista», y ello fundamentándolo en cuatro motivos principales: 1. Es pública. 2. Es más cara que el seguro privado. 3. Encima está masificada. 4. No te dejan elegir, como sí en el seguro privado, la compañía que contratas. 

A la debilidad de los argumentos expuestos se contesta fácilmente de la siguiente manera: 1. ¿Y qué que sea pública? ¿De dónde se saca, aparte de las revelaciones de los dioses del liberalismo, el dogma de fe de que todo lo público es malo? Es absurdo. 2. Es más cara que el seguro privado, en efecto, pero no por ser seguridad social -esto no tiene rigor racional- sino porque, primero, en España está muy mal gestionada y no hay eficiencia en la estructura de costes, lo cual debería ser una tarea política primordial el meter mano en ella y ahorrar negociando con proveedores, revisando salarios, y penando duramente a los que roban, y, segundo, porque cubren muchas intervenciones médicas caras que los seguros privados eliminan de su carta de servicios por falta de interés económico. 3. Sí, está masificada, pero porque la población cada vez es mayor. Lo que no se dice es que cuanto más populares se van haciendo los seguros privados, más masificados también se están volviendo sus centros de atención sanitaria. Y si no, que se lo pregunten a los clientes cuando sufren el hecho de que las fechas de consulta se están dilatando en el tiempo cada vez más. 4. No te dejan elegir, claro que no, pero, ¿eso es malo? No todo lo que se elige es bueno ni todo lo malo es lo que no se elige. Baste el ejemplo: Uno elige matar a otro porque le cae mal. Eso es malo y es una elección. Uno nace en una familia que le quiere y le cuida. Eso es bueno y no es una elección. Además, es de tener en cuenta también que la posibilidad de escoger el hospital de la seguridad social donde a uno le atiendan es una capacidad de elección, a la vez que puede generar una saludable competencia entre los distintos centros para acoger el mayor número de clientes y así percibir como recompensa al trabajo bien hecho más parte del presupuesto público destinado a lo sanitario.

Dicho esto, no sólo se demuestran inconclusos los argumentos liberales en contra de la seguridad social, sino que además, sus fieles lo que ocultan deliberadamente, son los inconvenientes del sistema de seguros privados. Tres son fuertes: 1. Que se deje de atender a una persona necesitada a la que se le rescinde el contrato por no salir rentable a la compañía. 2. Que se deje de atender a una persona enferma porque no tiene renta o suficiente renta para poder hacerse cargo de un seguro privado. 3. En atenciones que requieren prontitud, como la de un accidente de motocicleta, el hecho de tener primero que consultar el seguro del herido -en el presunto caso de que se consiguiera hacer- para poder llamar a la ambulancia que le atienda, puede suponer un tiempo esencial en el que el afectado podría sufrir la muerte. Igualmente, si el afectado no tiene seguro, la única opción es dejarle tendido en el suelo a que se desangre, como de hecho a veces ocurre en ciertos países, o, en otro caso, llevarle a un hospital privado a que le desangren después con la factura emitida por la atención prestada.

Nótese, por último, el juicio de la Santa Iglesia Católica, Madre y Maestra en la moral, para el dictamen recto de las conciencias en esta materia: «Es injusto no pagar a los organismos de seguridad social las cotizaciones establecidas por las autoridades legítimas» (Catecismo de Juan Pablo II).

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