Pensábamos que la retórica de Ayuso con Madrid, la libertad, los acentos y estas zarandajas era algo insuperable, que el alipori no podía ser mayor, pero Andalucía se ha puesto seria.
Las gansadas a cuenta de Blas Infante y el andalucismo no tienen explicación. Se han buscado un Sabino Arana de la cursilería.
Pero ¿quién es Blas Infante? ¿padre de qué? ¿y por qué se tiene que cuadrar ante él el presidente autonómico como si fuera San Isidoro? ¿Ha parido a Andalucía? ¿La ha liberado o ganado en alguna batalla? Con Infante entronizaron otro emblema ‘antifascista’, y le ofrendan como a Macià en la Diada, igual que Manu Sánchez imita a los Buenafuentes.
Ahora Infante ya no es solo referente de andalucismo, también de «diversidad». Moreno Bonilla es otro Ayuso. Ponen la capacidad autonómica para el delirio identitario al servicio de una política personal. Bonilla es un Ayuso sin Losantos. Es tremendo.
Había que ver su cara cuando la firma del pacto. Gavira sonreía cordial, como se hace en las bodas y los acuerdos y Moreno Bonilla tenía la cara de velatorio, cara de que se la había muerto el perro. Qué mirada, qué ojos, qué caída de hombros… El Obligao, y venga con la inclusión, su palabra favorita, incluso, inclusive, incluyente, incluidos y la Andalucía de todos, «el sur es entendimiento y humanidad», y el aquí cabemos todos, y el sumar, la política que le gusta, pero pichita, le podrían decir, ¿acaso no estás sumando con Vox? Lo que haces es exactamente sumar los votos para ser presidente porque sin Vox, ¿tú de qué?
La cara de compungido que tiene que poner Bonilla por pactar con la «ultraderesha» es a estas horas la del batallón suaviter de la prensa, que llegaron incluso (¡Bonilla!) a disfrazarse de papistas y democristianos. Seguro que en el futuro renunciarán a la parte de sus emolumentos que salga del dinero institucional manchado por el populismo.
Ahora ha acabado el pomposamente llamado «ciclo autonómico». Se pensó para que Feijoo saliera lanzado a la absoluta pero tras Extremadura, Aragón, Castilla y «El Sur», de eso no queda nada y ahora están en el descubrimiento de la «política de bloques». Efectivamente. El mundo occidental se divide en dos bloques que atraviesan cada país y acabarán siendo la lucha de un partido nacional contra otro posnacional, pero aquí es solo sanchismo contra antisanchismo. O sea, hemos ganado algo de realidad, de realismo, de puesta al día, de instalación en el mundo, aunque escasa. De todos modos, es una obra titánica. Mover esto. Haber movido esto. Mover el bloque narrativo de los oligoelementos oligárquicos oligopólicos es como desplazar una pirámide tirando de unos ruedines…
El PP quería salir del ciclo autonómico como gran centro fortalecido entre «extremos», pero tendrán que conformarse con ser parte de un bloque, polarizados como todo hijo de vecino, si bien la parte «adulta» y mayor, la que tiene que domesticar al «socio radical».
Esta nueva situación la ha reformulado inmediatamente Aznar con su mezcla inhumana de cuajo y solemnidad mediante el concepto «mayoría nacional», en torno, señaló, a un «propósito reconstructor de dimensión histórica». Momento en el que las cámaras enfocan a Feijoo.